Especulación histórica sobre el futuro de la altillanura

¿Cómo propiciar un país más equitativo, pacífico y próspero si permitimos el desequilibrio de las tres dimensiones inseparables del desarrollo sostenible: el medio ambiente, la sociedad y la economía?

Sabanas de El Viento
Sabanas de El Viento/Vichada Colombia Foto: Pedro R Eslava

[1]

Pedro René Eslava Mocha

MV, MSc, Dr.

Profesor Asociado, Universidad de los Llanos.

Email: pedro.eslava@unillanos.edu.co

Fragmento del ensayo presentado en Sesión Solemne de la Honorable Academia de Historia del Meta

Restrepo Meta, Sede Unillanos Verada Brisas del Upín, Julio 1 de 2021.1

En memoria de los Ingenieros Agrónomos Jorge Ortega Navarro (Profesor emérito de Unillanos) y

Jaime José Triana Restrepo (ex-Director de Corpoica)

Les propongo un experimento mental: imaginemos un cuadro horrendo de los Llanos: Visualicemos que luego del boom de los agronegocios y la ampliación perfecta de su frontera ‘productiva’ mediante la estrategia de concentrar la tierra en quienes tuvieran el dinero para explotarla, quedaría enmarcado un apocalíptico lienzo hecho realidad en apenas unas pocas décadas:  un territorio desértico que logró transformar hermosos ríos, verdes sabanas y exuberantes morichales en arenales y serranías erosionadas; fértiles vegas en sequíos e islas yermas; sabanales azotadas por el calentamiento climático, territorios con fuentes de agua saturadas de pesticidas, escazas la mayor parte del año. Más allá del paisaje, comunidades indígenas desplazadas, pobreza extrema en los cascos urbanos, población informal en su mayoría, dependiente de los subsidios del Estado, extrayendo agua subterránea de pozos contaminados. Una llanura totalmente deshabitada, plagada de cárcavas arañadas por maquinarias estridentes, suelos exhaustos sometidos únicamente a la extracción de ripios y morrallas de minerales en los confines del Vichada, como el Coltán y la Bauxita después del ‘fracking’ y el agotamiento de los recursos petroleros regionales. Y para más ñapa – como decimos en el Llano- con el país endeudado y sometido a litigios internacionales tortuosos, acusado de haber contaminado las aguas sucesivas de la cuenca del Orinoco …

Me gustaría mucho que las anteriores líneas fueran solo ficciones, esperpentos retóricos de un nativo ecologista, pero me temo que más que una cruda visión apocalíptica tienen mucho que ver con una actitud histórico-filosófica identificada con la corriente crítica denominada por Jean Pierre Dupuy como ‘Catastrofismo Ilustrado’ que nos invita a admitir lo peor, anticipándonos con rigor crítico y acciones razonables, pensando que las catástrofes no son objetos manejables, sino que, por el contrario, son una verdadera amenaza que puede destruirnos. No es verdad, insiste Dupuy, que las catástrofes sean impredecibles. Aparentamos que son lejanas, inaccesibles, irreales (el argumento para una película), porque seguimos empeñados en nuestros cómodos prejuicios, en nuestros viejos atajos mentales o en tradiciones manipuladas[2].

Se asume esta ‘especulación’ sobre el futuro de la Altillanura en la acepción del término en cuanto: meditación, reflexión, contemplación o anticipación sobre lo que pudiera suceder en este territorio siguiendo el trazado de una línea de tiempo que se remonta a la época de la colonia, pasando por las violencias y resistencias campesinas e indígenas desde los años 50s, los narco-traquetos, los monocultivos, Ley de Zidres, hasta la firma del acuerdo final de paz  con las FARC el 26 de septiembre de 2016 y el subsiguiente periodo de su implementación aún en ciernes, especialmente en cuanto a la reforma agraria integral pactada, hoy sin cambios favorables en la concentración de la propiedad. Es muy significativo que esa concentración de territorios hayan venido en aumento en los últimos años coincidiendo con un preocupante desplazamiento de campesinos, despojo de tierras y violencia creciente; sumado a esto, se observa una gran informalidad  en la tenencia, pues más de la mitad de los predios carecen de títulos legítimos, que el catastro está desactualizado o simplemente no existe.[3] 

La Altillanura ha sido considerada la última frontera agrícola de Colombia, o la última superficie del país con posibilidad de ser transformada de su estado natural a un suelo apto para la explotación agrícola, los trabajos de los investigadores y técnicos pioneros en lo agronómico, en centros como la Unillanos, Carimagua –CIAT- o La Libertad –Corpoica-  fueron apuntalados por la tendencia de principios de siglo XXI  relacionada con concepto de desarrollo geográfico desigual o desarrollo desigual geográficamente producido como parte de un proceso de crecimiento del capitalismo global, asociado a la crisis de 2007- 2008 de la economía norteamericana que se desató en un momento coyuntural y que funcionó  como señal de aviso para que los inversionistas buscaran nuevos espacios productivos.[4]  A lo anterior, le podemos sumar el hecho de que desde finales del siglo XX el crecimiento de la renta de capitales, la industrialización, los cambios económicos enmarcados en la globalización fueron aumentando la demanda mundial de energía, agua y alimentos a un punto cada vez más allá de la capacidad de carga de la Tierra[5].  Esto, a su vez, está causando el colapso ambiental en muchas zonas de recursos naturales tropicales en países exportadores de granos y carne como Brasil, y por la misma dinámica, Colombia se ha sumado a esas tendencias.

Tal degradación podría verse como una problema de gestión simple de cada gobierno, pero, en un examen más detenido, es el resultado de interconexiones mucho más complejas entre energía, agua y alimentos sumadas a un modelo económico desarrollado globalmente como lo ha resaltado la revista Science.[6] La preocupación mundial sobre el resultado de tales interconexiones en escenarios climáticos y ambientales ha propiciado Grupos de trabajo bajo el Enfoque de Food Nexus (Nexo – para nuestro ensayo-)  que ya han analizado problemas como los que se presentan en zonas agrícolas del Brasil,[7] llegando a considerarlos más que complejos: ‘perversos’, dado el comportamiento de las variables implicadas, tales como: en primer lugar, la naturaleza omnipresente de la incertidumbre en todos los aspectos del problema, en particular tanto de los asuntos climáticos como de los socioeconómicos en permanente cambio; en segundo lugar, la existencia de muchas partes interesadas con valores y puntos de vista distintos y potencialmente conflictivos; en tercer lugar, la interdependencia de todos los aspectos; y finalmente, el éxito limitado de conseguir estructuras de gobernanza en la implementación de las soluciones propuestas. Se ha llegado a considerar con el enfoque Nexo, que la gobernanza es un verdadero ‘problema perverso’, en el que “el proceso de solución del problema es tan dispendioso como el proceso de comprensión de su naturaleza ” y la intervención cambia la naturaleza del problema y el curso de eventos [8] generando fuertes dilemas en cuanto a la planeación y desarrollo de políticas efectivas en el territorio [9].

Producción de Arroz
Producción de Arroz, sabanas de El Viento, Colombia. Foto: Pedro R. Eslava,  2016

Desde antes de la promulgación del famoso documento CONPES sobre la altillanura, (CONPES – 3797/2014) se afirmaba que esa ‘tierra sin hombres, para hombres sin tierra’ era un espacio promisorio para extender la frontera productiva copiando o ajustando fácilmente el modelo desarrollado en el Cerrado brasileño. Ingentes esfuerzos y recursos se han invertido: viajes, capacitaciones, seminarios y proyectos para trasformar estas sabanas improductivas en soyales, arrozales, maizales, campos para agro-combustibles, para exportar y traer divisas, etc., para ello había que actuar modificando los suelos mediante enmiendas como encalados y fertilizaciones, ya sea implementando cambios en la modalidad del laboreo hacia la labranza mínima o la siembra directa, que implica menos uso de máquinas para arar, pero con más sembradoras automáticas, más herbicidas y pesticidas, más desechos hacia los cuerpos de agua, mayor huella hídrica en los productos y más residuos en el ambiente; introduciendo de variedades de plantas foráneas y con semillas resistentes a plagas y agro tóxicos, insumos gerenciados por empresas multinacionales. ¡Claro!, como lo han hecho los brasileros en el Cerrado, ¡Copiar es más fácil que deducir! 

Producción de Soya
Producción de Soya, sabanas de El Viento, Colombia. Foto: Pedro R. Eslava,  2016

Sin embargo, en los últimos años en el ubérrimo territorio del Cerrado brasilero han aparecido signos alarmantes, metódicamente estudiados por científicos de allí y de otras latitudes; luces rojas se han encendido en relación con deforestación a gran escala y cambio en el uso de la tierra, escasez de agua y energía, y mayor vulnerabilidad al clima, desaparición de especies nativas y contaminación de los ríos que nacen en el territorio; el Cerrado considerado la sabana con mayor biodiversidad del mundo, así como el segundo Bioma más grande de Brasil, en las últimas décadas (principalmente debido a la expansión agrícola y los incendios forestales) ha sido severamente degradado, perdiendo casi el 50% de su vegetación original; en los últimos años la reducción de la incidencia de lluvias y el aumento de la temperatura favoreció el proceso de degradación del Cerrado en la región norte de Minas Gerais  (Lopes dos Santos et al., 2021), en este ensayo se presentan evidencias de por lo menos 10 estudios que documentan los impactos negativos del modelo implementado en este bioma brasilero; también tratan de las diversas gestiones y acciones que comunidades, gobiernos locales, científicos y organizaciones nacionales que han emprendido iniciativas para monitorear, evaluar y mitigar los efectos del modelo de producción agroindustrial establecido (Alencar et al., 2020).

En nuestro medio, también hemos comenzado a detectar signos preocupantes en relación con la salud de los ríos asociados a la Altillanura, – sabemos menos del estado de los suelos y las aguas subterráneas- especialmente del río Meta (Trujillo et al,   2016); también existen documentos sobre impacto ambiental en los ríos Planas, Tillavá [10], Vichada[11] y Bita (Trujillo et al,  2016 ), se suman además, indicios de efectos en las cabeceras del río Tomo que a mediano plazo pudieran afectar la Reserva de Biosfera del Tuparro, único Parque natural nacional del territorio (Eslava,2016). Los trabajos sobre la salud de la cuenca del río Meta nos dicen que hay amenazas concretas que pueden ir deteriorando la calidad del río y sus ecosistemas asociados, que no solo afectarán a la biodiversidad ahí presente, sino también la seguridad alimentaria de sus pobladores y el sostenimiento de actividades económicas a las que el país le ha apostado (Trujillo et al., 2016).

Cuenca alta del río Tomo
Cuenca alta del río Tomo: 2016. Foto: Pedro R. Eslava

Sin sustraernos de considerar los cambios económicos globales que, a su vez plantean retos locales en lo ambiental y lo político frente a decisiones de producción y consumo, especialmente en cuanto a modelos de desarrollo, nos compete anticiparnos de manera sensata y creativa a los escenarios de catástrofe ambiental y por consiguiente social, algunos ya en fatídica trayectoria, comenzando por pensar y actuar de forma integrada coligando Nexos (Agua-energía-ambiente-comunidades)[12] gestionando modelos de producción sustentables, acciones de gobernanza y proyectos locales participativos que propicien bienestar y permitan la restauración de los servicios ecosistémicos para el disfrute de la todos, construyendo identidad, memoria y cultura ciudadana para la paz.

Por ahora, el modelo de monocultivos agroindustriales, como ha sucedido en el territorio ‘homologo’ del Cerrado Brasileño, está en clara disputa con territorialidades existentes en la región de la Altillanura. Territorialidades expresadas en el disfrute de servicios ecosistémicos y modos de vida de campesinos e indígenas, cuyas características distintivas son la producción diversificada, el uso de recursos disponibles en el entorno y la producción en áreas pequeñas como las vegas de los ríos o sabanas baldías –  o aún, no tituladas-.  No se debe esperar solo un ‘Statu quo’ socioeconómico criollo y romántico, pero tampoco es deseable un crecimiento sin desarrollo humano, que arrase el patrimonio natural y cultural, lo que en verdad es el anuncio de la catástrofe que se debe evitar.

Conclusiones:

  • El modelo de crecimiento económico regional basado en el desarrollo de Monocultivos Agroindustriales copiado del Cerrado Brasileño implica Revisión de riesgos ambientales y sociales que deben ser anticipados.
  • Es fundamental profundizar en la Reforma Agraria: tenencia legal, registro y uso productivo de la tierra requiere instauración y seguimiento de políticas específicas, pensando especialmente en las en las comunidades rurales locales.
  • El monitoreo permanente de variables de salud ambiental y cambio climático, debe ser instaurado con urgencia, contando con auditorías independientes y participación de las comunidades locales.
  • Priorizar especialmente el cuidado y restauración de las cuencas y zonas de protección de los ríos y fuentes de agua subterránea del territorio
  • Es recomendable abordar investigaciones bajo enfoques multisectoriales como la propuesta Nexus para cumplir Objetivos del Desarrollo Sostenible que considere la complejidad: Agua-Energía- Alimentos-Uso de la tierra- relaciones intersectoriales y gubernamentales. 
  • Debemos Pensar el desarrollo socio-económico de la Altillanura integrando políticas procesos de ordenación territorial y protección de los ecosistemas (incluidas las comunidades).

[1] El ensayo en extenso será publicado por la Académico de Historia del Meta. 2021.

[2] … La paradoja del “catastrofismo ilustrado” se presenta de la siguiente manera. Hacer creíble la perspectiva de una catástrofe requiere aumentar la fuerza ontológica de su inclusión en el futuro. Pero si uno tiene demasiado éxito en esta tarea, habrá perdido de vista su propósito, que es precisamente motivar la conciencia y la acción para que no ocurra el desastre… DUPUY, Jean-Pierre Introduction au catastrophisme éclairé (2006) In: La peur: Émotion, passion, raison [en línea]. Bruxelles: Presses de l’Université Saint-Louis, 2006 (generado el 21 juin 2021). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/pusl/22267>. ISBN: 9782802804413. DOI: https://doi.org/10.4000/books.pusl.22267.

[3]  El Espectador, 20/06/2021. https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/humberto-de-la-calle/especialidad-agraria/

[4]  Patricia Gómez Nore, 2016. Vichada: acaparamiento de tierras en la última frontera agraria. https://repositorio.uniandes.edu.co/handle/1992/13346

[5] Beddington, J., Food, energy, water and the climate: a perfect storm of global events? Journal, (2012) 〈http://webarchive.nationalarchives.gov.uk/20121206120858〉〈http://www.bis.gov.uk/assets/goscience/docs/p/perfectstorm-paper.pdf〉.

[6] Steffen W, et al. Planetary boundaries: guiding human development on a changing planet. Science 2015;347(6223):1259855.

[7] Bazilian M, et al. Considering the energy, water and food nexus: towards an integrated modelling approach. Energy Policy 2011;39(12):7896–906.

[8] Head BW, Alford J. Wicked problems: implications for public policy and management. Adm Soc 2015;47(6):711–39.

[9] Rittel HW, Webber MM. Dilemmas in a general theory of planning. Policy Sci 1973;4(2):155–69.

[10] https://semanarural.com/web/articulo/proyecto-petrolero-en-meta-afectaria-nacederos-de-agua/1101

[11]  https://www.anla.gov.co/documentos/biblioteca/reporte_de_alertas_alto_vichada_junio_16.pdf

[12] Ver: propuesta NEXUS Brasil de: Mercure, et al, 2019 System complexity and policy integration challenges: The Brazilian Energy- Water-Food Nexus. Renew. Sustain. Energy Rev. 105, 230–243. https://doi.org/https://doi.org/10.1016/j.rser.2019.01.045

2 respuestas a “Especulación histórica sobre el futuro de la altillanura”

  1. CAMPUS UNIVERSITAS dice:

    Miopía? Ignorancia? Desidia? Torpeza? Con que otras palabras describir, pero sobre todo atajar, esa visión que desde la ramplona versión trasnochada de revolución verde impera en la atillanura? Dicen que quejarse pacíficamente se vale, así es AAYYY! Los improperios que siguen al quejido mejor los tomo prestados de León de Greiff y se los aplico a quienes están llevándo a cabo esas malas, torpes, miopes, tristes, ignorantes, etc. prácticas agroindustriales, y lo hago con el mejor ánimo y mayor energía.
    —De parca parvedad, sobriedad, parquedad, triza
    como gustéis! Ad libitum! Como queráis ¡Atiza!
    y… a pasitrote véte al Karakórum!
    al Karakórum véte, zoilo anémico!
    Chirle arquíloco! Engendro de belitre!
    zafio pelafustán, hez, vermes, larva!
    A pasitrote véte al Karakórum,
    al Pindo o al Parnaso o al Bobea!
    Tomado NOVA ET VETERA.
    Facecieta Coloquial Numero Uno.
    LEÓN DE GREIFF (1979)

  2. […] Me gustaría mucho que las anteriores líneas fueran solo ficciones, esperpentos retóricos de un nativo ecologista, pero me temo que más que una cruda visión apocalíptica tienen mucho que ver con una actitud histórico-filosófica identificada con la corriente crítica denominada por Jean Pierre Dupuy como ‘Catastrofismo Ilustrado’ que nos invita a admitir lo peor, anticipándonos con rigor crítico y acciones razonables, pensando que las catástrofes no son objetos manejables, sino que, por el contrario, son una verdadera amenaza que puede destruirnos. No es verdad, insiste Dupuy, que las catástrofes sean impredecibles. Aparentamos que son lejanas, inaccesibles, irreales (el argumento para una película), porque seguimos empeñados en nuestros cómodos prejuicios, en nuestros viejos atajos mentales o en tradiciones manipuladas[2]. […]

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