Al sabanero Emilio su rumbo se lo marcó el joropo

“A través de tantos años en diferentes lugares, difícil resulta calcular el número de estudiantes que recibieron instrucción folclórica llanera. Contribuyó a formar intérpretes, a la utilización del tiempo libre y a la creación de públicos. Ha sido un silencioso propagador del joropo”.

Con las cuerdas del joropo tejió su itinerante rumbo. (Fotos: archivo personal de Emilio y de Agenda CMI).

Mediante dos llamadas telefónicas en la tarde del último domingo de julio del 2026 al amable Pablo Emilio Nieves con particular atención le escuché contar episodios de su folclórica historia de vida.

Mientras que él con detalles relataba tantas vivencias, en mi mente se iban dibujando rutas en un mapa geográfico que traspasaban los linderos físicos de nuestro país.   

Punto de partida:

Llegó al mundo el 21 de diciembre de 1948 en la vereda las Tres Matas del araucano municipio de Puerto Rondón. Por haber sido en el mismo año del crimen de Jorge Eliécer Gaitán suceso que en los llanos pronto generó violenta persecución conservadora contra los liberales, sus papás con él se refugiaron en sector limítrofe de Venezuela, al otro lado del río Meta.

Cuando el conflicto armado se apaciguó regresaron a Cravo Norte a la propiedad de un pariente que les dejó un terreno para que armaran casa y conuco.

Al cabo del tiempo los papás del chico tomaron la determinación de volver a su punto de origen, es decir a “las Tres Matas” en donde rodeado del ambiente campesino creció escuchando recios joropos que sonaban en el radio familiar que sintonizaba emisoras venezolanas, razón por la cual su crianza tuvo ese alimento espiritual que a partir de tan temprana edad se inoculó en su ADN artístico.

A la par aprendió a leer y a escribir gracias a las enseñanzas que en casa una de sus hermanas le impartió, ella había cursado pocos años de primaria en el pueblo.

Sus primeros instrumentos:

Aunque su ser estaba colmado de tantos sones joroperos a diario escuchados, no sabía con cuales instrumentos los tocaban por eso aprendía las canciones cantando y silbando. 

De pronto esa inquietud comenzó a despejarse. Vecinos eran de un pariente que tenía una arrumada bandolina a la que por precepto religioso no la tocaba porque al hacerlo infringía su fe.  

Esa resultó ser la causa para que el muchacho como regalo del familiar recibiera el instrumento al que con entusiasmo a su modo comenzó a hacerlo sonar, tratando de interpretar algunos de los joropos que en el radio escuchaba.   

Pasado el tiempo a un venezolano que llegó a la vereda su papá le compró una artesanal arpa, siendo el segundo instrumento de cuerdas que Emilio tuvo. Dejó la bandolina porque en adelante en la nueva compañía con pasión afloró su nato talento musical.

Recuerda que en su edad juvenil como polifacético intérprete de música y canto se hizo reconocido en el vecindario. De ahí que con frecuencia con sus papás era invitado a fiestas a las que en ocasiones llevaba el arpa en el lomo de un buey.

Al escucharle tan pintoresco episodio sabanero deduje que entonces el arpa no siempre fue un instrumento de río.

Genuino intérprete de los instrumentos del joropo (Fotos: archivo personal de Emilio Nieves).

La mayoría de edad:

Al igual que todo joven, Emilio amalayaba ser mayor de edad para poder irse a abrir su mundo. Por eso apenas cumplió los años reglamentarios,  entonces eran veintiuno, en su caballo tomó rumbo al área urbana de Puerto Rondón en donde vendió el equino y con esa plata adquirió el pasaje para viajar en avioneta hasta la ciudad de Arauca a tramitar en la Registraduría la expedición de su cédula de ciudadanía 

Portando el anhelado documento de identidad regresó a su paterna casa campesina y a sus papás les anunció que se despedía porque con su innato talento folclórico marcharía a abrirse camino. 

El juglar tomó aventurero rumbo:

En un restaurante de Tame comenzó a ganarse la vida como músico. Meses después a desempeñar el mismo oficio se trasladó a Paz de Ariporo, Casanare, luego viajó a Trinidad en donde con sus contemporáneos Luis Felipe Salcedo, Manuel Durán y Cayetano Vargas conformaron conjunto haciéndose conocidos. 

Allí todo iba bien hasta que para evitar ser reclutados para el Ejército los cuatro se trasladaron a Yopal en donde siguieron su labor musical. Cierto día supieron que en San Martín, Meta, iba a ocurrir un festival de joropo. La convocatoria los motivó y tomaron rumbo al nuevo destino.

Cuenta Emilio que con el nombre de los Cimarrones del Llano concursaron y para sorpresa ganaron el primer lugar en la modalidad de Conjunto, era noviembre de 1972. Recuerda que su arpa tenía clavijas de madera y cuerdas de nailon.

Tras el triunfo en San Martín viajan a Villavicencio en donde a principios de diciembre se cumplía el Festival Nacional de la Canción Colombiana y la fiesta del Joropo. Buena temporada para el trabajo musical serenatas y en estaderos, además se dieron a conocer entre los demás artistas del folclor llanero de la ciudad.

Ese año, 1972, marcó su vida porque en el último mes se radicó en la capital del Meta, del mismo modo otros de los integrantes del grupo musical.

Con satisfacción relata que al siguiente año resolvió participar como coplero en el villavicense Torneo Internacional del Joropo. En total quince contrapunteadores colombianos y venezolanos se inscribieron. Al final Pablo Emilio Nieves conquistó el primer puesto en diciembre del año 1973. 

Mientras transcurría el tiempo hubo oportunidades laborales en Bogotá ya con Luis Quinitiva, ya con Carlos “Cuco” Rojas, logrando la amistad y reconocimiento folclórico del Maestro investigador Jacinto Jaramillo quien los incluyó en frecuentes actividades de Colcultura.  

Cuenta Emilio que el bogotano punto de concentración era el Seminario San Buenaventura después convertido en universidad.

Itinerario como instructor musical:

El reto para convertirse en profesor integral del joropo comenzó en el año 1978 cuando por recomendación de Eliseo Martínez R, laboraba en la Secretaría de Educación del Meta, al alcalde del municipio de Castilla la Nueva lo recomendó para que se encargara de la academia folclórica local.

En tres diferentes épocas allá laboró. Según sus cuentas acumuló alrededor de 30 años de servicio.

La misma tarea la hizo en más territorios metenses, Acacías: 7 años, Vistahermosa: 5 años, Puerto Gaitán: 6 años, Fuentedeoro, y pocos meses en Puerto Lleras. De igual manera enseñó en San José del Guaviare: 4 años y en Medina (Cundinamarca). 

A través de tantos años en diferentes lugares, difícil resulta calcular el número de estudiantes que recibieron instrucción folclórica llanera. Contribuyó a formar intérpretes, a la utilización del tiempo libre y a la creación de públicos. Ha sido un silencioso propagador del joropo.

Emilio en la entrega del Nobel a Gabo:

Cuando conformaron la delegación folclórica nacional que iría a la capital de Suecia a la entrega del Premio Nobel de Literatura otorgado a Gabriel García Márquez, dentro del grupo del folclor llanero como arpista suplente del Cuco Rojas fue incluido Emilio Nieves. Así, en noviembre de 1982 integrando tan selecta embajada estuvo en Estocolmo.

Al regreso, con más folcloristas de dicha delegación el juglar Nieves fue invitado a una entrevista en el programa de televisión dirigido por Yamid Amad.

Años después, el mismo afamado periodista encargó al grupo de producción de su espacio televisivo para que localizaran y entrevistaran a Pedro Emilio Nieves.

Lo encontraron dictando clases en el municipio de Vistahermosa, Meta, en cuyo parque central le realizaron la entrevista que luego emitieron en la sección Agenda CMI del noticiero, año 2010. Sin duda alguna hoy es un valioso documento audiovisual titulado “El ritmo recio de la llanura en Estocolmo”.

Puede mirarse ingresando por el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=02nMUbLgLi4  

Algunas de sus muchas anécdotas artísticas:

De la alforja de sus recuerdos saca las siguientes: estando con el conjunto en Bogotá, bajo la coordinación del Maestro Jacinto Jaramillo, les anunciaron que debían preparase para actuar en evento privado en el barrio El Chicó. Llegaron al lugar y cuando empezaron su participación se enteraron que era un homenaje al candidato presidencial Virgilio Barco V.

Para unas fiestas patronales de Ibagué el connotado Luis Ariel Rey le solicitó que lo acompañara como arpista del grupo, debido a que el intérprete oficial no podía asistir a las presentaciones. Él aceptó la solicitud. 

Por fuera del país también estuvo en gira por cinco ciudades de España integrando el conjunto de folclor llanero dirigido por Carlos “Cuco” Rojas.

De participaciones en telenovelas cuenta que apareció en algunos episodios de  “La vorágine” y de “La Potra Zaina”.

Volver a su pueblo:

En su casa de Villavicencio el polifacético cultor le sigue dedicando tiempo a su añeja pasión (Fotos del archivo personal de Emilio Nieves)

Debido a diferentes motivos muchos años hace que no visita a su patria chica, motivo por el cual recibe reclamos de sus parientes y paisanos.

Tratando de enmendar un poco esa situación el genuino cultor en el primer semestre del 2026 compuso y grabó en Villavicencio en el estudio de Carlos Orozco el joropo titulado “Rumbo a mi pueblo”, obra que puede escucharse ingresando en el siguiente sitio:

https://www.youtube.com/watch?v=Rcnn5hNb_XM

Nota: expreso mi especial agradecimiento al folclorista Omar Nieves Valdez, hijo de Pedro Emilio, por su colaboración para poder redactar esta historia de vida del juglar. 

Sugerencia: complemento de la anterior crónica de Emilio Nieves es la de su colega, cuando en los años setenta llegaron al Meta:

2 respuestas a “Al sabanero Emilio su rumbo se lo marcó el joropo”

  1. Marta Ines Gonfrier Sarmiento dice:

    Gracias. Todo lo que enaltece al llano me llena de felicidad. Cordial saludo

  2. Fabián Quiroga dice:

    Excelente

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