(LA) URIBE, ENTRE ILUSIONES Y REALIDADES

“Si los tiempos se cumplen y los sueños se realizan, posiblemente Uribe, en diez años se estaría consolidando como centro subregional de importancia, al sur del Meta”

Área urbana del histórico municipio de Uribe, Meta (Foto: Miguel Venegas R)

Escribir sobre Uribe-Meta es antojarse uno por escudriñar buena parte de la historia nacional, esa historia que a comienzos del siglo XX reafirmó la impronta de las economías extractivas, matizada por la tragedia de la expulsión, el despojo y la violencia que como un extraño telón de fondo, ha dominado en el teatro de las acciones humanas, en el acontecer y la cotidianidad de las gentes de la región. En tres ocasiones he estado en Uribe: hace mucho tiempo, en épocas “duras” de la guerra, cuando el viaje después de Mesetas adquiría cierta connotación de riesgo o de aventura para el forastero que se adentraba en territorios un tanto desconocidos y cuyos imaginarios, difundidos por la prensa capitalina, daban cuenta de la  épica convivencia del dolor,  la tristeza, la huida permanente y la fe inquebrantable en poner algún día el destino a favor de los moradores.

Una segunda ocasión, cuando declarada la Zona de Distensión, coordinaba los diplomados en Gestión Cultural  para Mesetas, Vistahermosa, La Macarena y Uribe; por enésima vez había optimismo y voluntad  para trabajar en iniciativas forjadoras de paz, inclusión, identidad y prospectiva. También por enésima vez,   como un castillo de naipes, las ilusiones se derrumbaron y reinó la incertidumbre. Y ahora, luego de firmados los Acuerdos de La Habana, he regresado para Navidad; se percibe otro ambiente, sus gentes, más propositivas y amables, parece  que han hecho un pacto de querer salir adelante, de apostarle a un futuro promisorio,  de arrinconar la guerra, expulsarla de su cotidianidad y desterrarla de su territorio, rindiéndole tributo a esos empresarios anónimos que a píe descalzo, bajaron por el Duda hace más de cinco décadas.

Historia Mínima

La región comienza a tener reconocimiento en la historia nacional por allá a finales del siglo XIX cuando tras la quina y el caucho, las últimas avanzadas de la casa Arana  arrasan con los bosques naturales y con los aborígenes de la cuenca del Guayabero. Posiblemente, las empresas de Rafael Reyes a la zaga de los peruanos, habrían hecho lo propio a comienzos del siglo XX, dando inicio a la incesante praderización del piedemonte, al norte de Caquetá y  sur del Meta.    

Hacia 1886, algunos pioneros de la industria petrolera iniciaron procesos de exploración que no fructificaron y junto con quineros y caucheros  se fueron a la quiebra;  sin embargo, las dinámicas locales lideradas por la Compañía Colombia y Herrera y Uribe fueron conformando un asentamiento reconocido en la tradición oral  como “la estación”, que con los años terminó llamándose Uribe, recordando a Antonio Uribe; tal vez sea la razón por la cual las gentes aún le anteponen el artículo.

El camino Uribe-Colombia, reconstruido por Lucio Restrepo hacia 1924, recuerda la ruta precolombina que comunicaba la región del Duda con el valle interandino del Magdalena, a la altura de Huila y Tolima, y adquirirá significativa importancia en los años cincuenta, cuando por allí avancen las “Columnas de Marcha” buscando refugio ante la persecución de las Fuerzas Armadas. Bien se sabe que gran parte del poblamiento reciente del eje Ariari-Duda-Guayabero tiene su razón de ser en dicha movilización campesina.

La violencia partidista de los años sesenta y particularmente, la presencia de las FARC a partir de 1964, marcarán el destino de Uribe, hasta hoy. Los procesos de paz, particularmente el de la administración Betancur en 1984 mostraban la urgente necesidad de una salida política a una guerra que se profundizaba y que con nuevos ingredientes parecía dar réditos políticos y económicos a los actores involucrados, armados y desarmados. El bombardeo de Casa Verde en 1990, justo el día de la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, arrojó por la borda los esfuerzos por mantener la tregua convenida. Con la declaratoria de la Zona de Distensión para los diálogos del gobierno Pastrana y las FARC, Uribe quedó dentro de los cinco municipios de lo que peyorativamente se denominó “el despeje”.

Nuevamente, como bien lo dice la canción, la población “enderezó por la senda con (mi) su bagaje de sueños” y  la institucionalidad del Estado hizo presencia para canalizar las iniciativas de gestión local hacia la instancia nacional correspondiente para su aval y ejecución posterior. Allí en ese espacio, lo recuerdo hoy, se concibieron los diplomados en Gestión Cultural como una propuesta regional con el liderazgo de Unillanos, Corcumvi  y el Fondo Mixto de Cultura del Meta, entre otros.

Pero, como bien lo sentenciara en su momento Otto Morales Benítez, los enemigos de la paz actúan agazapados, la Zona de Distensión llegó a su fin, se rompieron los diálogos y literalmente “salimos apurados” de Uribe. Volvían los tiempos de la confrontación pero con nuevos ingredientes: el cerco paramilitar a los cuatro municipios que le habían apostado a la búsqueda de la paz y el estigma que se cernía sobre los moradores; todo se “caguanizó” y el luto y la fatalidad se enseñorearon por doquier. En curso la diáspora,  unos moradores, jóvenes y viejos, se fueron, de otros no se volvió a saber nada y muchos más, seguramente descansan en paz…  en sepulcros o en fosas comunes.

Parábola del retorno

Los tiempos pasan y otra vez el coraje y la obstinación se apropian del territorio. Como en una rutina  más del Ave Fénix, muchos de los que se fueron han regresado y con empeño y fortaleza nuevamente emprenden la dura tarea de la reconstrucción;  los abrazos se hacen frecuentes y el duelo por las ausencias es el acicate para asumir las contingencias y vencer las dificultades. Se le rinde tributo a la memoria, a la geografía y al paisaje; la vida del municipio renace en cada calle, en cada esquina, en sus polideportivos y en sus ríos y cascadas. El Alto del Gobernador ya no está lejos, mucho menos Jardín de Peñas y al otro lado del Duda, con nuevo puente incluido, en el horizonte aparece el trazado de la carretera a Papamene.

Nuevo puente sobre el Duda, vía al Papamene (Foto: Miguel Venegas R)

También me imagino, por los relatos de caminantes y viajeros, que en La Julia reverdece la esperanza. Las paredes en tabla y travesaños de madera, están cediéndole el paso al ladrillo y a la cercha metálica, nueva infraestructura hotelera está a disposición de los visitantes y abundan las ofertas ecoturísticas.

El café y el cacao asumen la vanguardia de la producción agrícola, que es diversa y de buena calidad. Los acuerdos de paz, una vez más, se constituyen en la carta de navegación para que la vida en Uribe tenga un sentido distinto al de la supervivencia. Así van las cosas; como dirían los Incas, trabajar, sí, pero contentos.

El presente actuante

La categoría de municipio le fue  reasignada en 1990. Actualmente cuenta con 16 mil habitantes, de los cuales 4 mil están en la cabecera, con la Julia  y El Diviso como centros poblados, y 57 veredas. Los Acuerdos de La Habana y los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial le han permitido a la administración local interlocución especial con el gobierno nacional para la gestión de iniciativas  que se consideran  estratégicas para la región: la culminación de la carretera que comunica  a Mesetas y Granada con Uribe, cuyos trabajos avanzan con celeridad; el acueducto para  La Julia, con un trayecto de 19 kms. desde su bocatoma, beneficiará a aproximadamente 500 habitantes del centro poblado; la carretera que unirá a Uribe con Papamene, cuyos trazados han sido  debidamente avalados y que con el recientemente construido puente sobre el río Duda, irá a “desembotellar” vastas  zonas  de producción agropecuaria; y tal vez el proyecto más ambicioso para el gobierno nacional: La ruta Uribe-Colombia, que uniría -según lo presupuestado- al Orinoco con el O. Pacífico, desempolvando una vieja travesía que está en la memoria desde los tiempos precolombinos.

Nuevamente el Cañón del Duda aparece  en la agenda nacional, en esta ocasión no como estrategia militar sino como factor de integración  de dos Colombias curiosamente ligadas a las economías extractivas pero muy distantes del disfrute de las bonanzas que han propiciado. Sin embargo, su ejecución tendrá que vencer las dificultades propias de los riesgos ambientales que podría causar dada la magnitud de la obra y la sensibilidad de los ecosistemas que afectaría. Es importante destacar, porque así ha sucedido con proyectos de esta envergadura, que  efectos colaterales como la recesión social,  el incremento de la plusvalía y  la concentración de la tierra, no se harían esperar con todas sus consecuencias; tres ejemplos bastan: la salida a Urabá en Antioquia, la vía a Puerto Gaitán y la vía a San José del Guaviare. La administración local y las organizaciones sociales de base tendrán mucho que decir al respecto.

El Duda a su paso por el área urbana municipal (Foto: Miguel Venegas R)

La producción agrícola  se ha diversificado, con  mayor énfasis en el café, el cacao y el plátano. Las variedades regionales de café han ganado prestigio y en consecuencia, su certificación, gracias al trabajo de la Asociación de Cafeteros de Uribe, un centro de acopio que superando las dificultades propias   del intercambio, ha acogido la idea de investigar aún más  las ventajas competitivas del grano producido allí. En esa línea, también se explora la posibilidad de optimizar la oferta de cacao, a partir de su transformación para obtener un mayor valor  agregado; hay empeños de la administración local en estos emprendimientos, sin perder de vista el fortalecimiento de la organización comunitaria, base y fundamento de las nuevas ciudadanías, de la gobernanza  y del poder local.

Ante las  serias advertencias  del cambio climático se vislumbra ya la implementación de un  proyecto de energía solar que, por ahora y experimentalmente, beneficiaría a 800 unidades familiares; en el mismo sentido, como política  de desarrollo económico, la Alcaldía no deja de sugerir  elevar la productividad responsable, con tecnologías y prácticas acordes con la sostenibilidad ambiental y la conservación de los ecosistemas. Cuidados extremos deben implementarse en los emprendimientos turísticos.           

Si los tiempos se cumplen y los sueños se realizan, posiblemente Uribe, en diez años se estaría consolidando como centro subregional de importancia, al sur del Meta; las condiciones socioeconómicas, culturales y ambientales de tal consolidación, estarán determinadas por factores que hoy están relacionados con el futuro de la implementación de los Acuerdos de Paz que depende en buena parte, de la voluntad política y la disponibilidad financiera del Estado colombiano y del gobierno nacional; si bien es cierto que el conflicto armado ha disminuido, los fantasmas de la guerra aún merodean en el ambiente, especialmente por las prácticas de intimidación y aconductamiento que se resisten a desaparecer.

Por ello, la administración local ve con urgente necesidad, la inversión social en programas específicos para la familia y  los jóvenes y para asuntos de género, complementando de esta manera la presencia del Estado en procura de la estabilización definitiva y creciente de la zona. (La) Uribe lo merece, para que las generaciones presentes y futuras puedan disfrutar de la paz y la libertad en los territorios que sus mayores decidieron forjar  la tierra de promisión.   

Nota: este artículo antes lo publicó el periódico Llanos sie7e días    

Una respuesta a “(LA) URIBE, ENTRE ILUSIONES Y REALIDADES”

  1. Jaime Guarin dice:

    Gracias profesor Miguel, por tan importante aporte y lograr de manera invaluable socializar y hacernos participes de tanta maravilla aún desconocida para los propios y también para estrangeros, exteriorizo mi gratitud viejo Migue, recuerdo y saludo a Bernardo…éxitos en tan gran propósito…!

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