José Eustasio Rivera vivió una temporada entre Orocué y San Pedro de Arimena

“Fue con la familia Nieto que José Eustasio Rivera comió el primer almuerzo en Orocué, un 21 de enero de 1918. Eso sí José Eustasio llegó solo a Orocué. Tenía unos 26 años”.

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A raíz de la versión televisada de la novela La vorágine, en agosto de 1975 Cecilia Pardo de García reconocida periodista y directora de Candil entrevistó a doña Rosalía Orjuela de Nieto, de origen venezolano. La imagen es la portada del periódico con apartes de la entrevista (Documento del archivo personal de Óscar A. Pabón M.) 

De la edición del villavicense periódico Candil correspondiente al 23 de agosto de 1975 transcribo la siguiente histórica entrevista que la señora Cecilia Pardo de García, directora y periodista de ese medio de comunicación impreso, le hizo a doña Rosalía Orjuela de Nieto quien -según lo que contó- en Orocué desde enero de 1918 conoció al abogado José Eustasio Rivera, literato autor de la clásica novela de llano y la selva: La vorágine.  

Para la transcripción del referido trabajo periodístico tuve como soporte fotocopias de las páginas de dicha edición de Candil en las que apareció la entrevista. Por estar ilegible no pude establecer el nombre del sacerdote que la entrevistada cita al recordar inéditos hechos de Rivera en Orocué.   

A continuación comparto el transcrito texto de la entrevista que hace cuarenta y nueve años la periodista Cecilia a doña Rosalía le hizo en su residencia del barrio La Grama de Villavicencio. 

En la introducción del artículo del año 1975 se entiende que debido a su repentina muerte doña Cecilia no alcanzó a culminar el respectivo trabajo de redacción, por consiguiente se deduce que tal oficio al parecer lo hizo otra persona. Tiempo después del fallecimiento de la directora de Candil dicho periódico también se extinguió.

“José Eustasio Rivera y los cimientos de La vorágine

Tal como lo anunciamos en la edición anterior damos a la publicación el artículo que la fundadora de Candil realizaba en el momento en que se produjo la congestión cerebral que luego le ocasionara su muerte.

Debemos aclarar que la finalización de este artículo que se da a publicación son los puntos de referencia no alcanzados a desarrollar. Por tal motivo van en negrilla.

Al salir televisada la novela La vorágine, oímos discrepancias distintas que nos condujeron a buscar una fuente informativa muy autorizada que en principio estuvo razonablemente esquiva.

Doña Rosalía Orjuela de Nieto, dama llanera de hermosas virtudes y exquisitez social, que habiendo nacido en el pueblo de Caicara en Venezuela, en 1887, vive en los llanos de Colombia desde su infancia, en el pueblo de Orocué, que fue puerto internacional.

Ella habla con emoción en su armónica y golpeada voz que caracteriza su ancestro, de lo que fue el bello y romántico pueblo de Macuco, que constituyó el asiento de los Jesuitas y donde ellos desarrollaron su saber en el arte de la construcción de fuentes fluviales necesarias a la navegación, o a la supervivencia industrial, y la facilidad transportadora de la época.

La ingeniería jesuita era admirablemente recursiva y artística. Y los nativos sálivas fueron sus ayudantes preferidos. Macuco fue abandonado y acabado cuando un gobierno desterró la Comunidad Jesuita. Estaba ubicado  este poblado al otro lado de Orocué.

En Macuco las construcciones eran armoniosamente artísticas, los ladrillos hechos allí mismo por ellos, eran octogonales, y las maderas talladas muy bellamente. Tal vez ya no quedan ni las ruinas, relata con un toque de nostalgia la amable interlocutora, porque partes del templo en buen número fueron trasladadas a la iglesia de Orocué. 

Así es que allí se conservan reliquias históricas, y de las edificaciones cada quien quiso, llevó un poco para su servicio o para su recuerdo. 

Los sálivas recibieron instrucción y civilización de los jesuitas, y también las demás gentes que con propiedad nativa habitaban en distintos sectores del llano.

Las maquinaciones de José Eustasio Rivera:

Se supo que llegó a bordo del bongo del correo cuyo contrato de transporte tenía José Nieto, esposo de doña Rosalía, el abogado de Alfredo Santos quien quería echar atrás la venta de los derechos en Mata de Palma  a José Nieto. Se trataba del abogado José Eustasio Rivera.

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Portada de la tesis de grado de José Eustasio Rivera con dedicatoria escrita por él mismo. Esta imagen forma parte de la exposición: La ruta de Rivera por el llano, trabajo investigativo de la Fundación Archivo Fotográfico de la Orinoquia –FAFO- realizado en 1988 con motivo del centenario del nacimiento del abogado literato.

Como en el llano se acostumbra a darle la mano al que llega, así sea la contraparte, José Nieto lo sacó de la embarcación y le dio una casa en Orocué para que se alojara y lo instaló cómodamente mientras pudiera instruirse sobre los documentos del negocio.

Fue con la familia Nieto que José Eustasio Rivera comió el primer almuerzo en Orocué, un 21 de enero de 1918. Eso sí José Eustasio llegó solo a Orocué. Tenía unos 26 años.

Días después José Eustasio resultó entablando la absurda querella y para lograr sus fines con sus propias intrigas hizo destituir algunos funcionarios, entre ellos al Alcalde, haciendo nombrar sus reemplazos provisionales por su recomendación.

Luego hizo poner preso a José Nieto, mediante denuncio que puso por hurto de ganado mayor. A Nieto lo acompañaba entonces una persona guindando su chinchorro en el corredor de la cárcel, por encargo que le hicieron un grupo de amigos que temían por su vida en vista del poder intrigante de Rivera, hasta que un día el alcaide aseguró que él tenía que responder por la vida del detenido y a la vez no permitió más vigilancia.

En la cárcel Nieto de verse preso de manera tan arbitraria no comía ni dormía. Solo con escolta se le permitía ir a su casa a saludar a sus hijitos y a su esposa. Y en la cárcel estaba incomunicado. Si alguien iba a verlo el alcaide volvía la espalda al solicitante para no recibir la petición. 

En esos días llegó de Trinidad el padre (ilegible su nombre) amigo y ante la advertencia de lo que sucedía de que no le permitirían verlo, dijo: hay de ellos si me vuelven la espalda.

No sucedió, y entonces él fue quien sugirió  los memoriales que luego tramitó, y le ayudó.

Entre tanto fue nombrado secuestre para el hato “Mata de Palma” Pacho Galindo mientras José Eustasio entonces estuvo viviendo en San Pedro de Arimena y venía a Orocué por el pleito.

Luego José Eustasio también se fue para “Mata de Palma” donde había varias casitas y parecía un pueblito y donde vivían en su mayoría mujeres de la misma familia que tenían mucha plata, el oro era común.

Por personas que venían de allá se supo que allí el obtuvo buena cantidad de dinero. No se sabe cómo lo adquirió ni bajo qué pretexto.

A Nieto no le permitía viajar sin escoltas a Santa Rosa de Viterbo a presentarse ante el Tribunal, pero cursó memorial al mismo Tribunal y entonces de allí vino la orden. Fue diligencia de sus amigos y su esposa llegar a su destino el 15 de julio. Por una vía de Casanare pasando por Cravo y Morcote hizo el viaje. Era el año 1922.

José Nieto presentó ante el Tribunal los papeles del negocio y las copias de los memoriales de la defensa, con lo cual una vez leído el expediente fue declarada su libertad incondicional. Los originales de los memoriales nunca salieron de Orocué, por lo cual no aparecía ningún alegato de defensa en  el Tribunal. El doctor Emilio Neira fue el abogado de Nieto.

Del infinito gusto de tener la libertad, Nieto le telegrafío la gran noticia a su señora, a los Padres de la Parroquia, a las Hermanas de la Comunidad, a los amigos alemanes y a todas las personas importantes de Orocué por su triunfo en la justicia, después de que el presidente del Tribunal, doctor Molano, le entregó devuelto el cartapacio de los papeles.

Ya por la fecha José Eustasio había regresado a Sogamoso que era donde vivía y donde había sido contratado por Alfredo Santos, y donde en su ausencia atendía sus asuntos el tinterillo Manuel Murillo.

Al saberse en Orocué el fallo, la noche de ese día fue incendiada en el hato de San Miguel, de Nieto, una casa nueva que era un gran depósito de madera aserrada de cedro, que expresamente había sido contratado el trabajo con un hombre aserrador en largo tiempo.

Todo el pueblo fue testigo de cómo el voraz incendio consumió todo el depósito, y de la terrible situación afrontada por la familia Nieto.

José Nieto, como se sabe en el llano, era emparentado con familias influyentes de Boyacá luego del fallo en su favor, se vino de Santa Rosa de Viterbo con todo el tren de empleados nuevos y en propiedad nombrados: Alcalde, Tesorero, Juez del Circuito y otros más, que llegaron en una lancha que José Nieto le había pedido por telégrafo a doña Rosalía, para embarcarse en Puerto Barrigón por el río Meta y llegar a Orocué, además para entregarle a Nieto la posesión de “Mata de Palma”.

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Doña Rosalía Orjuela y su esposo José Nieto habitantes de Orocué, Casanare, quienes interactuaron con José Eustasio Rivera cuando por un tiempo estuvo radicado en ese puerto llanero sobre el río Meta (Foto cortesía de la familia Nieto).

Hato sin ganado:

Al recibir nuevamente el hato, Nieto, no encontró ni una res, José Eustasio en convenio con el secuestre lo habían sacado.

Otra hazaña de Rivera: 

Más tarde a los hermanos Reyes, Mario y Juan David, Rivera les puso denuncio por incumplimiento en un negocio de la cosecha de ganado, como es costumbre, 100 novillos que le entregaría con el pago a puerta de corral. El día convenido, los ganaderos después de la faena de herraje y selección prepararon el ganado y listo en el corral y Rivera se presentó pero sin el dinero, diciendo que no le había llegado y que ponía como fiador a un señor Cesáreo Pardo de Villavicencio para que le entregaran el ganado.

A ese señor Pardo le telegrafiaron y contestó que no conocía al tal José Eustasio Rivera.

La vorágine:

Los datos de la novela debió recogerlos en Orocué que había agencia de la Casa Arana y en San Pedro de Arimena porque de Orocué no bajó Rivera ni conoció a Puerto Carreño; y luego en Sogamoso lo escribió.

Del ganado de “Mata de Palma” seguramente sacó plata para publicar la novela y luego viajar a Estados Unidos.

Casualidades: 

Nieto estaba en Bogotá cuando salió la novela y la compró y se la envió a doña Rosalía “para que leyera las mentiras de José Eustasio” le decía en la carta remisoria.

Doña Rosalía agrega: Y yo se la facilité a todos en Orocué donde conocían la delincuente actuación de José Eustasio.

Pocos años más tarde, también José Nieto estaba en Bogotá cuando trajeron el cadáver de José Eustasio y lo velaron en el Capitolio Nacional. Viéndolo allí estuvo Nieto y también en el entierro lo acompañó”.

Hasta aquí la transcripción del artículo “José Eustasio Rivera y los cimientos de La vorágine”, aparecido en el villavicense periódico Candil el sábado 23 de agosto de 1975. 

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Puerto de Orocué sobre la margen izquierda del río Meta. Conforme lo contó doña Rosalía O. de Nieto: el 21 del primer mes de 1918 José Eustasio Rivera arribó a ese lugar. El histórico y turístico pueblo ostenta el título de ser la “Cuna de La vorágine”. (Foto: cortesía de Ricardo Parra, orocueseño).

Nota: Un patrimonial inmueble orocueseño es sede del Museo La vorágine, su enlace electrónico es el siguiente:   https://casamuseolavoragine.org/

4 respuestas a “José Eustasio Rivera vivió una temporada entre Orocué y San Pedro de Arimena”

  1. Soraya Yunda Romero dice:

    Gracias Oscar, como siempre excelente investigación y recordación.
    Pese a todas las situaciones adversas creadas por José Eustacio Rivera, la novela “La Vorágine” es una maravillosa obra literaria de nuestro llano, aún no superada en la narración, la poesia y las tradiciones. Esperamos que “La Vorágine” en los proximos 100 años, continue siendo la mejor.

  2. Eduardo Rozo Briceño dice:

    Oscar muchas gracias por este trozo histórico si igual. Para la historia y la literatura. Recordemos que la historia la reseña los humanos con sus fortalezas y debilidades.

  3. […] José Eustasio Rivera vivió una temporada entre Orocué y San Pedro de Arimena Previous post […]

  4. Ana Margarita Rodríguez Devia dice:

    Excelente trabajo investigativo porque de hecho no se había mencionado la publicación de Candil un periódico del cual poco se ha hablado y que siempre he reclamado. Conocí a Jorge García y a Cecilia, pariente por primos Gutiérrez Pardo.
    De las tantas vivencias de José Eustasio
    Rivera que desde Villavicencio vivió aún falta mucho por contar. Óscar te felicito una vez más, este y todos tus escritos son de alta factura.👏👏👏💕

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