Villavicencio, bienes de la cultura llanera en su arte urbano

En tiempos de post Independencia ocurrió el origen del caserío de Gramalote, que por decisión gubernamental a partir del 21 de octubre de 1850 se llamó Villavicencio. Sus primigenios habitantes llegaron del Oriente de Cundinamarca.

Quizá la economía ganadera mucho tuvo que ver en la espontánea conformación del asentamiento humano, ya que en su vecindad estaba el inicio del camino de herradura, o de Apiay, por el cual desde tiempos de la Colonia hacia Bogotá se arriaron cientos de vacunos de las razas casanareña y sanmartinera.  

Aproximación histórica a la “llaneridad” villavicense y lectura de ciudad desde su equipamiento artístico

Centenaria panorámica del poblado:

Villavicencio y los Llanos (grabado de Riou, 1879) (*)

Dentro de la local historia de las artes visuales esta panorámica hasta el momento se convierte en la más antigua conocida, cuya vista y título al caserío le dan la connotación de “llaneridad”.

Obra en técnica de grabado autoría del artista francés Riou quien en su país lo realizó a partir de las descripciones dadas por su paisano Eduard André, viajero naturalista que por Villavicencio y sectores vecinos anduvo en 1876.   

Villavicencio, década del 40. (Foto: Guillermo Herrara V/ FAFO)

Desde su condición de posada que luego pasó a caserío, fue punto final de llegada de los largos viajes ganaderos a cargo de anónimos escuadrones de campesinos vaqueros, quienes al salir de sus sabaneros distantes territorios repitieron una y otra vez “a Villavicencio o al cielo”, frase que se acuñó.

Así, el pequeño poblado villavicense por décadas fue receptor –además de las madrinas de bovinos- de acaudalados ganaderos y de sus diestros vaqueros. 

Unos y otros por aquí mostraron y dejaron tradiciones propias de sus lejanos entornos socio culturales.

Por ser Villavicencio el principal epicentro comercial de esta economía regional algunos de aquellos distinguidos comerciantes araucanos y casanareños en la jurisdicción compraron casas y haciendas y se residenciaron.   

Quedan aún ciudadanos testigos directos de aquellos viajes ganaderos, en su mayoría los realizaron al culminar la década del cincuenta y en los inicios de los sesenta de la anterior centuria.

En los tiempos presentes ellos han sido requeridos como fuentes primarias para trabajos de investigación cultural que se recogen sus historias de vida como  legendarios vaqueros en la famosa ruta de Arauca a Villavicencio. 

Después de muchos años algunas de esas personas a la capital del Meta volvieron. En su momento era un pueblo chico y ahora lo encontraron convertido en ciudad. Llegaron a rememorar pasajes de sus ocasionales visitas a “Villavo”, así como a contar y cantar sus vivencias.

Tuvieron la suerte de coronar viajes ganaderos en “Villavo”, otros no lo lograron puesto que murieron en el camino, de ahí el significado de la frase “a Villavicencio o al cielo”.

(Fotos: cortesía Soraya Yunda R.)

En los cantos de arreo propios de las travesías ganaderas, que duraban más de cuarenta días, surgieron coplas que citan al punto de llegada, ejemplo:

“Ajílate ganaíto por la huella del cabrestero,

Te voy a contá los pasos hasta el otro paradero,

Te llevamos p´a Villavo, p´a cambiarte por dinero,

Y tu destino final tiene que sé un matadero”.

Con base en lo anterior a la capital del departamento del Meta le brindaron literarios calificativos con marcado acento de “llaneridad” que la siguen proyectando al país; de esta manera, entre otros apelativos ostenta los siguientes: “Puerta del llano” y “Capital del llano”.

Como cierre de este segmento digo que la heterogénea geografía humana de Villavicencio por formar parte de una región denominada Llanos Orientales, desde el centro del país con fuerza recibe el calificativo de “llanera”. 

A ese factor se le suma la necesidad espiritual o instinto social de los villavicenses –en su mayoría- de enmarcarse culturalmente en el espacio geográfico en donde viven, fuerza que los lleva a sentirse orgullosamente “llaneros” (1).

Agrego que esta característica es igual para el resto de municipios del Meta y para Arauca, Casanare y Vichada, también con variadas geografías físicas y humanas.     

Villavicencio, ciudad marcada con bienes de la cultura llanera

(Foto tomada de la web)

Según cálculos no oficiales la capital metense tiene hoy algo más de medio millón de habitantes. Quizá una de sus mayores características es que sus pobladores tienen raíces en puntos de todo el territorio nacional.    

A los sentires de llaneridad local abordados en el contexto histórico anterior, se suma un grande inventario tanto de eventos masivos de folclor con ediciones anuales, y de otras representaciones clasificadas dentro de la cultura llanera que refuerzan la sensibilización y elevan los índices del sentimiento llanero de los villavicenses.

La lista aproximada de dichos certámenes es la siguiente:

 Eventos de ganadería y joropo:

  • Encuentro Mundial de Coleo
  • Concurso mundial de la Mujer Vaquera
  • Torneo Internacional del Joropo
  • Joropódromo
  • Joropo Académico
  • Día de la Llaneridad, según Acuerdo municipal del año 2008
  • Concurso “P´alante talento llanero” 
  • Concurso “Nuevos valores del folclor llanero” 
  • Pre Joropódromo
  • Eventos de folclor llanero en colegios y otras instituciones

Artes visuales:

  • Salones Regionales

Establecimientos de comercio:

  • Gastronomía: mamona y hayacas

Entidades: 

  • Academias folclóricas de música y baile
  • Hato Santa Elena: en mi concepto es una aproximación a los Museos de Artes y Tradiciones. Se localiza en el parque Malocas.

La anterior información me lleva a comentar que quizá como en ninguna otra ciudad de los llanos colombianos, en Villavicencio durante el año el activismo cultural llanero ocurre y se vive con mucha intensidad.

Resultado de dicha ebullición folclórica es la notoria llaneridad villavicense, colectivo sentir que encaja en el concepto de José Muñoz quien dijo que 

“La identidad podría entenderse como la sintonización de un código, o conjunto de ellos, por parte de un conglomerado que lo comparte y por lo mismo le permite la comunicación”. (2)    

Pero si los certámenes de ganadería y joropo durante el año marcan a la capital del Meta, las artes visuales también la han marcado con creaciones de artistas académicos y populares, quienes se han atrevido a dejar su huella personal con simbólicos mensajes de llaneridad. 

“Hay que reconocer que la ciudad también es un escenario de lenguaje, de sueños, imágenes, esculturas y variadas escrituras” (Armando Silva)

A continuación inicio mi lectura al abierto texto que Villavicencio ofrece enfocado a su equipamiento urbano con obras artísticas que evocan llaneridad, concretamente las relacionadas con los temas de la ganadería y del joropo.

Dichos trabajos visuales, en diversas técnicas y formatos están distribuidos en espacios públicos tanto a campo abierto como en recintos cerrados. 

Advierto que para nada es un ejercicio de crítica de arte, simplemente con mi ejercicio pretendo hacer “visibles” las imágenes y esculturas que paradójicamente por tamaño y colorido son muy visibles en el territorio urbano; o en otras palabras, provocar miradas hacia ellas.

Ganadería

Obras artísticas que evocan elementos del patrimonio cultural llanero derivados de la arraigada tradición económica que en nuestro territorio fue sembrada en tiempos de la Colonia, teniendo como principales referentes a las jesuitas haciendas ganaderas: Caribabare y Apiay.  

A cargo de la Comunicación Gráfica está el inicio de la divulgación masiva de bienes culturales relacionados con la economía ganadera.

En los inicios de los sesenta el recién creado departamento del Meta sacó al mercado dos productos: Aguardiente Llanero y Lotería del Meta, para los cuales los creativos publicitarios diseñaron sus respectivos artes valiéndose de imágenes que muestran faenas ganaderas.

De esta manera: jinetes, reses, palmas y candentes soles fueron entronizados en las alegóricas imágenes corporativas, logrando generar honda recordación de los productos y sentires de pertenencia regional. A la par, dichos elementos se convirtieron en comunes íconos de la cultura llanera ante el contexto nacional. 

Joropo: Música, canto y baile

“Joropo quiero decirte

Con el sentir de mi ancestro

Que eres la huella del indio

Cuando eres contrapunteo,

Que eres ritmo atravesao

Cuando aparece el negro

Y que en tu fina figura 

También eres europeo” 

(Miguel Ángel Martín S.)

Imagen corporativa de evento folclórico

En este grupo también la Comunicación Gráfica es punto de inicio, a través del diseño del escudo del mayor evento de joropo: música, canto y baile, fundado en los años sesenta. En la obra están contenidos instrumentos de la organología llanera y la palma de moriche.

Por décadas este emblemático escudo, en grande retablo, estuvo colgado en el coliseo cubierto Los conquistadores sede del certamen. 

“Las sociedades locales deben preservar sus identidades y fundamentar sus raíces históricas a pesar de las dependencias económicas y funcionales de un espacio en movimiento.

La construcción simbólica de los lugares, la preservación de los símbolos de reconocimiento, la expresión de la memoria colectiva en las prácticas de comunicación…. son todos los medios fundamentales a través de los cuales los lugares siguen posibilitando las comunidades”.

Manuel Castells

Este ensayo, “Villavicencio, bienes de la cultura llanera en su arte urbano”, corresponde a la conferencia del mismo nombre ofrecida en la noche del viernes 29 de mayo de 2015, en el evento “Preámbulo al mes del Torneo Internacional del Joropo”, organizado por la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán de Villavicencio.

Fuentes bibliográficas:

  1. Pabón M., Óscar A., Elementos del folclor llanero como principios de identidad regional. En: Nueva Revista Colombiana de Folclor, No. 17, Imprenta Patriótica del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1997, p 171
  2. Muñoz M., José A., Horizontes de significados. En: Porvenir, culturas y vidas. Editorial Siglo XX, Villavicencio, 1995, p 117 y 132

(*) El grabado “Villavicencio y los llanos” fue tomado del libro Geografía Pintoresca de Colombia, Litografía Arco, Bogotá, 1980.

Notas:

  • Al texto original le hice correcciones de forma no de fondo. 
  • En la actualidad, algunos de los bienes artísticos referidos en esta memoria ya no existen. De igual manera, nuevas obras pictóricas y escultóricas están hoy en diferentes puntos de la ciudad.

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