CRISTO REY: RECUERDOS DE SU ORIGEN

“El sábado 30 de este mes la atalaya villavicense cumple 72 años. Para la ciudad Cristo Rey es uno de sus más importantes símbolos patrimoniales de su cultura material”

Fue la primera obra monumental a campo abierto que tuvo la capital del Meta (foto: Óscar A Pabón M)

En la revista Trocha, dirigida por don Leonidas Castañeda, edición No. 148 correspondiente al mes de febrero de 1988, aparece una carta del sacerdote Eliseo Achury Garavito en la que se refiere a las obras que para entonces se construían en el cerro de Cristo Rey, es decir la concha acústica Arnulfo Briceño y su vía de acceso. En un aparte de aquella misiva el sacerdote expresa:

“ …. Seguramente por el cariño que guardo a ese Villavicencio del que fui su Párroco hace ya más de cuarenta años y a donde tengo aún tantos amigos, que  me  ayudaron  entusiasmadamente  a erigir  el  bello  monumento  a  Cristo Rey,  y  que  debe  cumplir  el  año  próximo  cuatro  décadas  de  su  solemne inauguración.

Y, ya que menciono este hecho, le digo, don Leonidas, que, al leer ayer su revista,  sentí  harto  pesar  por  ese  atentado  de  que  fue  objeto  ese  cerro bendito, que en tiempos de más fervor llamábamos “nuestro Monserrate”, a donde  subían  personas  descalzas  en  actitud  penitente  por  esa  sencilla carretera que también les dejé como recuerdo, hecha por los campesinos a pico de pala, y sin ayudas oficiales de ninguna clase”.

Este texto redactado hace ya 33 años y fracción, nos permite conocer la versión del autor intelectual y principal gestionador de la primera obra monumental escultórica que tuvo la capital del Meta, la cual se ubica en el cerro de El Redentor, nombre que perdió por el de Cristo Rey, debido a la caprichosa fuerza comunicativa oral de los villavicenses, elemento que  forma parte de su identidad cultural.

Otra fuente escrita titulada “Memorias de la Misión Montfortiana en los Llanos Orientales”, autoría de Monseñor Francisco José Bruls, tercer Obispo de nuestra Diócesis, sobre el mismo asunto narra la siguiente historia:

Estando de párroco de la catedral el padre Eliseo Achury, había madurado la idea de un monumento a Cristo Rey en la entrada de los Llanos Orientales. Se  tropezaba  con  la  dificultad  de  que  en  el  hermoso  cerro  donde  debía quedar el monumento, no había piedras para su construcción.

Entonces se vio el alegre espectáculo de que a la hora de terminar las clases en  los  colegios,  se  formaba  una  larga  procesión  de  jóvenes  y  niñas,  que subían la cuesta llevando todos una piedra al hombro. Hasta los jóvenes de la Acción Católica tomaban parte en aquel piadoso deporte”.

En otro aparte del escrito, Monseñor Bruls nos cuenta que “Los trabajos se iniciaron en septiembre de 1948. Hubo alguna vacilación al principio, por la falta de conocimiento del maestro de la obra. Al año siguiente en la fiesta de Cristo Rey, octubre 30 de 1949, se hizo la bendición solemne.

Muchísima gente asistió a la Misa celebrada en el altar del Monumento. El padre Pardo Murcia, hizo un discurso emocionado y florido, según su estilo muy personal. Don Delio Gómez habló en representación de los feligreses de Villavicencio.

Desde entonces se celebra tradicionalmente la misa al pie del monumento en la  fiesta  del  Cristo  Rey.  En  febrero  de  1950  se  compró  a  don  Vicente Sanabria una hectárea de terreno a mano derecha del monumento, con el fin de impedir que se establecieran allí casas de mala ley. Un mes más tarde el padre Eliseo Achury, inició los trabajos del ramal de carretera, que conduce

al  monumento.  Durante  la  violencia  amenazaban  a  veces  con  dinamitar  la obra, pero no sucedió nada”

Desde su inauguración en octubre de 1949 se convirtió en el principal mirador villavicense (foto: Óscar A Pabón M)

Tanto el padre Achury como Monseñor Bruls, quien por aquellos años era su superior, reconocen el trabajo de quienes a pie cargaron los materiales hasta la cima del cerro.

Con ésto queda claro, que la obra de Cristo Rey fue levantada de forma colectiva por la comunidad villavicense. De manera curiosa, los dos narradores en cambio sí olvidaron nombrar al autor de la escultura y el costo que pudo tener su diseño y elaboración.

Para bien de la historia local y gracias a la retentiva de nuestro siempre bien recordado Monseñor Gregorio Garavito, en entrevista concedido en octubre de 1999 al periódico Llano 7 días, podemos saber que quien construyó la gigantesca escultura vigía de los villavicenses, fue el artista Dídimo Beltrán que tenía su taller en Bogotá.

En la parte final del segundo texto de monseñor Bruls, deja saber sobre dos inconvenientes que surgieron luego de inaugurarse la obra. El primero fue el interés de construir sitios para actividades no santas cerca de ésta.

La segunda tuvo origen en el estado de violencia política, entre liberales y conservadores, que durante y después de la construcción vivió la región y el país, como consecuencia del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

En este periodo se sabe de la parcialidad del clero por el gobierno conservador, adhesión que los liberales de la comarca fustigaron, quienes en retaliación lanzaron sus amenazas terroristas contra la escultura.

La memoria de algunos testigos recuerda que cuando el monumento, de pesadas piezas articuladas, fue a ser instalado sobre su base, uno de los brazos causó un accidente que le produjo la muerte a un obrero.

Al respecto, debemos imaginarnos la gran dificultad para subir primero las toneladas de materiales empacados en costales y cargados en hombros por la feligresía de la localidad y luego a las gigantescas partes de la obra de arte por el entonces angosto camino que partía del parque Infantil, pues a

decir de Monseñor Bruls fue solo hasta el año 50 cuando, siguiendo el mismo trazado, se construyó el carreteable hacia el sitio.

Desde el momento de su inauguración Cristo Rey abrió sus abrazos a quienes habitamos el piedemonte que está a los pies del cerro sobre el que quedó erigido.

En correspondencia a su piadoso gesto, a partir de entonces, quienes habitaban el poblado le dieron su mirada. Así, el siempre majestuoso y blanco Cristo Rey se convirtió en el más céntrico atractivo destino turístico y en la mejor atalaya para contemplar el poblado.

Antes, la parte intermedia del cerro El Redentor tuvo alguna importancia, pues por allí se ubicó el acueducto por gravedad que por muchos años surtió a la zona urbana.

En la construcción de esta obra religiosa, años 1948 y 1949, la comunidad villavicense jugó importante rol
(foto: Óscar A Pabón M)

Indiscutiblemente el cerro se llenó de interés y querencia por parte de los moradores de la localidad con la construcción de la capilla y del monumento en su cima.

Por ello, en ausencia de espacios de recreación varias generaciones de villavicenses tuvieron en las faldas de la loma los sitios propicios para jugar aventuras fantásticas inventadas por ellas. Aquellos maravillosos sueños infantiles están por allí refundidos.

Igual suerte corren los obligados y alegres paseos familiares y de amigos que el sitio convocaba y las alcoholadas tertulias nocturnas de los años sesenta, realizadas por un grupo precursor de la poesía local.

Con el correr de los años, la habladuría popular le creó a la construcción religiosa un poder mágico, consistente en que todo aquel forastero que lo visitara y que tomara agua del Guatiquía, no se iría nunca de Villavicencio. Habrá que investigar si este conjuro se cumple aún.

Durante su permanencia sobre la capilla-pedestal, son pocos los trabajos de mantenimiento que se le han practicado al monumento. Finalizando el año 1993 por gestión del Comité Cívico de Villavicencio se contrató al maestro Eduardo Bohórquez, reconocido restaurador nacional en especial del tema religioso, para que rejuveneciera a nuestro Cristo Rey.

Sorpresa grande se llevó el Maestro cuando al trabajar el pecho de la escultura encontró un alto relieve que siempre había sido pintado de blanco. El descubrimiento hizo evidente que nuestro Cristo Rey era también un Sagrado Corazón, identidad siempre ignorada por los villavicenses.

Por determinación propia, el restaurador Bohórquez pintó con barniz rojo al relieve hallado, detalle que así hoy le contemplamos.

El sábado 30 de este mes la principal atalaya de Villavicencio cumple 72 años de haberse inaugurado. Para la ciudad Cristo Rey es uno de sus más importantes símbolos patrimoniales de su cultura material.

Nota: el original de este artículo lo redacté el miércoles 13 de octubre de 2004. Esta versión está corregida.

5 respuestas a “CRISTO REY: RECUERDOS DE SU ORIGEN”

  1. Jairo Ruiz Churión dice:

    Allí pasamos muchas horas, cuando éramos estudiantes del colegio La Salle, jugando e investigando los insectos y la Flora de ese cerro. También fuimos testigos muchos años más tarde, de la construcción de la Concha Acústica para los eventos culturales del torneo internacional del joropo.

  2. Eduardo Rozo Briceño dice:

    Muchos recuerdos de Cristo Rey y su cerro en mi niñez. Cuanto juegos de “vaqueros y apaches”. Emulando lo que veíamos en el teatro CONDOR Los domingos.

  3. Mauricio Gnecco dice:

    Hacia finales de 1996 el Dr. Paul Shmulders de la U. de Delft en compañía de otros investigadores holandeses, realizaba un viaje de estudios en los llanos, correspondiéndome como co-investigador programar y liderar los desplazamientos. A su llegada les invité a subir al Cerro de Cristo Rey para que desde allí observaran el magnífico panorama que desde ese elevado lugar se aprecia.
    El Dr. Shmulder desde sus 2,12 metros de estatura exclamó al llegar al mirador superior: ” si hubiese un Cerro como éste en Holanda, veríamos todo el país!”.
    Cada visitante que arriba lo llevo a ese lugar, … seguirán llegando.

  4. Néstor Restrepo Roldán dice:

    Felicitaciones en el cielo a quienes hicieron y participaron en la construcción de tan emblemático ícono del catolicismo llanero. La idea surgió del profesor Delio Gómez, propietario de la librería y papelería La Manigua, corresponsal del periódico La Patria, yerno de don Rafael Jaramillo, propietario del almacén Cristal.

  5. Jaime Guarin dice:

    Exteriorizar el reconocimiento y gratitud a Oscar Pabón,por este invaluable refresco histórico y cultural en nuestras memorias, excelente, gracias…!

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