“Digo que lo que sucedió y sucede casi no se escribe desde adentro, pero de manera constante muchos de sus visitantes sí lo hacen contando y compartiendo gratas vivencias en ignotos escenarios naturales, a través de medios de comunicación masiva como periódicos, también por las redes sociales”.

A siete meses del décimo aniversario de la firma del acuerdo final de Paz, expuse esta ponencia el sábado 11 de abril en la ciudad de Yopal durante el II Encuentro de Escritores de la Llanura colombiana.
Está soportada en informaciones escuchadas de fuentes primarias tanto en territorios como en espacios académicos.
Cuento que además de mi espíritu viajero por lugares metenses, a nombre de la Unillanos participé en la Red de Universidades por la Paz que a la vez me permitió ser invitado a eventos de la regional Comisión de la Verdad.
En su momento, algunas de esas historias las recogí y las publiqué de manera principal en el muro de mi cuenta del Facebook.
Sin lugar a dudas la transformación del territorio es una realidad gracias al imperfecto acuerdo de paz que con el silencio de fusiles y bombardeos permitió el turismo de naturaleza, no solo nacional, que hoy tiene significativo auge.
Digo que lo que sucedió y sucede casi no se escribe desde adentro, pero de manera constante muchos de sus visitantes sí lo hacen contando y compartiendo gratas vivencias en ignotos escenarios naturales, a través de medios de comunicación masiva como periódicos, también con audiovisuales por internet (Facebook, Tic Toc).
Literatura medicamento para mitigar tristezas
En octubre de 2008, ocho años antes de la firma del acuerdo de paz, participé en un evento literario en San José del Guaviare organizado por el Fondo Mixto de Cultura de ese departamento en cabeza de la doctora Blanca Ligia Suárez, su gerente.
Allá pude charlar con una señora de extracción campesina que en el silencio de su rural casa en otro municipio guaviarense, disipaba amargas penas escribiendo sencillos textos poéticos.
Ella fue madre de tres hijos varones los que en plena juventud tuvieron triste final. Uno se enroló con el ejército nacional y en enfrentamiento con la guerrilla cayó muerto. Otro se unió a la guerrilla, y luego de varios años de estar en ese medio desde la selva de cuando en vez le mandaba a decir que quería abandonar filas.
A su vez, el retoño menor que a sus papás los acompañaba en la finca, falleció víctima de un accidente con un caballo.
En el fragor del conflicto armado se leyó literatura:
A nadie se le ocurre pensar que en momentos del crudo conflicto armado en selvas y montes hubiera tiempo para leer literatura y temas de otras áreas del conocimiento. Sin embargo así sucedió antes de la firma del acuerdo final de paz.
Las siguientes dos historias narradas por Alejandro y por Nelson quienes desde distintos bandos las vivieron en lugares de la Orinoquia, atestiguan que en ese violento período libros y otros materiales impresos formaron parte de sus equipajes.
Alejandro es araucano y firmante de paz domiciliado en un ETCR del departamento del Meta.
Me contó que dentro de la organización del insurgente movimiento del cual durante diez años hizo parte era obligación instruirse en lectura y escritura, por eso recuerda que entre la dotación bibliográfica que las compañías de los frentes guerrilleros había libros de literatura entre otros autores de Bertold Brecht, Mario Benedetti, Vargas Vila y García Márquez.
Dijo que para iniciarse en comprensión de lectura los “profesores” a sus estudiantes les ponían a leer y analizar títulos como Juan Salvador Gaviota, El principito y El viejo y el mar. También que los domingos en las horas culturales leían poesía.
Una norma superior a cada compañía le dictaba tener biblioteca móvil a cargo del “secretario de educación” responsable del inventario de los libros y del control de los préstamos. Por cada 50 combatientes la biblioteca estaba dotada de hasta ciento veinte libros no solo de literatura.
Narró que mínimo cada combatiente en calidad de préstamo cargaba dos libros, y que en ocasiones hubo buenos lectores a quienes les prestaban tres y hasta cuatro títulos.
Siendo integrante de la Policía al villavicense Nelson le tocó que vivir la guerrillera toma de Mitú, Vaupés, sangriento episodio del cual salió ileso pero que lo hizo caer cautivo. Sucedió en los primeros días de noviembre de 1998.
La insurgencia los llevó a la profunda selva en donde como secuestrados por años vivieron en jaulas y en cambuches.
Entre las muchas anécdotas que recuerda de tan amargo trance están algunas que tienen que ver con la lectura en cautiverio, importante ejercicio para mitigar su desconsuelo que igual hicieron sus compañeros de infortunio.
Cuenta que el primer documento impreso que sus captores les entregaron fue una cartilla Coquito para que aprendieran a leer. Ese gesto les generó risa pues ellos ya eran bachilleres.
Habían pasado unos cuatro meses del secuestro cuando mediante acuerdo logrado con las Farc la Defensoría del Pueblo logró ingresar al sitio en donde se encontraban, con el fin de obtener pruebas de supervivencia de todos los policías cautivos.
Coincidió que el Defensor Nacional era José Fernando Castro Caicedo, hermano de Germán el reconocido escritor.
Ese parentesco resultó muy clave para la vida de los secuestrados porque el señor Defensor les llevó una colección de obras literarias escritas por su hermano; además, ejemplares de las revistas Semana y Selecciones, periódicos como El Tiempo y un ejemplar de la Biblia, también cartas de los familiares. Dijo que todos esos documentos les cayeron como del cielo.
Así, en la profunda selva los uniformados se deleitaron leyendo cartas de sus parientes y novelas como El Karina, La Bruja, Perdidos en el Amazonas, Colombia amarga y Hágase su voluntad.
Pasados unos años mediante canje pactado entre las Farc EP y el gobierno de Andrés Pastrana, la guerrilla dejó libres en La Macarena, Meta, a unos policías entre los cuales estuvo Nelson Martínez. A su vez, el gobierno liberó guerrilleros que estaban presos.
El eco turismo redención económica de la Colombia profunda y la oralidad:

Un caso que conozco es el del propietario de una finca en la vereda La Argentina del municipio de Mesetas. Es lugar de turismo porque tiene tres hermosas cascadas.
A sus visitantes él les oferta los recorridos eco turísticos y en un punto de la ruta que llama “el Mirador” hace descanso y les narra episodios vividos en su territorio durante el conflicto armado. Experiencia que sus clientes no la esperan.
Por eso, además del disfrute de los atractivos naturales los visitantes reciben información y hacen reflexiones personales allí mismo en donde la guerra estuvo y ahora se respira paz.
También William el propietario guía les canta joropos y les declama poemas de Héctor Paúl V, de los que le grabó Juan Harvey Caicedo.
La villavicense editorial Entreletras con el escritor y filósofo Nayib Camacho han realizado algunos talleres de literatura enfocados a personas víctimas del conflicto armado.
Dos son las publicaciones que contienen escritos autoría de participantes en tales ejercicios, sus títulos: “Estos tiernos, estos dulces parajes” y “Para que la memoria no sea un cementerio en la cabeza”, de las cuales dice Nayib:
“Estas publicaciones son el resultado de los talleres impartidos. La edición de estos libros son valiosos aportes de personas que vivieron en carne propia los horrores de la guerra, pero que a través de la literatura han convertido su dolor en postales literarias que conmueven.
Pero lo más importante es que en ellos ha quedado sembrada la semilla de la creación y expresión literaria como alternativa de comprensión de lo vivido. Y, sobre todo, la posibilidad de expresarse en términos del arte literario”.
Montajes escénicos a cargo de Mujeres buscadoras que conformaron el colectivo El Tente. A manera de guión cada una cuenta su dolorosa tragedia familiar con prendas y utensilios de sus familiares víctimas de la desaparición forzada.

Documento Diccionario fariano “lo que no se nombra no existe”:
Es un interesante insumo impreso que recoge léxicos durante años construidos por integrantes de las filas insurgentes. Son códigos compartidos que les sirvieron para comunicarse.
Lo entregaron en certámenes públicos organizados con el apoyo de instituciones nacionales e internacionales.


Nota: El II Encuentro de Escritores de la Llanura Pluma de la Orinoquia lo organizó la Asociación de Escritores de Casanare –Escas- con el auspicio del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, también de la gobernación de Casanare y de la alcaldía de Yopal.
Yopal, abril 10, 11 y 12 de 2026
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