Avistamiento de objetos voladores en vía de extinción

Salvar al pitingle no demanda mayor presupuesto. Aún hay portadores del arte popular y la Cañabrava abunda en las playas de las fuentes hídricas que recorren el territorio villavicense.

Familia y pitingles
Elevar pitingles, gratos encuentros familiares y de amigos. Foto: cortesía de la familia Restrepo Roldán

Si Eolo es el dios griego de todos los vientos para nosotros agosto es el mes de los vientos. Si México tiene papalotes y Argentina barriletes en Colombia hay cometas y como caso particular en Villavicencio que también es Colombia tuvimos pitingles.

Al vocablo pitingle propio del léxico villavicense hace tiempo que traté de buscarle su origen y época de cuando se acuñó en la oralidad de los habitantes de la capital del Meta, pero esa investigación me resultó infructuosa. La fabricación de los artesanales pitingles tiene como principal materia prima una parte de la flor de la Cañabrava, rakis su nombre científico y verada la denominación común.

Caña brava
Cañabrava (Arundo donax) materia prima del pitingle. Foto: Óscar A Pabón M

Esta especie vegetal silvestre (Arundo donax) es propia de las riberas de quebradas, caños y ríos, cuya florescencia ocurre a finales de julio y entrando agosto mes de los vientos, otrora de veranillo en Villavicencio.

La verada en estado seco es muy liviana de ahí su importancia para construir las naves voladoras, oficio manual en el que cada fabricante desde el patio de su casa aplica empíricos conocimientos aerodinámicos lo que indica que en un pitingle grande, mediano o pequeño está presente la Física aplicada.

Para que contaran sus recuerdos sobre el pitingle con destino a esta crónica invité a dos amigas y a dos amigos quienes lo siguiente escribieron:

 “¿Qué es un pitingle? Me preguntan, y de inmediato mi memoria me lleva a mi infancia, un pitingle es volar con la inocencia del niño, es sentarse en el suelo con su hermano y amigo al lado, untarse los dedos de engrudo y enmelocotar las veradas ya cruzadas y con la magia del color del papel pitingle o de seda convertir tu sueño en vuelo…una vez está seco, le pones cola de papel periódico o de tela y al son de la brisa deja que vuele la adrenalina y el placer de disfrutar al ver cómo tu pitingle es el más lejano y pide pita sin parar al infinito cielo.

Si supieran que de las palabras que más amo es pitingle… Tiene tanto de mi infancia que a veces hasta creo que nadie más la conoce ni la ha oído, es de tanto color y vida, que muchas veces he preguntado ¿Sabes qué es un pitingle? Y me agrada saber que pocos tienen la dicha de saberlo”. María Cristina Restrepo R.

“El pitingle es una cometa hecha de verada rajada por la mitad. De una verada sale el pitingle cuyas dos partes se colocan en forma de cruz.

Entre punta y punta se amarra la pita que sirve para pegar los bordes del papel. He ahí el pitingle.

Yo mismo busqué la verada en los playones del Guatiquía y hacía los pitingles. Tiempo bonito.

El primer pitingle me lo regaló Ricardo Nieto, el padre de Rosalía Nieto Solano. Yo tenía 7  años. Ese año llegamos de Orocué”. José Ángel Ruiz Ch.

“Pitingle es un fragmento del recuerdo de la infancia, que tiene forma de rombo con colores de papel de seda,  el cual es tan frágil y ágil como los sueños de los niños. El pitingle es un diálogo lleno de figuras que se estremecen con los vientos, y consta de tres colas largas, que ayudan a sostener el equilibrio de la magia que juega con la nostalgia”. Soraya Yunda R.

Pitingles
Pitingles en acción en el mes de los vientos. Foto: Óscar A Pabón M

“Con la llegada de agosto todos los niños ayudados por nuestros mayores conseguíamos veradas en las orillas del río Ocoa, mi madre y hermanas compraban el papel seda de colores vistosos en las cacharrerías o en el almacén Cristal y de paso compraban la madeja de hilo.

Con estas materias primas y por supuesto con el engrudo (pegante) preparado en casa, nos disponíamos a la construcción del Pitingle en forma de diamante pero de un solo plano, las cuerdas que le llamábamos los vientos y listo a encontrarnos con los amigos a elevar los pitingles, me acuerdo que íbamos a los potreros del Barzal donde hoy queda la Clínica Meta y otros preferían Cristo Rey.

El parque del Hacha era el epicentro de oferta de pitingles que algunos hacían para vender.

Elevado el pitingle cuando iba muy alto y ya se había prácticamente acabado la madeja, se le enviaba un telegrama que no era otra cosa que un papel con hueco en la mitad y se metía el hilo, se iba halando hacia abajo madeja y el telegrama iniciaba su ascenso a través del hilo y el peso de este hacia que el pitingle fuera bajando.

Esto sucedía cuando se tenía éxito en la elevada, porque algunos quedaban enredados en los cables de la luz o en los árboles altos que se veían en esa época en los potreros y ahí terminaba la aventura de ver volar el colorido pitingle, mucho disfrutamos de niños y jóvenes con la llegada de los vientos de agosto el mes de los pitingles”. Jesús Hernán Rivera T.

Nostálgicas son las evocaciones de María Cristina, José Ángel, Soraya y Chucho sobre el pitingle.

Hay que decir que la extracción de las veradas o rakis no genera ningún impacto ambiental, porque como antes se dijo para construir las aerodinámicas naves las rectas varillas de la flor de la Cañabrava deben estar secas.

En las reminiscencias los cuatro portadores de la información hablaron del engrudo como elemento también clave en el proceso de construcción. Preparar ese pegante natural fue otra actividad casera de Química y Física porque se obtiene a partir de la yuca a la que se le extrae su almidón y luego se pone al fuego.

Pitingles venta
Creatividad y micro economía. Foto: Óscar A Pabón M

Esta recreativa tradición villavicense que integró a familias y amigos hace tiempos que camina rumbo a la desaparición y por ende la popular palabra pitingle rápido está entrando en desuso.

Sin que la capital del Meta tenga su inventario cultural de bienes patrimoniales tangibles e intangibles, el oficio que conlleva a la construcción del pitingle obliga a las autoridades del municipio a trazar con urgencia el plan de salvaguardia de esta añeja tradición local para no dejarla extinguir.

Es un excelente reto para las secretarías de Cultura, Deporte y Recreación, lo mismo que del Medio Ambiente.

Salvar al pitingle no demanda mayor presupuesto. En algunos sectores de la ciudad aún hay portadores del arte y la Cañabrava sigue abundando en las playas de los cuerpos de agua que recorren el territorio villavicense.

Por supuesto que honorarios deben haber para los portadores del oficio del pitingle que participen en el plan de salvaguardia de dicho patrimonio cultural intangible.

8 respuestas a “Avistamiento de objetos voladores en vía de extinción”

  1. Arturo Arango dice:

    Lo que más me ha llamado la atención de la afición por los pitingles en Villavicencio es que tenga su época anual en agosto, cuando en el llano los vientos soplan con toda su fuerza entre enero y marzo. Desaprovechamos nuestros vientos y no pensamos en incentivar el turismo nacional con un festival de pitingles en enero, época de vacaciones escolares.

  2. Lola de Gómez dice:

    La mejor enseñanza y añoranza de la elevada del pitingle, es la unión de la familia, del trabajo en equipo entre padres e hijos. Otrora, era paseo familiar con onces o almuerzo en el potrero.

  3. En la cometa se elevan los sueños gracias a tener el viento en contra dice:

    En la cometa se elevan los sueños gracias a tener todo el viento en contra

  4. Eduardo Rozo dice:

    Añoro los pitingles. Los míos y los de mis hijos. A propósito en Cumaral también de orillas del Guacavia

  5. Eduardo Rizo Briceño dice:

    Añoro los pitingles, los míos y los de mis hijos. En Cumaral volábamos pitingles de vetadas del Guacavia

  6. Marta Gonfrier dice:

    No se si recuerdan que con Llano siete días realizamos concurso de pitingles en varias oportunidades.
    Eran geniales, enormes, ganaba el que más se elevará y el más elaborado, colas y colores adornaban el cielo.

  7. María Teresa Flórez Alonso dice:

    Mi primo Ernesto Rodríguez Alonso y mi hermano Jaime Flórez Alonso, buscaban en las playas del Guatiquía las veradas y mi mamá nos traía el papel de seda, el hilo y la piola. El engrudo lo hacíamos en casa y listos, a armar e ir al potrero de frente a la casa y elevar ese ansiado “pitingle”

  8. Miguel Bonilla dice:

    Una historia que nos conecta con la vida natural y la cultura de nuestra región.

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