Salinas de Upín, la más antigua empresa regional

A este grabado su autor el artista francés Riou lo tituló “Salinas de Upín” y permite conocer el paisaje del lugar en el año 1879 (Tomado del libro Geografía Pintoresca de Colombia. Litografía Arco, Bogotá 1980)

En el primer trimestre del año 2001 la siguiente crónica de mi cosecha apareció publicada en el Informe de Coyuntura Económica Regional del Banco de la República. La recupero con motivo del 104 aniversario del cambio de nombre de La Colonia por el de Restrepo en memoria del abogado y político paisa Emiliano Restrepo Echavarría dueño de la hacienda La Vanguardia, cuyos linderos iban desde la margen izquierda del río Guatiquía hasta el área de influencia del río Upín.

Quiere decir que el rebautizo del caserío lo hicieron con el apellido de quien donó el terreno en donde se conformó el asentamiento humano de La Colonia.

Salinas de Upín, la más antigua empresa regional

La presencia del hombre prehispánico en la región de Upín le llevó a descubrir las bondades que dicho territorio ofrecía a partir de las minas de sal allí existentes que tienen correlación con las demás de la cordillera Oriental.

De esta manera la familia Guayupe moradora del sector inicia la obtención del mineral básico para su dieta alimenticia. Evidencia de tales trabajos son los fragmentos de vasijas cerámicas que con frecuencia se encuentran dentro de la actual planta. En 1984 la antropóloga Mariane Cardale practicó una rápida inspección arqueológica al lugar que le permitió plantear la tesis de que allí pudo haber sido punto de intercambio del producto en terrón con culturas andinas.

Son esos momentos refundidos en el tiempo los puntos de partida para el nacimiento de la posible más antigua empresa regional, la que con el paso de los años se ha mantenido vigente.

El banco salino -el único en tierras metenses- está rodeado por las corrientes de la Quebrada Blanca y las del Upín en comprensión municipal de Restrepo, muy cerca de su área urbana y al norte de Villavicencio.

Aunque para quien esto escribe no ha sido posible hasta el momento encontrar información sobre el desenvolvimiento histórico de la producción salinera de Upín en épocas tanto de la Conquista como de la Colonia cuando los jesuitas fundaron la Hacienda de Apiay, se puede deducir que en alguna medida hubo actividad extractiva de la cual fueron sabedoras las distintas administraciones centrales.

Ya en tiempos de la República el gobierno la reconoce como de su propiedad aunque no se trabaja de su cuenta. A través de medida que dicta el 1 de mayo de 1825 a la mina la pone en arrendamiento por un lapso de veinte años. En este documento firmado por el Secretario de Estado del despacho de Hacienda se establecen condiciones de pago equivalente al 4% del valor de la sal que se extraiga y un 2% por los bosques de donde se saque la leña.

Además se le exige al empresario que la tome dotarla de calderos y máquinas necesarias para la explotación, equipos que una vez termine el contrato quedarán para el gobierno (1). 

Sistema de evaporación de la salmuera y obtención del cloruro de sodio en la planta industrial de Upín, año 2009. (Foto: Óscar A Pabón M)

Corrieron los años y en la década de 1860 se vincula a la región el político antioqueño Emiliano Restrepo Echavarría gran visionario del potencial económico del entonces conocido como Territorio de San Martín, quien en una de sus correrías en meses de verano visita la salina de Upín -cercana a sus propiedades- en donde observó la forma de laborar.

Las siguientes son algunas impresiones que el doctor Restrepo tuvo en esta inspección:

“Es un inmenso banco de sal gema, de excepcional pureza….” (2)

“Conocemos las salinas de Zipaquirá, Nemocón y Sesquilé, en las cuales se explota la sal vijúa y no vacilamos en asegurar que la de Upín es superior  a ellas en potencia y en facilidades de explotación. Pensemos que el banco de Upín es el más rico de cuantos se conocen hoy en la república” (3)

Pero si las calidades del depósito salino impactaron al ilustre visitante no ocurrió lo mismo con las formas de extracción y procesamiento que se realizaban de manera rudimentaria y únicamente en los meses de verano, mediante la detonación de pólvora colocada en el área de la mina donde se trabajara, para luego recoger sal vijúa. Este procedimiento es conocido con el nombre de tajo abierto. Al respecto dijo don Emiliano:

“Se comprende que nada puede darse de más atrasado que el sistema de explotación empleado en la salina de Upín. 

Es un sistema que tiene por objeto obtener al mayor costo posible, para echarlo a perder, el más bello producto natural. Todo allí es rudimentario e insuficiente para el objeto que ha tenido en mira el gobierno al poner en administración aquella rica salina” (4).

Con base en lo observado al administrador le formuló recomendaciones para implementar sencillas y económicas maneras para la obtención de vijúa con alto grado de pureza primitiva mediante el sistema de galería, con la apertura de un socavón (5).

Para la época con el producto se abastecía a un limitado número  de consumidores de la región, de manera principal del sector ganadero, cobrándose por arroba 30 centavos de peso fuerte (6). Hacia 1864 se reportaron $10 mil por esta explotación, con gastos de cuatro mil pesos (7).

Como quiera que los bosques eran descuajados para la obtención del mineral, finalizando el siglo XIX el poder central dispuso algunas mediadas con el fin de frenar el daño ecológico (8).

Al estallar la guerra de los Mil días -finales de 1899- el gobierno dispuso el cese de la producción en la salina de Upín, determinación que vino de inmediato a diezmar el hato ganadero en las regiones de San Martín, San Juan y Villavicencio (9).

Restablecido el orden nacional en los primeros años del nuevo siglo la factoría de Upín con su tradicional sistema reinició la actividad extractiva.

Para entonces en sitio muy cercano a la mina el gobierno nacional funda una colonia penal sometiendo a los presos a trabajos forzados en la salina. Con el tiempo la penitenciería se acaba y algunos de los reclusos deciden quedarse en el lugar dando origen al pueblo que inicialmente se llamó La Colonia, que en 1918 recibió el nombre de Restrepo como homenaje a don Emiliano Restrepo E. quien había donado el terreno para establecer el penal. Estas personas más otras que luego llegan continuaron con el trabajo salinero.

Si el doctor Restrepo Echavarría en la década de 1860 sugirió implementar en la mina de Upín el sistema de socavón, debieron pasar por lo menos cincuenta años para que esto ocurriera. El señor José Gregorio Hernández quien en el seco mes de marzo de 1913 asistió a la inauguración oficial de la obra que en ese momento tenía ya setenta metros de profundidad, así narró el evento:

“…Gracias a los patrióticos empeños con el Gobierno Nacional, el doctor Eduardo Buendía H., Administrador de Hacienda y Salinas del Territorio del Meta, el antiguo sistema de explotar la Salina a tajo abierto fue sustituido por el de socavón, abriéndose uno en la ribera derecha del Upín, empezando a unos diez metros sobre el nivel del río…” (10).

Arduo trabajo el de los operarios tanto de las calderas en la parte superior como de los hornos en la factoría salía de Upín, año 2009 (Foto: Óscar A Pabón M)

Comienza en ese año una nueva época en la actividad extractiva de Upín, en la que se evidencia –por primera vez en toda su historia- la directa acción oficial en lo referente al mejoramiento de los sistemas de producción, antes solo se limitaba a entregarla en arriendo.

Desde entonces y con periódicas ampliaciones y mejoramientos tecnológicos, la mina ha estado a cargo  del Banco de la República, el IFI con la Concesión Salinas y por último esta entidad la arrendó a la sociedad integrada por sus antiguos empleados que acordaron constituir la empresa Sales del Llano.

Por lo anteriormente descrito no queda duda que la salina de Upín es la más antigua empresa activa de la región orinoquense.

Citas bibliográficas:

  1. Gaceta de Colombia, 4 tomos, Gaceta No. 18 de 1825, Banco de la República, Bogotá 1974.
  2. Restrepo E., Emiliano: Una excursión al Territorio de San Martín, Bogotá, Editorial ABC, 1957, p. 46
  3. Ibid. Op. Cit. p.51
  4. Ibid. Op. Cit. p.52
  5. Ibid. Op. Cit. p.55
  6. Ibid. Op. Cit. p. 153
  7. Rothlisberger, Ernest: El Dorado, Bogotá Banco de la República, 1963, p. 273
  8. Botero V., Juan José: Adjudicaciones, explotación y comercialización de baldíos y bosques naturales. Evolución histórico legislativa 1830-1930. Santafé de Bogotá, Banco de la República, 1994, p. 127/28
  9. Hernández, Demetrio: Relatos de una región del Llano, San Martín –Meta-, mecanografiado p. 32
  10. Hernández R., José Gregorio: Diario de un educador. En: Los Forjadores de Villavicencio cuentan su historia, Vol. I Corcumvi 1998, p. 115/16

Adenda: Como esta crónica con enfoque económico la redacté hace veintiún años, la actualizo diciendo que cuando culminó el contrato suscrito entre el IFI/  Concesión Salinas y la local sociedad Sales del Llano, mediante licitación pública la empresa Salcol S.A. -externa a la región- ganó la convocatoria y comenzó la operación.

Hace unas décadas -antes de las dos empresas arrendatarias- por derrumbes dentro del profundo túnel se instaló un largo sistema de tubería que recogió las saladas aguas y las condujo a la parte externa a enorme alberca desde donde las conducían a las calderas instaladas sobre los hornos.       A la fecha por daño del tubo dentro del socavón no se cocina salmuera y por ende no hay producción de sal de la metense mina de Upín.

5 respuestas a “Salinas de Upín, la más antigua empresa regional”

  1. Jairo Ruiz dice:

    Bueno es recordarle a los metenses, de vez en cuando, su historia económi2c desde sus inicios. Buena esa Oscarín.

  2. Carlos Lozano dice:

    Buena esa Oscar, felicitaciones porque pocos personajes investigan el transcurrir histórico económico regional,de verdad ninguna entidad local se interesó por la permanencia o transformación de esta explotación;en anaqueles y escasas memorias quedarán quizás el proyecto de tecnificación y montaje de una planta para producción de derivados del cloruro de sodio como se planteo en los años 80. Hoy están en estado de ruina aquellos hornos dónde se cocinaba la salmuera a más de 900 grados centígrados,dónde no solo se cocinaba sal,se cocinaban hombres;jocosamente un compañero exsalinero le respondiendo a un visitante que le pregunto. Ahí hace mocho calor y quema? a lo que él contestó: Acá hacemos curso para ir al infierno.

  3. Dario Cardenas Garcia dice:

    Oscar que bien y en buena hora escribes esta crónica de una empresa llanera, un icono industrial, de gran impacto económico y social, por su contribución a una necesidad fisiológica por la sal tanto en el ser humano , como animal y el beneficio a las arcas del municipio de Restrepo.
    Desde el punto de vista profesional, cuando ocupaba el cargo de supervisor de insumos pecuarios en la Regional del ICA y como nutricionista, tuve la oportunidad de colaborarle a la sociedad de los antiguos empleados de Upin , que hoy manejan la empresa, se les colaboró en la obtención del registro como productor y de varios clases de sales mineralizadas para el ganado,

  4. Edgar Barrios dice:

    Buen trabajo . Abriendo caminos alegres a la mujer llanera , Villavicence desde Canada . !!!!!! Cordial saludo .

  5. Humberto Salcedo Claros dice:

    tengo entendido, que desde el Peru, los Incas venían por Sal , hasta las minas de sal de Upin, tiene Idea cual seria esta Ruta

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