LLANO ADENTRO – SABANA INUNDABLE

“Las sabanas inundables son un ecosistema estratégico con características propias para la biodiversidad que incluye pastizales, bosques de galería, esteros, morichales, lagunas y humedales (madreviejas). En Colombia su mayor extensión se concentra en territorios de Casanare y Arauca”.

Estero, sabana inundable en el área rural de municipio de Hato Corozal, Casanare (Foto: Alejandro Acero)

Durante varios años, tanto en verano como en invierno, he estado por diferentes sectores de mi Casanare en el desarrollo de mi profesión, registrado caudales de estiaje y cotas máximas de inundación, entre otras actividades, en áreas rurales de Paz de Ariporo y Hato Corozal, por las riberas del río Meta, en inmediaciones de la vereda San José de la Lopera, en el caño Las Guamas, caño Pica Pico, caño La Hermosa, río Meta y río Casanare, otras veces por el río Ariporo, río Tate, río Muese. También por Trinidad y San Luís de Palenque en el río Pauto, caño Guanapalo, caño Orosio, caño Gandul. Por Orocué y Maní en los ríos Cravo Sur, río Charte, río Cusiana. En los municipios de Tauramena y Villanueva en los ríos Chitamena, río Túa, río Upía, caño Güira, río Caja, entre otros.       

Las sabanas inundables son un ecosistema estratégico con características propias para la biodiversidad que incluye pastizales, bosques de galería, esteros, morichales, lagunas y humedales (madreviejas). En Colombia su mayor extensión se concentra en territorios de Casanare y Arauca, con un periodo estimado de inundación de 8 meses en los cuales el nivel freático se hace superficial (escorrentía) y se localiza por encima del nivel del terreno generando lámina de agua que facilita la vida acuática y sirve de refugio a variedades de aves, anfibios, reptiles, mamíferos, peces, y en general compila todo un ecosistema.

Su paisaje comprende dos grandes horizontes, uno superficial de color azul claro y gamas de nubes, escenario de luces multicolor con amaneceres y atardeceres esplendidos, con aves que surcan el cielo y se beben el viento entre cantos y melodías infinitas al mejor coral de tenores o sopranos. El otro escenario en la parte inferior de matices reverdecidas con bosques de galería, grandes pastizales que comprenden especies como rabo e’zorro, lambedora, guaratara, currusquito, cole’vaca, cole’mocho. Y diversidad de árboles frondosos donde multitudes de aves hacen sus nidos, todo un ecosistema vital, nicho de venados, chigüiros, babillas, tortugas, zorros, gavanes, patos, garzas, tautacos, gavilanes, chicuacos y variedades de peces. La vista se pierde en el horizonte y dan ganas de seguir para ver en donde se juntan, las sabanas inundables son grandes extensiones de terreno; nicho de un ecosistema estratégico y vital para la biodiversidad y conservación del planeta.

Durante los días 29 al 31 de marzo de 2021 visité el río Cravo Sur, muy próximo a la convergencia con el río Meta en Orocué Casanare. Este sector, está compuesto por sabana inundable; paisaje y ecosistema de una gran fracción del llano en mi Casanare, sus aguas permiten deslizar con facilidad la embarcación construida de maderos trabajados a mano, tan artesanal como la primera vez que el hombre zarpó, pero esta vez impulsada por un motor fuera de borda. En esta esfera en la que el hombre conquista todo cuanto puebla, esta vez con la evolución de los años, floto en el agua como suspendido de la nada, con el mismo milagro de la vida.  

En el río Cravo Sur, el empuje del motor se abre camino y sobre la lámina de agua se desprende en forma de abanico pequeñas gotas de agua que parecen una lluvia desde la proa a la popa de la pequeña embarcación que me transporta, el viento hace magia, entonces la luz se descompone gracias a los pequeños prismas de microgotas en el ambiente, y se dibujan de la nada un arco matizado de colores rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta. Pienso en el brillo de los ojos de mi amada cuando ríe, guardo sus risotadas tratando de mezclar todo esto, se me ocurre entonces hacerle un verso, luego, un pequeño rebalse hace deprimir el empuje de la canoa, sigo inquieto y atónito tratando de guardar todos estos encantos, quizá un parpadeo me haga perder el cruce de un ave, la inmersión de un perro de agua, el nado de una cachirre, quizá un chigüiro espante los peces, o un certero Martín pescador haga una faena de pesca magistral para mí, mientras las tortugas flotan en los maderos que la creciente arrastra. El río es un ser vivo con muchos secretos, siento que me espera para conversar, mucho han de saber de él los canoeros que conocen rutas invisibles que sortean para no encallar, saben cuándo desacelerar y cuando girar, saben de remolinos y subienda de pescado, río y canoero parecen cómplices de vieja data, que ante mi presencia guardan silencio, los canoeros huelen a pescado fresco, a humedad, a hierva y el río huele a vida y esperanza.

Aguas abajo por el río Cravo Sur tributario del Meta (Foto: Alejandro Acero)

Los cuerpos de agua requieren un oxígeno disuelto superior a 4.50 mg/L para garantizar vida acuática, este cauce es perfecto, su pH es casi neutro y la conductividad eléctrica es directamente proporcional al arrastre de sus sólidos (cercana a los 100 µS/cm), con una temperatura de 26.4°C, este ciclo de vida que trae todo cuanto puede de la parte alta (montañas de Boyacá), adhiriendo plancton, perifiton, macrófitas acuáticas, fauna íctica, macroinvertebrados bentónicos y nutrientes en sus corrientes para luego descargarlos al río Meta, el Meta al río Orinoco y finalmente al océano Atlántico, dentro del ciclo hídrico y continuidad de la vida, hace florecer este ecosistema de sabana inundable, genera microclimas y pequeños rebalses, meandros, recodos y médanos, la vegetación que sutilmente se mece en las riberas del río tiene un verde encendido donde las enigmáticas chenchenas (Opisthocomus hoazin) hacen sus nidos, conocidas como hoatzin o guacharaca de agua (única ave que pichón tiene garras en sus alas, lo más cercano en nuestros días a un dinosaurio), ellas, muy copetonas y altivas con su plumaje impecable nos saludan al pasar con su canto entrecortado que inspira respeto y admiración. Un ecosistema aun en equilibrio.  

Esta vida tan orgánica, tan dependiente de la biosfera, tan básica de oxígeno e hidrogeno (H2O – O2 – O3), basada en el carbono y el nitrógeno, tan vital de la luz (fotosíntesis); resulta el único refugio seguro que nos converge como seres vivos, con sístole y diástole, con xilema y floema, esta atmosfera tan protectora y tan coraza, que nos envuelve y protege, este pasto tan verde, estas cayenas tan rojas, estas corocoras en coro, este horizonte tan mío y tan afable, estos peces esquivos juegan a escondidas, estos ojos no tienen más encanto que tu contemplación, esta vida tan mía y tan vuestra merece que sus aguas corran como el viento y que el viento fluya como el agua, en un ciclo que trae vida y en nuestro paso por ella debemos usarlo de manera responsable, propendiendo por su conservación, generando desarrollo social y económico, y en nuestra visita por este planeta debemos dejarlo igual o en mejores condiciones a las encontradas para goce y usufructo de las próximas generaciones (concepto de desarrollo sostenible).

Adentro, en el bosque entre la alta humedad (85%) y una temperatura cercana a los 25°C, hace bochorno, caminar en esta vegetación es un desfile fantástico, todo enamora y encanta, los grandes arboles dejan pasar poca luz y al mirar su follaje se divisan múltiples estructuras de nervaduras y fustes a modo de cubierta a prueba de todo, la hojarasca tapiza el suelo, abundan los hongos multicolores y pequeñas raíces de plántulas parasitas se abrazan con fuerza a su anfitrión, estos líquenes en simbiosis son encuentros concertados, los hormigueros adornan aún más el sendero, con un cuidado infinito camino para evitar entrar a su espacio, hay mariposas de color amarillo al mejor escenario macondiano, las hojas secas en el suelo crujen al pisarlas, una bandada de aves desprenden su vuelo en el único espacio abierto que deja la vegetación al cruce de un caño, y entonces vuelan muy bajo, el espejo de agua me deja observar la duplicidad de su viaje, son garzas reales que advierten de nuestra presencia… y muy estupefacto aprecio que hay pocos insectos, mucho menos de los que en otros escenarios similares me acompañaron y me dejaron sus recuerdos en mi piel, sigo fascinado y agradecido de poder entrar en este paisaje y registrarte en mis páginas.

Las principales fuentes hídricas que bañan a Casanare nacen en las montañas del departamento de Boyacá, lugar de interés urgente de conservación, entre ellas; río Casanare, río Ariporo, río Guachiria, río Pauto, río Cravo Sur, río Cusiana, río Túa, río Chitamena, río Upía, entre otros. Asimismo, es necesario el inventario de todas las fuentes hídricas que nacen en el área de piedemonte y sabanas de Casanare. Así como la necesidad institucional de autoridades locales, entes de control, sociedad civil y la responsabilidad colectiva de comunidades y sus gentes; de propender por la conservación, el uso responsable y planificado del recurso hídrico, la prioridad de conservar las rondas de nacederos, rondas de riberas y de inundación, zonas de recarga acuífera y de sostenibilidad ambiental, gestión y conservación de ecosistemas estratégicos y sensibles del departamento y región Orinoquia.     

Conocido en los llanos colombianos como Garzón Soldado. Nombre científico Jaribu mycteria. La cigüeña más grande, con alturas entre 120 y 140 cm. (Foto: Alejandro Acero)

Múltiples estudios con diferentes propósitos se han desarrollado en Casanare y en general en los Llanos durante décadas, sin embargo, es necesario compilar en una base de datos que agrupe todos los componentes estudiados (sociales, culturales, bióticos, abióticos, geológicos, históricos, religiosos, etc.), que sirvan de soporte científico y de consulta en general, que permita la toma de decisiones acordes a sus necesidades y la planificación estratégica de nuestro departamento por instituciones y comunidad en general, bases de datos con información abierta y disponible a sus comunidades, poner en manos del pueblo y de sus representantes la información de la biodiversidad y riqueza de nuestros recursos renovables y no renovables del Llano, a su vez transferirla a las nuevas generaciones como catedra académica.

En versos de Cholo Valderrama, “si el cielo es un paraíso, tendrá que tener un Llano…”.

El autor es Ingeniero Ambiental, e-mail: alejandroacero@gmail.com

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