{"id":1755,"date":"2026-09-12T20:12:48","date_gmt":"2026-09-13T01:12:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.oscarpabon.com\/?p=1755"},"modified":"2026-09-12T20:12:50","modified_gmt":"2026-09-13T01:12:50","slug":"el-hato-llanero-del-confin-a-la-aldea-global","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.oscarpabon.com\/index.php\/2026\/09\/12\/el-hato-llanero-del-confin-a-la-aldea-global\/","title":{"rendered":"EL HATO LLANERO: DEL CONF\u00cdN A LA ALDEA GLOBAL"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>\u201c<strong>Introducci\u00f3n:<\/strong><\/em> <em>Concurren, a esta comprensi\u00f3n de la especificidad del hato llanero,\u00a0 tres inquietudes sobre el llano orinoquense que, persistentemente, me asedian: etnohistoria del imaginario que suscita dicho espacio, la presencia de la ganader\u00eda mayor (bovinos y equinos) en la regi\u00f3n y perspectivas de la cultura llanera en tiempos de globalizaci\u00f3n\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"813\" src=\"https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-1024x813.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1760\" srcset=\"https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-1024x813.png 1024w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-300x238.png 300w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-768x610.png 768w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-1536x1220.png 1536w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image.png 1756w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Con motivo del homenaje que en recinto del Estado Gu\u00e1rico, Venezuela, le brindar\u00e1n al destacado investigador social Adolfo Rodr\u00edguez R., rescato su ponencia presentada en el Simposio de Historia de los Llanos colombo venezolanos con sede en Villavicencio, a\u00f1o 2012\u00a0 (La foto del acad\u00e9mico la tom\u00e9 de su muro en Facebook)<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Imaginario Llanero de la extensi\u00f3n:<\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Al llanero orinoquense (\u00e1grafo o no) suele atribu\u00edrsele una propensi\u00f3n fantaseadora o po\u00e9tica, que Ruiz y Rago (1988) denominan&nbsp; \u201ctrance est\u00e9tico\u201d&nbsp; que y explican como compatibilidad entre su \u201cmodo afectivo y est\u00e9tico con el modo de sacarle provecho para la vida&#8221;,&nbsp; Una cualidad que consideramos extensiva a cualquier etnicidad, ya que lo m\u00e1s parecido, a mi entender, a la poes\u00eda, es la consustanciaci\u00f3n con lo primario y viceversa. Lo m\u00e1s parecido al misticismo o la pasi\u00f3n.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c1ngel Acevedo dice de una \u201chonda lejan\u00eda\u201d que aflor\u00f3 en \u00c1ngel Custodio&nbsp; Loyola al preguntarle por la procedencia de un buen cantor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Deleite factible en determinado lugar como expres\u00f3 Lu\u00eds Barrios Cruz (1931):<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;All\u00ed se est\u00e1 muy bien, amigos m\u00edos<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ante todo, se est\u00e1 muy bien del alma<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tenemos cosas viejas&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Viejas cosas que fueron olvidadas<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Porque tan s\u00f3lo fueron conocidas de palabras<\/p>\n\n\n\n<p>Que con respecto a su tierra es \u201cimantaci\u00f3n\u201d dice V\u00edctor Manuel Ovalles (1942), precisando Calzadilla Vald\u00e9s (1948) que \u201cdespu\u00e9s de pasar por el llano o traficarlo (\u2026) lo acomete cierta decidida inclinaci\u00f3n, un s\u00faper orgullo de ser tercio entendido, pr\u00e1ctico y hasta connaturalizado con la abierta, silente sabana y sus riesgos\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Que S\u00e1nchez Olivo (1978) condensa en soledad \u201cde sabana y de r\u00edo \/&#8230; \/ con bramidos y relincho, \/ con canto de alcaravanes, \/ de chenchenas y gallitos, \/&#8230; \u201c.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>H\u00e1bitat extensivo al inframundo, ya que se dirige a un amigo llanero acerca de otro, quien \u201cno ha muerto, \/ como no morir\u00e1s t\u00fa \/ ni tampoco moriremos \/ los que llevamos metido \/ muy hondo a Apure por dentro \/ pues nuestra alma forma parte del alma del llano inmenso\u201d. Sin descartar que cesando tales \u201crumbos \/ y el horizonte&#8230; all\u00e1 lejos&#8230; \/&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, Jos\u00e9 Natalio, \/ si es verdad que estamos muertos \/ aunque andemos caminando \/ muy vivos de carne y hueso\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La territorialidad que define Lazo Mart\u00ed, en la <strong>Silva Criolla, <\/strong>como alegr\u00eda \u201cde&nbsp; ver, al despertar, alba naciente, \/ y de abrazar con s\u00f3lo una mirada, \/ del sur al septentri\u00f3n. Y del ocaso \/ hasta el f\u00falgido oriente, \/ la l\u00ednea, el ancho lote, siempre al raso, \/ de tierra natal\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Arvelo T (1965) considera \u201cfibra de cuanto suda y palpita y ya no zumo de amasados conceptos- se distiende un paisaje de inmediata toma perceptual, logro de ese tope est\u00e9tico breve y poderoso al cual Lazo supo siempre ascender, aqu\u00ed y all\u00e1, a\u00fan en sus creaciones de valor secundario. Este pasaje surge, c\u00e1lido y viviente, con la menci\u00f3n de sus cuatro linderos, su desierto y su oasis\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Advirtiendo que \u201cEn el centro de ese tendido espacio desaf\u00eda leguas y siglos la espigada antena de un endecas\u00edlabo sencillamente extraordinario:<\/p>\n\n\n\n<p>La l\u00ednea, el ancho lote, siempre al raso<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026Once s\u00edlabas levantan el \u00e1rea de la llanura. Cubican la majestad del firmamento\u2026. Junto a la impresi\u00f3n pict\u00f3rica de lo il\u00edmite, golpea el comp\u00e1s de las incidencias t\u00f3nicas s\u00f3lo sobre las s\u00edlabas pares, mientras la sinalefa, saltando \u00e1gil de voz en voz, carga con el artificio magistral de la cadencia\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Confesando Arvelo (Ib.) que \u201cla impresi\u00f3n de lo largo, ancho y profundo de este verso y el eco de su ondulante efluvio musical vienen conmigo desde la infancia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por personal sugesti\u00f3n, que bien pudiera nadie compartir, esas once s\u00edlabas r\u00edtmicas se me asocian con un rumor de cascos cruzando la enjuta sabana hacia doradas lejan\u00edas\u201d (Pp. 176-8).<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos poetas, extra\u00f1os a los deliquios de la riqueza y poder, habitadores de la infinitud y su magia gratificadora, como lo revela Arvelo Torrealba en estas cantas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cYo aprend\u00ed en tierra abismada \/ lecci\u00f3n que no tuvo treguas \/ ir enga\u00f1ando las leguas \/ con el silbo y la tonada\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me voy por esta sabana \/ -arpa que afin\u00f3 el silencio-&nbsp; \/ duros bancos de \u201cVoy Solo\u201d \/ caminito de \u201cAgua Lejos\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl horizonte y yo vamos \/ solos por la&nbsp; llana tierra \/ me enlaz\u00f3 todos los rumbos \/ su audacia de soga abierta\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sin ser hatero, Arvelo asume tal espacio con la denominaci\u00f3n con que el colonizador designa el enclave productivo ganadero regional, recuper\u00e1ndolo para la poes\u00eda as\u00ed como el llanero lo hace para mediar con la otridad. Dice que Lazo Mart\u00ed, como \u201cmayordomo de heredades il\u00edmites\u201d, \u201cen el hato espiritual del poema \u2026 puso el lindero sobre el horizonte. Antes hab\u00eda en los patios del fundo hacienda clamorosa. En arm\u00f3nica alianza, m\u00fasculo y cantares rebosaban los botes\u201d aludiendo aquellos versos de la Silva;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;\u201cCantando una tonada clamorosa<\/p>\n\n\n\n<p>Y bajo el fiero sol de la sabana<\/p>\n\n\n\n<p>Al paso lento de la res morosa<\/p>\n\n\n\n<p>Con rumbo al sur cruz\u00f3 la caravana &nbsp; (p. 209).<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En otras cantas Arvelo es directo en esa identificaci\u00f3n del hato con esa utop\u00eda con que el llanero entrev\u00e9 la llanura:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAqu\u00ed estuvo el hato,&nbsp; padre,&nbsp; \/ que nos dio sombra en otro tiempo: \/ en este alambre ca\u00eddo \/ se me enredaron los sue\u00f1os\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCon el dejo de este cuatro \/ me acuerdo de cuando iba \/ de noche en mi buey cansado \/ y el hato en la lejan\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabrera Malo en su novela <strong>El Reflejo de los Remansos Azules<\/strong>, escrita entre 1922-1925 y publicada parcialmente&nbsp; en revistas de la \u00e9poca, ofrece una imagen de un medio llanero voluptuoso, feraz y primario:&nbsp; \u201cLas savias fluyen como las aguas. Las fieras, las plantas, las aves, aparecen acometidas del mismo celo bestial, y su animalidad victoriosa llena los bosques y las sabanas de venenos de amor y fragancias mortales. Pimpollos, hojas, flores, todos brota a una y perfuman por igual\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cy yo adivino, mejor que veo, en medio de esa naturaleza embrionaria, inmoderada, excesiva en todo, al pueblo cuyos abuelas n\u00f3madas se fueron a buscar el amor, la gloria y la muerte por todos los campos de batalla de la Am\u00e9rica\u2026. \u201c<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Como vicio, locura o pasi\u00f3n, deviene su afici\u00f3n a un territorio&nbsp; que una vez visto, no deja de sucederse en asombros:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Dios lo que vi! El Llano. Me hallaba en presencia de un mundo distinto\u2026diez veces pasar\u00eda la estrecha garganta y siempre experimentar\u00eda la misma estupefacci\u00f3n\u2026.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c!Lejos!&#8230;lejos\u2026 \u00a1m\u00e1s all\u00e1 de los palmares, m\u00e1s all\u00e1 de las caminos, m\u00e1s all\u00e1 del horizonte, de todos los horizontes, la llanura desolada, impasible, rabiosamente inm\u00f3vil, se dilataba hasta confundirse con el cielo y parec\u00eda un mar de grafito, petrificado de improviso, que conservara, sin embargo, su orquestaci\u00f3n salvaje de tumbos y rugidos y la inexpresable alucinaci\u00f3n de la Eternidad!!\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Otra novela <strong>El Tuerto Miguel <\/strong>de Urbaneja Achelpohl, de 1927, vemos el caraque\u00f1o Jos\u00e9 Miguel Pantoja declarar: \u201cyo amo la llanura, porque si en la cumbre naci\u00f3 la libertad, los hombres para conquistarla descendieron a la sabana (\u2026)\u201d.&nbsp; Se gana la llanura \u201ccon su vivir rudo pero libre\u2026nada como en el llano contiene en s\u00ed la idea de libertad\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1o de la aparici\u00f3n de <strong>La Vor\u00e1gine<\/strong> del colombiano J. E. Rivera, en que la joven Alicia manifiesta que no sabe \u201cpor qu\u00e9 milagro al pisar la llanura, aminor\u00f3 la zozobra que me inspiraba\u201d. Respondiendo don Rafo:\u201dEs que (\u2026.)&nbsp; esta tierra lo alimenta a uno \u00bfpara gozarlo y para sufrirla. Es el desierto, pero nadie se siente solo: son nuestros hermanos el sol, el viento y la tempestad. Ni se le teme ni se le maldice\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>L. A. Crespo autor de un texto que denomina \u201cLa meta es el horizonte\u201d (2012) haciendo compa\u00f1\u00eda a Rodolfo Benavides en un \u00e1lbum de paradigm\u00e1ticas fotos, en un texto que reproduce su libro <strong>El Pa\u00eds Ausente<\/strong>, pregunta y declara, con esa inteligencia de quien ha le\u00eddo muy bien esta transitoriedad nuestra que ya se hace universal y perenne:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfDe cu\u00e1l frontera es el coplero, el que riposta o suspira? \u00bfDe Villavicencio, por no decir de Guasdualito, o paisano de Tames, de Puerto P\u00e1ez? Si se les reclamara fe de bautismo se\u00f1alar\u00edan el horizonte: <em>El horizonte y yo vamos solos por la tierra llana\u2026<\/em>\u201d (p. 159). Citando l\u00edneas luego al poeta \u00c1ngel Acevedo, que se la hab\u00eda \u201cenredado el horizonte en el pie\u201d a Alberto Arvelo (p. 169).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Otro poeta llanero &#8211; De Armas Chitty (1979b)-, no haya desemejanzas entre el due\u00f1o de hatos, en su \u201caf\u00e1n de apa\u00f1ar tierras\u201d y el \u201cllanero\u201d propiamente dicho, unidos por&nbsp; \u201cuna raz\u00f3n sicol\u00f3gica\u201d que deriva del \u201chorizonte al alcance&nbsp; de la vista sin poder atrapar la l\u00ednea que siempre huye\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La riqueza de su impronta influy\u00f3 en la maceraci\u00f3n de idiosincrasias en las que se patentizan alianzas inter-\u00e9tnicas como inter-clasistas. De manera tal que son muchos los autores que identifican a los due\u00f1os de hato con los aut\u00e9nticos llaneros, como&nbsp; Julio de Armas (1962), argumentando que los propietarios eran&nbsp; los primeros en los trabajos de llano, etc. etc., seg\u00fan criterio compartido por el autor del \u201cVocabulario del Hato\u201d,&nbsp; J. A. De Armas Chitty (1979b), para quien la res gana extensi\u00f3n para el hombre.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A su entender, llama \u201clatifundista primario\u201d a quien introduce tal modo de apropiaci\u00f3n al oriente del Gu\u00e1rico, don Carlos del Peral. Voluntad expansionista que atribuye a la \u201cmalicia llanera\u201d (De Armas Chitty,&nbsp; 1982). Compartiendo as\u00ed el criterio del novelista Urbaneja Achelpohl en <strong>El Tuerto Miguel, <\/strong>para quien<strong> <\/strong>el alma llanera \u201cse revela en toda su integridad, en su af\u00e1n de conquista, en un ansia de espacio y vida\u201d. Aun cuando haga&nbsp; salvedades.&nbsp;<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"850\" height=\"557\" src=\"https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-1.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1757\" srcset=\"https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-1.jpeg 850w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-1-300x197.jpeg 300w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-1-768x503.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>(Fotograf\u00eda de Constantino Castelblanco Quintana)<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Las leyes del Llano:<\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>No la Ley de Llanos. Si no las que don Tom\u00e1s Rodr\u00edguez, en Hato Viejo, por los a\u00f1os ochenta, nos asegur\u00f3 que las hac\u00eda el ganado y, quiz\u00e1 tuvieron mucho que ver con el desplazamiento espont\u00e1neo, hacia el sur,&nbsp; de&nbsp; los grandes bovinos y equinos de la zona centro-norte costera.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Las traves\u00edas de ganado entre Margarita y El Tocuyo y entre \u00e9ste y el Meta, los hatos pioneros al norte, fricciones con los agricultores o entre los mismos criadores, la fuga de semovientes y asaltos indios contribuyeron a esta&nbsp; solicitud de aguas y pastos por el Llano. Cada res cuarenta litros de agua diarios, seg\u00fan Jos\u00e9 Antonio Silva, ocho galones dice Justo Le\u00f3n. Su ordenaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenta Arvelo T. (1965), refiri\u00e9ndose a la \u00e9poca en que trashumaban las reses, como costumbre asumida ya en los hatos, el modo en que el humor de los ganados se alteraba emprendiendo \u201cla marcha retozones. M\u00e1s de una vez, si surg\u00eda alg\u00fan retardo en la salida, las reses, en mansa indisciplina, se iban solas por la ruta sure\u00f1a\u201d (p. 220).&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Dice Arvelo (1965) de una hilera de islas que sobrepasaba las cien mil hect\u00e1reas con nombres locales, geogr\u00e1ficos o hist\u00f3ricos. Un \u201cfabuloso privilegio de humus y del agua\u201d. Agregando que \u201cUnas cuantas jornadas hacia el Sur la tierra brinda generosa lo que al Norte falta, un oasis tendido de Puerto Miranda hasta los morichales orinoque\u00f1os\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El hato guarique\u00f1o, tostado de sol y brisa, desde enero hasta abril, en cuyas escrituras o t\u00edtulos campeaba con su fuero excluyente el derecho de propiedad, tuvo as\u00ed su complemento geogr\u00e1fico, su ap\u00e9ndice territorial, su colonia interior, en aquella donosa Mesopotamia, sita entre el Apurito y el Apure, donde la tenencia de la tierra y el derecho de veraneo se regulaban preferentemente por el r\u00e9gimen de condominio\u2026t\u00edtulo o derechos de coindividario, para perfeccionar as\u00ed la estructura y alcance funcional de su heredad\u201d. Siendo en junio el retorno hacia \u201clos hatos b\u00e1sicos\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNi los adustos pajales de los bancos, ni los verdecidos forrajes de las islas, deb\u00edan ser pastados todo el a\u00f1o. Los primeros, porque si el ganado arrasa los reto\u00f1os, apenas estos despuntan despu\u00e9s de las quemas, se interfiere el desarrollo normal de las macollas. Degenera en alzada y lozan\u00eda\u2026 Los segundos, porque la experiencia ha demostrado\u2026.que desde que entre el Apurito y el Apure se han fundado hatos de vaquer\u00eda permanente, los prados de \u201clambedoras\u201d se han extinguido all\u00ed en forma alarmante\u201d (Pp. 212-215).<\/p>\n\n\n\n<p>Un h\u00e1bito que, convenido o no, por lo que Arvelo llama una \u201cconspiraci\u00f3n de esfuerzos\u201d, exist\u00eda ya a mediados del siglo XVII, cuando Fray Jacinto de Carvajal (1956) observa, en su recorrido con Ochogavia por la parte sur de la regi\u00f3n en 1648, costeando el Orinoco, reses&nbsp; pertenecientes a propiedades situadas a casi 300 Km. de distancia al norte.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordando Humberto Febres (1984) que \u201cdurante unos doce a\u00f1os, m\u00e1s o menos, arreos y reba\u00f1os orillaban el Llano, posiblemente desde el r\u00edo Sarare hasta el Casanare, por cuyas riberas montaban hasta Tunja y Santa Fe de Bogot\u00e1\u201d, una v\u00eda \u201clarga y desamparada\u201d, que da lugar a extrav\u00edos de animales, por ataques de nativos y otros obst\u00e1culos, de modo que \u201cantes de 1577 los ganados se hab\u00edan reproducido en una proporci\u00f3n incalculable en las sabanas\u201d, estimando Fray Pedro Sim\u00f3n en cuatrocientos mil los cimarrones que pastaban m\u00e1s all\u00e1 de Barinas hacia 1625.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hecho que, probablemente, remonta al siglo XVI, hasta que el llano se transfigura en nuevos h\u00e1bitats y etnias. Una praxis ganadera que quiz\u00e1 define, sin dudas, buena parte el ser llanero y una cultura que se resiste a retirar sus banderas despu\u00e9s de tantas arremetidas de las nuevas maneras de concebir el espacio, los modos de hacer y pensar en la regi\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ordenar la extensi\u00f3n:&nbsp;<\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Refiere Felipe Larraz\u00e1bal, 1875 (1883) que Sim\u00f3n Bol\u00edvar en una proclama en llanos de Apure habr\u00eda expresado: \u201cLlaneros les dijo, vosotros seres independiente, aunque se oponga el mundo todo.&nbsp; Vuestras fuerzas y estos descritos al librar de la tiran\u00eda. \u00bfQui\u00e9n puede subyugar la inmensidad?&#8230; Llaneros: sois invencibles\u201d (p. 128).<\/p>\n\n\n\n<p>Un control que, el mismo instante de la Conquista, se propusieron los colonizadores, apelando, entre otros recursos, al lenguaje: \u201chicieron entrar la realidad americana en los moldes de las palabras, los nombres y las creencias de Europa (&#8230;.). Se capta lo desconocido en funci\u00f3n de lo conocido\u201d comenta Rosenblat (1977).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Juan de Castellanos, luego de recorrer personalmente la regi\u00f3n como rodelero de Antonio Sede\u00f1o, en la expedici\u00f3n de \u00e9ste desde Paria a Tiznados, entre 1537 y 1539, adjetiva el territorio como \u201csolitario\u201d, \u201clargo\u201d,&nbsp; \u201cextendido\u201d, \u201cprolij\u00edsimo\u201d, \u201cgrande\u201d, \u201ctierra tan exenta que provoc\u00f3 motines\u201d, \u201cel invierno largo\u201d, \u201cgrandes pajonales agostados\u201d, \u201csabanas extendidas con tal densor que no sabr\u00e9 pintallo \/ las yerbas dellas todas tan crecidas \/ con un poleo de prolijo tallo\u201d (Vila, 1969: Castellanos, 1962).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Magnificencia que complementa con una impresi\u00f3n de ajenura y desamparo. Dice en sus <strong>Eleg\u00edas <\/strong>que son \u201ctierras nunca vistas \/ despobladas, tierras solitarias y bald\u00edas \/ crecida copia de venados \/ y r\u00edos de grandes pesquer\u00edas\u201d&nbsp; Sumando, al presunto vac\u00edo, alicientes para sobrevivir all\u00ed. Sin descuidar hostilidades que deben vencer los ganosos de fama y&nbsp; m\u00e9rito:&nbsp; \u201cGrandes arenales\/&#8230;.\/ de arena una y otra tierra \/ do les hizo la sed terrible guerra\u201d;&nbsp; \u201clos calores son terribles\u201d o \u201cla lumbre del sol (\u2026) les es nociva\u201d.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Fray Pedro Aguado. al relatar la expedici\u00f3n de Spira, dice de pantanos y tremedales. Mientras a Fray Pedro Sim\u00f3n la asume como tierra \u201ctan mala\u201d comparada con la sierra que cree \u201cm\u00e1s sana que la baja\u201d, por ci\u00e9nagas, anegadizos y esteros de \u00e9sta. Ambos mencionan el tigre, a\u00f1adiendo, Sim\u00f3n,&nbsp; leones, culebras (boas), gusanos, murci\u00e9lagos, mosquitos y mil enfermedades. En tanto Castellanos \u201cel tabardillo\u201d que \u201cacecha como monstruo de leyendas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La identificaci\u00f3n de los habitantes del llano con la barbarie, deriva tanto de la supuesta hostilidad de la regi\u00f3n, como su presunto vac\u00edo y el imperativo de ocuparla. Almoina (1982), en su estudio sobre los cronistas, ilustra que a los indios se les caracteriza de \u201cb\u00e1rbaros habitantes de hermosas tierras que deben ser dominados y civilizados (tanto ellos como sus tierras)\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque hay tratamiento respetuoso en Castellanos, quien ve al ind\u00edgena con alguna simpat\u00eda, atribuy\u00e9ndole&nbsp; Pardo (1962) anticipaci\u00f3n al criollismo en el uso de t\u00e9rminos como ciribijures, cotoprices, mamones, chicas, jag\u00fceyes, cacicazgo, batatillan embijado, encoconada, macanazo, manglar. Y hasta en el uso de coplas populares espa\u00f1olas.<\/p>\n\n\n\n<p>El discurso colonial no es univoco y sobrenadan en \u00e9l&nbsp; virtudes que se intenta desmerecer.<\/p>\n\n\n\n<p>En el siglo XVIII Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo en su <strong>Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierras firmes del Mar Oc\u00e9ano<\/strong> percibe&nbsp; \u201clos Llanos muy grandes que eran un prodigio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Fray Jacinto de Carvajal (1956), en el estilo barroco y jubiloso que anima su relato del recorrido con Ochogavia por la parte sur de la regi\u00f3n en 1648, observa a orillas del Orinoco, reses que considera pertenecientes a hatos situados a casi 300 Km. de distancia al norte.&nbsp; Y un&nbsp; empe\u00f1o glorificador que se manifiesta en sinonimias con qu\u00e9 apresar la exuberancia: \u201cmultitud\u201d de caimanes, \u201cmuchedumbre\u201d de \u201cbaj\u00edos\u201d, miel; \u201cabundancia\u201d de pescado y leche; \u201cmultiplicados\u201d los venados, los cautivos y el ganado vacuno. Este \u00faltimo cimarr\u00f3n como se deduce de las met\u00e1foras con que lo nombra: tropas, bultos que negrean, etc.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ofreci\u00e9ndosele los Llanos: espl\u00e9ndidos, explayados, espaciosos, dilatad\u00edsimos, dilatados, espacios\u00edsimos, difusos, sin ocultar el af\u00e1n de ponerlos al servicio de la conquista: le duele que \u201cb\u00e1rbaros e indios sean se\u00f1ores de sitios y parajes tan alegres\u201d y testimonia a favor de la fundaci\u00f3n de San Miguel del Castillo de Nuestra Se\u00f1ora de Calatayud por parte de Ochogavia para el usufructo de cimarroneras entre el Sarare y el Apure (Rodr\u00edguez, Adelina, 1985).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Las ambiciones se tuercen hacia El Dorado Pecuario y saltan los subterfugios con qu\u00e9 apoderarse y administrar la creciente cimarroner\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es como los hatos llaneros se constituyen bajo el se\u00f1uelo de la desmesura y un patr\u00f3n tecnol\u00f3gico que articula&nbsp; \u201cutilizaci\u00f3n extensiva de la tierra\u201d,&nbsp; pasto fresco, escasa mano de obra y limitadas infraestructuras (Carvallo y R\u00edos, 1984): Elementos que para Carvallo (1985) definen el latifundismo: \u201cel aprovechamiento de pastizales naturales con una ganader\u00eda extensiva, apoyado en la propiedad individual de la tierra como la tenencia colectiva (derechos de sabana)\u201d y \u201cusufructo de los reba\u00f1os\u201d a favor del terrateniente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para Carvallo (op. cit.) los \u201crasgos fundamentales\u201d del hato, \u201cse configuran plenamente en el siglo XVIII\u201d y subsisten \u201csin experimentar modificaciones significativas hasta mediados del siglo XX\u201d, en que asume rasgos del capitalismo, aunque manteniendo \u201cla pr\u00e1ctica de la ganader\u00eda extensiva\u201d que, en los llanos, cree \u201cgeneralizada\u201d por razones edafol\u00f3gicas y pluviom\u00e9tricas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los m\u00e1s antiguos subterfugios de lo que algunos autores denominan latifundismo, cabe el nombre de Garcy Gonz\u00e1lez de Silva, bautizado por De Armas Ch\u00edtty (1979b)&nbsp; \u201cpadre del latifundio&#8221;, encomendero y&nbsp; Alcalde de Caracas, solicita&nbsp; en 1595 al gobernador Diego de Osorio, en compa\u00f1\u00eda de su pariente Mateo D\u00edaz Alfaro, hijo del fundador de San Sebasti\u00e1n, un extenso pa\u00f1o de tierra que iba desde Los Morros de San Juan hasta el Orinoco.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y al cuarto de siglo, Juan de Urp\u00edn, introduce ante la Audiencia de Santo Domingo,&nbsp; requisitoria por un predio que alcanzaba desde el Cabo de Codera, &#8220;costa de la mar, hacia la tierra adentro; al oeste&#8230;&nbsp; Santa Luc\u00eda&#8230; atraviesa el r\u00edo Tuy hacia el sur derecho hacia la sierra donde nace el r\u00edo Orituco que&nbsp; baja hasta entrar al r\u00edo Gu\u00e1rico abajo, hasta entrar en el r\u00edo Orinoco&#8221;, enfatizando se le conceda &#8220;con exclusividad todo el ganado cimarr\u00f3n, sin due\u00f1o, que haya dentro de las fronteras del territorio y para evitar conflictos que nadie pueda introducir reses, ni pasarlas ni sacarlas&#8221;.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Encareciendo que&nbsp; de haber &#8220;bovino entre los r\u00edos Apure y Portuguesa, fugitivo, posiblemente en provincia&nbsp; del Virreinato de Santa Fe, tambi\u00e9n estas bestias ser\u00edan suyas&#8221;. Una inmensidad&nbsp; que abarcaba casi todos los llanos colombo-venezolanos.&nbsp; Solicitud que fue admitida (Vila, Pablo, 1975).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La extensi\u00f3n de tierras disponibles garantiza la rentabilidad del hato, pero tambi\u00e9n&nbsp; la persistencia de una configuraci\u00f3n excepcional, que se expresa en incontables matices y opciones durante m\u00e1s de cuatro siglos en un territorio de casi 400 mil kil\u00f3metros cuadrados.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Miguel Izard (1988) es autor de copiosa investigaci\u00f3n acerca de \u201cla historia de la invasi\u00f3n del Llano por los ganaderos\u201d, como causa del proceso de evacuaci\u00f3n de sus moradores y el reparto de la tierra entre \u201clos oligarcas del norte\u201d as\u00ed como implantaci\u00f3n de avanzadas productivas y aprobaci\u00f3n de leyes que otorgan \u201cderecho de herrar y (&#8230;.) comercializar una parte de los ganados cimarrones\u201d a dichos se\u00f1ores as\u00ed como prohibiciones y restricciones contra los llaneros,&nbsp; causal de tantas tensiones.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"850\" height=\"561\" src=\"https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1756\" srcset=\"https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image.jpeg 850w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-300x198.jpeg 300w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-768x507.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>(Foto de Constantino Castelblanco Quintana)<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Las vueltas que da el lenguaje:<\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Cuando asoma el siglo XIX el Llano experimenta con Humboldt (1956) un corte decisivo&nbsp; en su historia cultural. Haci\u00e9ndose eco de la imagen colonial de una tierra desocupada y vac\u00eda, en su percepci\u00f3n, hay un sesgo rom\u00e1ntico, cuando advierte, en la regi\u00f3n, \u201cla m\u00e1s profunda soledad\u201d,&nbsp; \u201calgo imponente, aunque triste, en el espect\u00e1culo uniforme de esas estepas\u201d, en las que \u201ctodo parece inm\u00f3vil\u201d. Iniciando, a su vez, la literatura que reconoce la existencia del autogentilicio de \u201clos llaneros\u201d e inaugura la que asemeja los llanos con tierras planas del lejano y cercano oriente.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Su reconocimiento del patron\u00edmico regional influye para que un a\u00f1o despu\u00e9s de su traves\u00eda (1800), un interlocutor suyo &#8211; el poeta Jos\u00e9 Antonio Montenegro- apela al designativo en un <strong>Vejamen<\/strong> en que se exalta, sin propon\u00e9rselo quiz\u00e1, las cualidades llaneras de un graduando universitario motivo del agravio<strong>. <\/strong>Y<strong> o<\/strong>cho a\u00f1os luego de emprendida la&nbsp; independencia, el Libertador Sim\u00f3n Bol\u00edvar, habiendo actuado en los llanos de Apure y sur del Gu\u00e1rico, al lado de algunos de sus pobladores, recurre al mencionado etn\u00f3nimo, en relampagueante estampa del 17 de febrero de 1818, en que los plasma con&nbsp; los rasgos m\u00ednimos que definen una etnia consolidada:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLlaneros vosotros sois invencibles: vuestros caballos, vuestras lanzas y estos desiertos, &nbsp; os&nbsp; &nbsp; libran &nbsp; de la&nbsp; tiran\u00eda. Vosotros ser\u00e9is independientes&nbsp; a despecho&nbsp; &nbsp; del &nbsp; imperio &nbsp; espa\u00f1ol\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Proclama en la que valora la base territorial, el componente bi\u00f3tico b\u00e1sico de la culturalidad del grupo y el elemento construido que serv\u00eda tanto para la subsistencia como la defensa y el ataque. Entramado que converge en esa disponibilidad libertaria que se traduce en&nbsp; invulnerabilidad. Un poder\u00edo que Bol\u00edvar admiti\u00f3 con los riesgos que implicaba&nbsp; para la suerte del proyecto republicano como su liderazgo en ciernes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronunciamiento que Larraz\u00e1bal, 1875 (1883) ubica en el d\u00eda 15 de enero de 1819 cuando en San Juan de Payara pasa revista al ej\u00e9rcito y les proclama&nbsp; con aquella elocuencia seductora de que la historia militar del mundo tiene pocos ejemplos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLlaneros les dijo, vosotros seres independiente, aunque se oponga el mundo todo. Vuestras fuerzas y estos descritos al librar de la tiran\u00eda. \u00bfQui\u00e9n puede subyugar la inmensidad?&#8230; Llaneros: sois invencibles\u201d (p. 128).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Met\u00e1fora del latifundio:<\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n el lenguaje parece convirtiendo aquellos grandes predios ganaderos en latifundios. Caracterizaci\u00f3n que, por lo visto, arranca en 1919 con Vallenilla Lanz (1991 (1919), cuando refiere c\u00f3mo el general P\u00e1ez a punto de concluir su segundo mandato presidencial, detenta varios hatos y haciendas cafeteras que conforman parte de su propiedad, algunos por adquisici\u00f3n de vales otorgados a pr\u00f3ceres llaneros por concepto de haberes militares.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La reacci\u00f3n liberal&nbsp; denunci\u00f3 tal acaparamiento que no era significativo en virtud de suficiente tierra ociosa en que laborar. Pero la pr\u00e9dica fue tenaz y finalmente efectiva.&nbsp; <strong>El Trabuco<\/strong> 2 del 11 de diciembre de 1844 se atreve as\u00ed con P\u00e1ez:<\/p>\n\n\n\n<p>Es el m\u00e1s logrero \/ Es un Satan\u00e1s: \/ un caim\u00e1n, un tigre, \/ qu\u00e9 s\u00e9 yo qu\u00e9 m\u00e1s \/ Ac\u00e1 quiere un toro \/ Salido del llano \/ Acabar con todos \/ Y despotizarnos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo Vallenilla Lanz (op. cit.) no asumi\u00f3 de mal signo un enriquecimiento de que a su parecer garantizaba la posibilidad del&nbsp; gendarme necesario que pudiera capear las tendencias an\u00e1rquicas suscitadas por jefecitos que sustentaban sus alzamientos en feudos locales. Lo cual prosigui\u00f3 manifest\u00e1ndose&nbsp; durante todo el siglo XIX, con fricciones entre terratenientes conservadores, entre estos y los liberales y luego, entre los mismos propietarios de esta tolda pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe referir rese\u00f1a de un agente de <strong>El&nbsp; Monitor Industrial, <\/strong>en Apure, en la edici\u00f3n 387 del 18 de Septiembre&nbsp; de 1860 informando,&nbsp; que&nbsp; \u201cTodos los animales que se roban aqu\u00ed van a la Nueva Granada\u2026El pueblo de Arauca es <em>un potrero<\/em> de p\u00edcaros ladrones que proteje impunemente a todos los malvados de Apure, i es el dep\u00f3sito de todas las reses, caballos i cueros <em>federados<\/em> en este territorio\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los presidentes federales, tanto Monagas como Crespo no hacen m\u00e1s que suceder a P\u00e1ez,&nbsp; en cuanto acumulaci\u00f3n de tierras y ganados. Hasta que G\u00f3mez los supere a todos. De manera tal que los escritores que, durante su r\u00e9gimen, narran la cuesti\u00f3n de la gran propiedad ganadera latifundio, enfatizan sobre el modelo representado por la mudanza subrepticia de linderos para ampliar los linderos:<\/p>\n\n\n\n<p>Cabrera Malo (1989 (1922) cuenta c\u00f3mo, aspirando uno m\u00e1s de lo que le corresponde,&nbsp; decide que el Morichal de la Mona, que deslinda su posesi\u00f3n, no es el indicado en el t\u00edtulo respectivo, sino diez leguas m\u00e1s al norte. Comentando un personaje:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c-Ingeniosa la manera esa de estirar la tierra, como si fuera melcocha\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Interrog\u00e1ndose c\u00f3mo puede alguien \u201cadministrar el sacramento del bautismo en la propiedad ajena\u201d. Y contesta el cura:<\/p>\n\n\n\n<p>-Aqu\u00ed en el llano, el coroto no es del amo si no del que lo necesita\u201d. Agregando: \u201cEsto es un baturrillo bolchevique\u201d. Aludiendo quiz\u00e1 a Vallenilla Lanz (op. cit.) en cuanto a presunto comunismo en el llano. Ironizando tanto el naciente r\u00e9gimen sovi\u00e9tico como la mencionada pr\u00e1ctica llanera.<\/p>\n\n\n\n<p>En la misma obra Cabrera Malo se hace copart\u00edcipe de la idea de que tales&nbsp; \u201cSe\u00f1ores feudales\u201d lo eran \u201cm\u00e1s por instintos at\u00e1vicos que por heredad\u201d como postula De Armas Chitty.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tempranamente Gallegos se siente atra\u00eddo por aquellas lejan\u00edas: el acc\u00e9sit aspirado por el protagonista de la novela&nbsp; <strong>Reinaldo Solar<\/strong> (1920) es como de tierra llana. Celebra la conquista del \u00c1vila invocando \u201cla voz perdida que canta en la llanura\u201d, memoria de un tiempo glorioso. La obra parece centrada en una \u201cnostalgia de las olvidadas patrias\u201d:<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed est\u00e1 el camino! Mi tierra! La incomparable belleza de mi tierra: grita, llam\u00e1ndome en la luz y en el calor de su paisaje, en la desolaci\u00f3n de su pobreza, en la infinita alegr\u00eda del sol! \u00a1En la&nbsp; tristeza de sus&nbsp; ciudades muertas, sin pasado\u00a1 En la fascinaci\u00f3n de su espejismo, en el silencio de sus desiertos. En el inquietante soplo tr\u00e1gico que flota sobre el abismo de sombras del alma sepultada de mi raza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En el grito de horror del que cay\u00f3 en la emboscada; en&nbsp; el lamento del que se consume en la lujuria infecunda; en el delirio del que se abraza en la llama invisible de la fiebre; en la&nbsp; voz perdida que canta en la llanura nostalgia de las olvidadas patrias; de los que vinieron en las carabelas y en el barco negrero, y de los que vieron destruidas sus tribus y reemplazados sus dioses\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;De la llanura dice que es \u201cdilatada\u201d en <strong>La Primera Versi\u00f3n de El Forastero,<\/strong> aludiendo al&nbsp; \u201cconf\u00edn de la sabana\u201d. El espejismo aparece en <strong>Reinaldo Solar<\/strong> y en <strong>La Primera Versi\u00f3n<\/strong>: \u201clas sospechas temerarias, propicias a los espejismos de la inflamable imaginaci\u00f3n de los portillenses\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Referencias geogr\u00e1ficas ungidas de m\u00edticidad y leyenda: \u201cLlano adentro\u201d en <strong>Pegujal<\/strong> y en <strong>La Primera Versi\u00f3n<\/strong>, \u201cM\u00e1s lejos que nunca\u201d en <strong>La Trepadora<\/strong> y \u201cel remoto Arauca\u201d&nbsp; a donde Hilario Guanipa quiere llevarse a Adelaida. Vocablos y locuciones que lo atraen: banco&nbsp; de sabana (<strong>La Trepadora<\/strong>).<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00e9xico y tem\u00e1ticas que lo rondan hasta darles forma en sus dos novelas del llano.<\/p>\n\n\n\n<p>Los pruritos adoctrinadores y simbolizadores no dejan de acosarlo: los conflictos entre&nbsp; hatos tiene antecedentes en <strong>La Primera Versi\u00f3n <\/strong>al comentar un incendio intencional de sabanas por parte de&nbsp; un propietario.<\/p>\n\n\n\n<p>La noci\u00f3n de latifundio que toma probablemente de Vallenilla Lanz, sin embargo se inviste de connotaci\u00f3n negativa en el cap\u00edtulo III de la Primera Parte de <strong>Do\u00f1a B\u00e1rbara, <\/strong>titulado \u201cLa Devoradora de Hombres\u201d, rese\u00f1ando la denominaci\u00f3n del hato El Miedo y sus or\u00edgenes cono \u201cel pa\u00f1o de sabana donde estaban situadas las casas del hato\u201d que La Da\u00f1era arrebata a Lorenzo Barquero con un subterfugio sugerido por el coronel Apolinar, quien ha sido jefe civil: \u201c\u00e9ste fue el punto de partida del famoso latifundio\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y en el cap\u00edtulo IV \u201cEl Rodeo\u201d, al comentar que \u201cen tiempos de Jos\u00e9 Luzardo, y durante las vaquer\u00edas generales, el blancaje lo compon\u00edan m\u00e1s de veinte propietarios de aquella porci\u00f3n de Arauca, de cuyas fincas, englobadas ahora en el latifundio de do\u00f1a B\u00e1rbara, restaban los nombres para designar matas y sabanas de \u201cEl Miedo\u201d. Con una significaci\u00f3n de grandes propiedades constituidas fraudulentamente con la anuencia del poder pol\u00edtico subsiguiente a la Guerra Federal.<\/p>\n\n\n\n<p>En <strong>Cantaclaro,<\/strong> el t\u00e9rmino s\u00f3lo es mencionado para referirse al \u201cprofundo malestar econ\u00f3mico que por todo el llano se extend\u00eda con el latifundio\u201d (1977b p. 195).<\/p>\n\n\n\n<p>No considera, en tal categor\u00eda, al hato Altamira a pesar de&nbsp; que \u201cprimitivamente\u201d estuvo conformado por \u201cunas doscientas leguas de sabanas feraces que alimentaban la hacienda m\u00e1s numerosa que por aquellas soledades pac\u00eda y donde se encontraba uno de los m\u00e1s ricos garceros de la regi\u00f3n\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ni porque su fundador Evaristo Luzardo fuese \u201chombre de presa\u201d&nbsp; que, \u201ca sangre y fuego\u201d, arrebata a una comunidad yarura,&nbsp; El Palmar de La Chusmita (Gallegos, 1977a). Vinculando tampoco dicha palabra con el hato El Aposento de Los Coronado siendo \u201cla finca m\u00e1s grande y bonita de por todo esto\u201d (Gallegos, 1977b, 294).<\/p>\n\n\n\n<p>Paralelamente, en ambas obras hay dos modelos de caudillaje: el de Santos Luzardo,&nbsp; como \u201cbuen cacicazgo\u201d, frente a los que llama \u201ccaciques de la llanura\u201d, Do\u00f1a B\u00e1rbara, entre otros. El cap\u00edtulo titulado \u201cLa Hora del Hombre\u201d deja ver su aspiraci\u00f3n de recuperar \u201cel ancho feudo\u201d&nbsp; \u201cpara la futura obra civilizadora\u201d: \u201cLa hora del hombre bien aprovechada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En <strong>Cantaclaro<\/strong> hay una b\u00fasqueda de Payara, por parte de Mart\u00edn Salcedo para comandar la revoluci\u00f3n y, con igual fin, Juan Parao jarabea a Florentino.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un empe\u00f1o justiciero: \u201cYa era hora de emprender la lucha para que en el ancho feudo de la violencia reinase alg\u00fan d\u00eda la justicia\u201d (1977a: 162). Retaliaci\u00f3n que alcanza al medio natural: \u201c! La llanura! \u00a1La maldita llanura, devoradora de hombres!\u201d, de acuerdo con reclamos de Lorenzo Barquero.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Proyecto que no representa destrucci\u00f3n del latifundio sino su sometimiento a r\u00e9gimen jur\u00eddico, aunque lo hubiese concebido el mismo usurpador. Cuando Luzardo acude ante la autoridad competente, bas\u00e1ndose en la Ley de Llanos, objeta que Mr. Danger cace orejanos no siendo suficiente la propiedad que detenta, mientras que Do\u00f1a B\u00e1rbara, poseyendo lo requerido, debe permitir \u201ctrabajos\u201d en sus sabanas, ya que, como apunta Gallegos (1979b) \u201ctoda hacienda llanera\u201d anda \u201cregada por tierras que no le pertenecen\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, Luzardo estima que es necesario poblar, sanear, para&nbsp; \u201cmodificar las circunstancias que originan ciertos males: &nbsp; \u201ctodo lo que contribuyese a suprimir ferocidad ten\u00eda una importancia grande para su esp\u00edritu\u201d.&nbsp; As\u00ed que abriga el deseo de&nbsp; que las quemas aplicadas, en aquella \u201cenormidad de las tierras\u201d, para acabar garrapatales y renovar pastos, provea la rotaci\u00f3n de reba\u00f1os, mientras se estudia un sistema m\u00e1s \u201cracional\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Lamentando que la quesera no opere con pr\u00e1cticas usuales en \u201cpa\u00edses civilizados\u201d.&nbsp; Insistiendo en la necesidad de \u201ccivilizar la llanura: acabar con el emp\u00edrico y con el cacique, ponerle t\u00e9rmino al cruzarse de brazos ante la naturaleza y el hombre\u201d. Que para Gallegos es trazar \u201cla l\u00ednea recta del hombre dentro de la l\u00ednea curva de la Naturaleza\u201d,&nbsp; fijando \u201cen la tierra de los innumerables caminos, por donde hace tiempo se pierden, rumbeando, las esperanzas errantes, uno solo y derecho hacia el porvenir\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Af\u00e1n modernizador ausente en <strong>Cantaclaro <\/strong>as\u00ed<strong> <\/strong>como proyectos revolucionarios en el mejor sentido de la palabra. Expresando m\u00e1s bien el deseo de que se deje respeten las propiedades ajustadas a la ley, sin importar su extensi\u00f3n. Legitimidad que parece&nbsp; localizar m\u00e1s entre godos que en federales (1). Juzgando,&nbsp; los primeros,&nbsp; como \u201cgente de bien con tradici\u00f3n de se\u00f1or\u00edo social que en lo dom\u00e9stico como en lo p\u00fablico daban un raro ejemplo intachable, terratenientes y comerciantes que practicaban la probidad como atributo de mantuanismo, por contraposici\u00f3n a la plebeya y absoluta carencia de honestidad que en lo pol\u00edtico como en lo privado, era la caracter\u00edstica de los Jaramillo, enemigos de los Payara\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sin descartar que hubiese godos que, alardeando de correctos, plantasen \u201clos linderos de sus fincas m\u00e1s all\u00e1 de lo escriturado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Repudia, igualmente, el cuatrerismo como&nbsp; la ambici\u00f3n de jefes civiles por apropiarse de bienes de pobres o ricos: \u00d1o Pernalete, primera autoridad civil en <strong>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/strong>, &nbsp; destruye el hato Ave Mar\u00eda de Antonio Sandoval, cuando aqu\u00e9l era cuatrero (1979a), mientras el coronel Buitrago, que fue jefe civil, acosa desde el poder tanto al pobre Juan El Veguero como a los Coronado y otros due\u00f1os (2).&nbsp;<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"850\" height=\"531\" src=\"https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-2.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1758\" srcset=\"https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-2.jpeg 850w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-2-300x187.jpeg 300w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-2-768x480.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>(Fotograf\u00eda de Constantino Castelblanco Quintana)\u00a0\u00a0<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<p>La desconfianza ante los sectores populares por parte de Payara, parece compartirla Gallegos al atribuirles conductas inconscientes. En <strong>Cantaclaro<\/strong> \u201clos revolucionarios\u201d est\u00e1n animados m\u00e1s por venganza (resentimiento social) que por anhelos de transformaci\u00f3n econ\u00f3mica y social. Imagin\u00e1ndolos, adem\u00e1s, v\u00edctimas del determinismo geogr\u00e1fico y la fatalidad (1979b, p. 54-55,&nbsp; 193-194). En <strong>Do\u00f1a B\u00e1rbara,<\/strong> Pajarote alega que \u201cpe\u00f3n es pe\u00f3n y le toca obedecer cuando el amo manda\u201d. Sin que deje de presentarse situaciones de resistencia subterr\u00e1nea, como cuando Sandoval manifiesta a Luzardo que las cercas pueden matar \u201cde tristeza a los llaneros\u201d habituados al cachilapeo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Dejando colar Gallegos la posibilidad de ideas sobre la guerra y la distribuci\u00f3n de la riqueza que califica de \u201cmuy llaneras\u201d, como cuando Pajarote se alza \u201cPor descansar de la brega con la cimarronera y porque ya las totumas estaban llenas, de tanta paz que hab\u00eda habido, y era hora de repartir los centavos\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo Juan Parao se deslinda<strong> <\/strong>de dos de sus amos: Jaramillo y Payara, se alza por propia iniciativa, pero prosigue aferrado a esa espera que Gallegos (1977b) registra en ambas novelas: \u201cUna voz de tu sangre, religi\u00f3n de tu raza mesi\u00e1nica, te hizo luego seguir a un hombre en quien viste un jefe. \u00a1Pobre pueblo m\u00edo que siempre andas busc\u00e1ndolo!! (p. 364). &nbsp; <strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El medio f\u00edsico parece resistiendo. Rebeld\u00eda insinuada a lo largo de <strong>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/strong>: el cap\u00edtulo \u201cLa Doma\u201d dice c\u00f3mo \u201cpalpita con un ritmo amplio y poderoso la vida libre y recia de la llanura\u201d. Una pulsaci\u00f3n ante la cual luce Gallegos proclive a rendirse dando rienda suelta a sus&nbsp; reclamos:&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAncha tierra, buena para el esfuerzo y para la haza\u00f1a!&#8230;..\u00a1Ancha tierra para correr d\u00edas enteros! \u00a1Siempre habr\u00e1 m\u00e1s llano por delante!\u201d. No siendo inmune tampoco, el impert\u00e9rrito e impasible Luzardo,&nbsp; a \u201clas tufaradas de los recuerdos de la ni\u00f1ez\u2026 Sus nervios que ya hab\u00edan olvidado la b\u00e1rbara emoci\u00f3n, volv\u00eda a experimentarla vibrando acordes con el estremecimiento de coraje con que hombres y bestias sacud\u00edan la llanura, y \u00e9sta le parec\u00eda m\u00e1s ancha, m\u00e1s imponente y hermosa que nunca\u2026.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cY de todo esto y por todas las potencias de su alma. Abierta a la fuerza, a la belleza y al dolor de la llanura, le encontr\u00f3 el deseo de amarla tal como era, b\u00e1rbara pero hermosa, y de entregarse y dejarse moldear por ella, abandonando aquella perenne actitud vigilante contra la adaptaci\u00f3n a la vida simple y ruda del pastoreo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pudiendo observarse en el cap\u00edtulo \u201cLuz en la Caverna\u201d&nbsp; que Barquero sucumbe v\u00edctima de la Devoradora de Hombres, que no era tanto Do\u00f1a B\u00e1rbara como&nbsp; \u201cla tierra implacable, la tierra brava, con su soledad embrutecedora, tremedal donde se hab\u00eda encenegado aquel que fue el orgullo de los Barquero\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras en <strong>Cantaclaro<\/strong> desde el primer cap\u00edtulo y quiz\u00e1 hasta la \u00faltima frase, despu\u00e9s de todas las tormentas sociales, intimas, amatorias, famil\u00edsticas, pol\u00edticas y econ\u00f3micas, la sabana impone su protagonismo e&nbsp; \u201cinflujo diab\u00f3lico\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Triunfo que parece corresponderse con el de la gran propiedad, adquirida&nbsp; leg\u00edtimamente seg\u00fan ideolog\u00eda galleguiana: en el cap\u00edtulo final de <strong>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/strong> \u201cToda Horizontes, Toda Caminos\u201d, el pen\u00faltimo p\u00e1rrafo es para informar que ha transcurrido&nbsp; \u201cel tiempo prescrito por la ley para que Marisela pueda entrar en posesi\u00f3n de la herencia de la madre, de quien no se ha vuelto a tener noticias, y desaparece del Arauca el nombre de El Miedo, y todo vuelve a ser Altamira\u201d. Es decir: las doscientas leguas de extensi\u00f3n y quiz\u00e1 m\u00e1s, debido al esfuerzo de la Do\u00f1a adscribi\u00e9ndose otros fundos. Concluyendo la obra con este p\u00e1rrafo:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLlanura venezolana \u00a1\u00a1Propicia para el esfuerzo, como lo fue para la haza\u00f1a, tierra de horizontes abiertos, donde una raza buena, sufre y espera\u201d.&nbsp; Dejando para los heredados el salvacionismo que en otras circunstancias repara.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En <strong>Cantaclaro<\/strong>, muerto Buitrago, sucede igual con&nbsp; El Aposento, en manos de Jos\u00e9 Lu\u00eds Coronado y sus tradicionales pr\u00e1cticas hateras.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Asentimiento con tales modelos de hato que deriva, quiz\u00e1, del probable acomodo de Gallegos al espec\u00edfico medio ambiente, por su habitual aquiescencia hacia las pulsiones etno-tel\u00faricas: \u201cDe mi se decir e estando en el Arauca, ante la sabana inmensa, sent\u00ed que si le echaba la pierna a un caballo salvaje y acertaba a enlazar a un toro, me quedar\u00eda para siempre en el llano&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>El personaje central de <strong>Cantaclaro<\/strong> es la sabana si observamos que arrastra a Florentino, de donde \u201cBend\u00edgame vieja. Que la sabana me llama otra vuelta\u201d, puesto que le ofrece \u201csus caminos (&#8230;) como una mano sus rayas al abrirse\u201d; convoca a Payara: \u201cuna voz llanera de gran horizonte abierto\u201d; a Juan Parao: \u201cse lo llev\u00f3 la sabana, que hac\u00eda d\u00edas estaba llam\u00e1ndolo\u201d y a Ros\u00e1ngela, acosada por sus \u201cinflujos\u201d; a cuantos se juzgan llaneros, siguiendo al Profeta, \u201cuna voz antigua, pero siempre oportuna a cuyo encuentro sal\u00eda el alma del llanero. La voz de la sabana, el vasto horizonte, invitando al nomadismo &#8230;\u201d. Que no parece seducir a Jos\u00e9 Lu\u00eds Coronado, a quien&nbsp; poco dice la&nbsp; sabana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto en <strong>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/strong> como en <strong>La Vor\u00e1gine<\/strong> se evidencia un prurito iluminista que ubica la sabana como zona intermedia entre civilizaci\u00f3n y barbarie. Pero en&nbsp; <strong>Cantaclaro <\/strong>parece flameando m\u00e1s bien como grito alternativo frente a la ciudad. Una contrapropuesta civilizatoria ante el hecho urbano, como en La Silva Criolla de Lazo Mart\u00ed: tierra para la poes\u00eda y la justicia. Connotaci\u00f3n que se anuncia en <strong>Do\u00f1a B\u00e1rbara <\/strong>con el triunfo de Santos Luzardo sobre las fuerzas \u201coscuras\u201d emanadas de la ciudad (Mr. Danger, \u00d1o Pernalete) y las que proceden de \u201cla selva\u201d (Do\u00f1a B\u00e1rbara, la maldici\u00f3n india, etc.).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No en balde, la sabana aporta potencialidades silenciosas y afirmativas a trav\u00e9s de Antonio Sandoval, Carmelito, Pajarote, Mar\u00eda Nieves, Marisela. Consustanciaci\u00f3n con la tierra que convalidan versos como \u00e9ste de Alberto Arvelo:&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo quiero alambre importuno \/ en mi mundo desolado \/ Si se me riega el ganado \/ yo ver\u00e9 si lo re\u00fano\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como textos de <strong>Do\u00f1a B\u00e1rbara,<\/strong> referidos a la sabana, que parecen legitimar respuestas frente al empe\u00f1o de dominarla: \u201cFue la rebeli\u00f3n de la llanura, la obra del ind\u00f3mito viento, de la tierra ilimite contra&nbsp; la innovaci\u00f3n civilizadora\u201d&nbsp; &nbsp; (1977a: 139).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y otros que reivindican su cultura: \u201cla barbarie tiene sus encantos, es algo hermoso que vale la pena vivirlo, es la plenitud del hombre rebelde a toda&nbsp; limitaci\u00f3n\u201d (R\u00f3mulo Gallegos, 1977a: 164)<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Secuelas de una novel\u00edstica del latifundio:<\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>R\u00f3mulo Betancourt, asumiendo el mensaje de Gallegos e influido quiz\u00e1 por&nbsp; Mari\u00e1tegui y el aprismo peruano, en su art\u00edculo \u201cApuntes para una interpretaci\u00f3n de Do\u00f1a B\u00e1rbara\u201d en la Revista <strong>Repertorio Americano<\/strong> tomo XXI, No. 13, Octubre 4, 1930, San Jos\u00e9 de Costa Rica, establece una dicotom\u00eda entre latifundio y libertad, se\u00f1alando a Do\u00f1a B\u00e1rbara&nbsp; como \u201clatifundista, hembra de presa, mujerona sin escr\u00fapulos, capaz de todas las depredaciones y de todas las tropel\u00edas, personaje que en la evoluci\u00f3n social de Venezuela, invirtiendo el sexo, puede bien llamarse Cipriano Castro&nbsp; o Juan Vicente G\u00f3mez\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s y, gobernando todav\u00eda G\u00f3mez, aparece <strong>Cantaclaro<\/strong>, con una sola referencia, bajo un velo cr\u00edptico, a la categor\u00eda de marras, relativa a las pr\u00e9dicas \u201ccerteras y eficaces\u201d del Profeta en un \u201cmomento en que el duro apremio de las necesidades materiales mal satisfechas \u2013el recio trabajo y la paga escasa y la condici\u00f3n de siervo del pe\u00f3n y el profundo malestar econ\u00f3mico que por todos lados se extend\u00eda con el latifundio y a causa de las mil trabas que para llegar a \u00e9ste obstaculizaban la peque\u00f1a industria del ganadero sin capital \u2013 ya no hac\u00edan apetecible la vida sedentaria\u2026\u201d&nbsp; (1977b, 195).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Seis a\u00f1os despu\u00e9s, habiendo transcurrido dos de la primera edici\u00f3n de <strong>Cantaclaro<\/strong>, Bentancourt,&nbsp; en pr\u00f3logo a la obra <strong>Latifundio<\/strong> de Acosta Saignes,&nbsp; se manifiesta cr\u00edtico de la tercera Rep\u00fablica por escamotear los haberes militares \u201csobre todo los de los llaneros\u201d, que los oblig\u00f3 a convertirse en \u201ccuatreros\u201d. Libro en el que Acosta&nbsp; denuncia \u201cprocedimientos rudimentarios a los que est\u00e1n sometidos\u201d los peones, entre otros la pr\u00e1ctica de \u201caparcer\u00eda\u201d, que no menciona Gallegos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sombras de Los Llaneros <\/strong>es un cap\u00edtulo en el que Acosta revela que \u201cSe quejan los llaneros. Si\u00e9ntense sombras de los semicentauros de ayer. Sin embargo, la heroicidad de antes y la tristeza de ahora tienen un mismo origen: la falta de tierras. Tras realistas y libertadores anduvieron indistintamente en las guerras independentistas, llevaban s\u00f3lo el deseo de obtener alguna propiedad. Siguiendo a P\u00e1ez se fueron las legiones heroicas, con \u201chambre de tierras\u201d. Secundando luego a los caudillos de \u201cmil revoluciones\u201d, anhelantes siempre de la parcela para el conuco. Ese conjunto de hombres \u201csufre y espera\u201d.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Agregando que tambi\u00e9n all\u00ed los latifundistas usan y abusan. Dilem\u00e1tica que Gallegos evita comentar. Como tampoco se\u00f1alamientos de Acosta en cuanto a que dichos fundos s\u00f3lo admiten hombres y rechazan sus familiares. A\u00f1adiendo que hubo \u201ctiempos florecientes\u201d en que cada cual \u201cpose\u00eda ocho o diez reses y algunos, peque\u00f1os reba\u00f1os de algunas decenas\u201d. Pero el acaparamiento de tierras solo deja miseria.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Se proh\u00edbe hasta la cr\u00eda de cerdos \u201cporque hozan la sabana\u201d y es propiciada la pobreza&nbsp; para contar con \u201cfuerza humana\u201d para salarios de miseria y comidas \u201ccompuestas de hueso y topochos\u201d. Como Gallegos, Acosta es partidario tanto de las cercas para proteger la agricultura como de la modernizaci\u00f3n del transporte para los ganados.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La lectura un\u00edvoca y monos\u00e9mica de las dos novelas de Gallegos, como quiso Betancourt en 1930, es esquiva: las ventoleras ideol\u00f3gicas se entrecruzan como las aguas de los r\u00edos llaneros, como \u201cel hombre de la llanura\u2026 ante la vida\u2026Todo a la vez y sin estorbarse\u201d (Gallegos, 1977a). Siendo Presidente de la Rep\u00fablica, promulga una Ley de Reforma Agraria, que al parecer influy\u00f3 en su derrocamiento por afectar intereses latifundistas (P\u00e1rraga G. 2001).&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Notas:<\/h4>\n\n\n\n<div style=\"height:15px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>1) Sobre cr\u00edtica de Gallegos a los&nbsp; federales v\u00e9ase 1979b, pp.&nbsp; 92, 105-106.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>2) En <strong>Cantaclaro<\/strong> puede observarse que Gallegos insiste en denunciar la autoridad usurpadora: \u201chombres de presa\u201d&nbsp; (Gallegos, 1977b, p. 107), que se apropian de las tierras de honrados ganaderos (op. cit., pp 26, 54-5, 93;&nbsp; 270-3; 323-331).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Asalto al horizonte:<\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Santamar\u00eda \/2002, citado por Reyes, 2003) apunta que \u201centre olvidos y nostalgias Casanare lleg\u00f3 al fin del siglo pasado y de pronto los pozos petroleros asaltaron el horizonte\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un asedio que, al parecer, tiene preclaros antecedentes, citando Reyes, tambi\u00e9n, a Rosselli, quien en 1946, al apuntar que \u201ccon la llegada del autom\u00f3vil y del turista, abandonaron ese aire salvaje y misterioso para incorporarse, aunque con resistencias, al torrente de la civilizaci\u00f3n\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Antonio Jos\u00e9 Torrealba en su \u201cDiario de un Llanero\u201d, que relata hechos del Caj\u00f3n del Arauca correspondientes a los primeros a\u00f1os del siglo XX, coincide en el parecer muy de la \u00e9poca, y de fines del siglo XIX de que el llano tocaba a su fin. (163).<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho autor, llanero&nbsp; y consciente de los valores de la etnia, se\u00f1ala cuatro causas de lo que entonces se consideraba como el fin del Llano: el gobierno andino, la civilizaci\u00f3n mal interpretada, las pestes y los llaneros modernos (1986 : V: 82)<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Izard anota \u201ctres plagas\u201d, de acuerdo con la informaci\u00f3n suministrada por \u201clos ganaderos, grandes y medianos\u201d, en los a\u00f1os veinte del siglo XX: \u201cla crisis econ\u00f3micas, la epidemias y los cuatreros\u201d (1986: 38).<\/p>\n\n\n\n<p>En tanto que uno de los entrevistadores por el equipo de Cendes para el trabajo sobre el hato, expone los factores que contribuyeron a la ruina del llano&#8230; primeramente, el paludismo, y despu\u00e9s Juan Vicente G\u00f3mez, o mejor, dicho, yo no s\u00e9 cu\u00e1l&nbsp; de los dos le hizo m\u00e1s da\u00f1o\u201d (Carvallo, 1985: 161).<\/p>\n\n\n\n<p>De lo cual podemos deducir tres fen\u00f3menos que se articulan: 1) Hechos pol\u00edticos, 2) Hechos Ideol\u00f3gicos, y 3) Hechos \u00e9tnicos, que una sabia alternativa para la regi\u00f3n debe enfrentar.&nbsp;<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"850\" height=\"562\" src=\"https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-3.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1759\" srcset=\"https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-3.jpeg 850w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-3-300x198.jpeg 300w, https:\/\/www.oscarpabon.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-3-768x508.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>(Fotograf\u00eda de Constantino Castelblanco Quintana)<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Cu\u00e1l horizonte:<\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Quienes vinieron a explotarla no contaron que la tierra amolda el modo de ser de cuanto se le adscribe. Nadie se instala impunemente en un lugar.&nbsp; Creemos dejar marcas por donde uno pasa. Y son los sitios los que nos marcan.&nbsp; Todo espacio repele o absorbe. Transforma. Transfigura. Culturiza. Quien viene o quien va.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de ocupada, la antigua tierra persiste, no desaparece, a menos que desaparezca todo. Ya que la antigua tierra es la garante para que todo no desaparezca. Ella vigila. La madre tierra de la que venimos y de la que no podemos desasirnos so riesgo de quedar para siempre varados en la nada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Subsisten las palabras que las nombraban y las pr\u00e1cticas. Los usos que ella fue insinuando, generando, reproduciendo. Un lenguaje que orienta acerca del modo en que se edific\u00f3 su mundo o puede ser reconstruido, en el marco de la oferta del hero\u00edsmo fundacional. Un desaf\u00edo para que cualquier cambio que aqu\u00ed se produzca no trastoque aquellas bases etnotel\u00faricas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Subsisten las composturas y los territorios que les nutrieron. Subsisten los motivos que las erigieron o inspiraron. Los mismos cielos sobre las mismas tierras.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de furores unilaterales y torcidos<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar del desbocamiento tras todos los dorados<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar del guayare en la conciencia obsesionado por extraer y no reproducir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un principio m\u00ednimo de cualquier revoluci\u00f3n reclama antes que nada&nbsp; el balance de lo que fuimos, somos, podemos ser, preservaci\u00f3n de hermosuras, dichas, rastros perennes.<\/p>\n\n\n\n<p>Un legado territorial, otro ind\u00edgena tal vez en el basural y los pelados. Cuanto a\u00fan late bajo las superficies arrasadas.&nbsp; Desbrocemos, hurguemos,&nbsp; icemos la ofrenda diaria ante el altar solidario, para que m\u00e1s nunca tengamos que pedir muletas para sobrevivir .<\/p>\n\n\n\n<p>Para que no regrese como furia.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Sugerencia:<\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Si es que el llano como h\u00e1bitat pecuario se encuentra en entredicho, m\u00e1s por cuanto se hace, que por cuanto se dice, procede&nbsp; preservar&nbsp; alternativas que, culturalmente son patrimoniales, como esta del hato llanero. Recuperar sus lindes, ya como propiedad privada o p\u00fablica, donde a\u00fan los ecosistemas lo permitan y no sean afectados.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Algo as\u00ed como reserva de bi\u00f3sfera, en las que as\u00ed como se distribuyen los goces intangibles que genera, tambi\u00e9n se repartan los bienes tangibles para que no haya usufructuador ni usufructuado. A cada quien, seg\u00fan su merecimiento, de cada quien seg\u00fan su pericia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una modalidad de hato llanero del siglo XXI en que el control de su funcionamiento sea a trav\u00e9s de los recursos modernos, debidamente colectivizados, de la inform\u00e1tica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Se invoca por all\u00ed la sociedad del conocimiento como esa panacea que est\u00e1 terciando ante problem\u00e1ticas ancestrales de todos los mundos. Una presunci\u00f3n de universalidad en cuanto que tiene m\u00e1s bien a unir que a desunir, aglutinar antes que disgregar, valorar antes que desmerecer.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tal sociedad, me atrevo a presumir, ha de dar garant\u00edas de que tambi\u00e9n lo sea sociedad de la convivencia, la alegr\u00eda, el buen gusto y la equidad.&nbsp; Como lo han sido todas las etnicidades del mundo en el mejor sentido de su \u00edndole interfecundante y solidaria.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La Globolocalizaci\u00f3n que Baquero Nari\u00f1o propone para&nbsp; que &#8220;el ritmo cosmopolita de la \u00e9poca\u201d no solape lo que hemos sido y podemos&nbsp; culturalmente seguir siendo como energ\u00edas probadas y aptas para mantener todo lo bueno que aqu\u00ed se ha gestado y se puede gestar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un orden inter\u00e9tnico universal del conocimiento, por su potencialidad para dejar que cada cultura logre armar su tienda espec\u00edfica, en el marco de las aspiraciones comunes de autosustentabilidad, que minimice al m\u00e1ximo cualquier amenaza de incertidumbre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestra particular etnicidad llanera orinoquense hubo un saber-hacer que se manifestaba en sincron\u00edas como las que se vivenciaban en los grandes rodeos de ganado. Hubo felicidades que derivaban al mismo tiempo de la pericia en el esfuerzo de sol a sol como en la ejecuci\u00f3n de un cordaje, como en la destreza al cantar, como en el encuentro con la amada, como en el juego y la lucha.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Debiendo esa sociedad del porvenir ser lo m\u00e1s parecida posible a aquel tiempo primario,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A la alegr\u00eda que segregaba,<\/p>\n\n\n\n<p>El trance est\u00e9tico que se insinuaba en cada hacer y cada decir<\/p>\n\n\n\n<p>El cuidado en que no hubiese nada que no fuese energ\u00eda capaz de crear sue\u00f1os o recrearlos cuando evidenciaban que era suficientemente dignos de renovarse sin cesar&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nos consta que as\u00ed fue y puede seguir siendo el cielo que ya nadie puede prometernos porque de alguna manera sigue en nosotros vivo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Bibliograf\u00eda consultada:<\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>ABREU, Jos\u00e9 Vicente. \u201cEntre Ovalles y Gallegos\u201d; \u201cEl Llanero\u201d, en Revista de Cultura Universitaria, 1972, XXXII (206-207-208).<\/p>\n\n\n\n<p>ACEVEDO, \u00c1ngel Eduardo. \u201cRecostado a la copla con \u00c1ngel Custodio Loyola\u201d, en Imagen, 37, N\u00famero Especial 2004.<\/p>\n\n\n\n<p>ACOSTA SAIGNES, M. Latifundio. Caracas: Procuradur\u00eda Agraria Nacional, 1987 (Pr\u00f3logo de R\u00f3mulo Betancourt) (1938).<\/p>\n\n\n\n<p>AGUADO, Fray Pedro. Recopilaci\u00f3n Historial de Venezuela. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia (B.A.N.H.), 1963.<\/p>\n\n\n\n<p>ALMOINA DE CARRERA, Pilar. Cronistas e historiadores: \u00bfantecedentes de la literatura venezolana? Caracas: Instituto de Investigaciones Literarias, Facultad de Humanidades y Educaci\u00f3n, UCV, 1982.<\/p>\n\n\n\n<p>ARVELO TORREALBA, Alberto. Lazo Mart\u00ed: vigencia en lejan\u00eda. Caracas: Inciba, 1965.<\/p>\n\n\n\n<p>ARVELO TORREALBA, Alberto. Obra po\u00e9tica. Caracas: Direcci\u00f3n de Cultura, UCV, 1967.<\/p>\n\n\n\n<p>BAQUERO NARI\u00d1O, A. Di\u00e1spora de Identidades y pertenencias: (El quehacer de la cultura). Rep\u00fablica de Colombia: Universidad de Los Llanos, 2005.<\/p>\n\n\n\n<p>BARRIOS CRUZ, L., en Letras, No. 850, San Fernando de Apure, 25 de julio de 1931.<\/p>\n\n\n\n<p>BLANCO, Jos\u00e9 F\u00e9lix y Ram\u00f3n AZPURUA. Papeles para la vida p\u00fablica del Libertador. Caracas: Presidencia de la Rep\u00fablica, 1981.<\/p>\n\n\n\n<p>BOL\u00cdVAR CORONADO (Fdo. Daniel Mendoza). El Llanero. Madrid (Espa\u00f1a): Editorial Cultura, 1922 (1918 (?)).<\/p>\n\n\n\n<p>CABRERA MALO, Rafael. Reflejos de los Remansos Azules. Caracas: Academia Venezolana de la Lengua, 1989.<\/p>\n\n\n\n<p>CABRERA MALO, Rafael. Mim\u00ed. Caracas: Tipograf\u00eda El Pregonero, 1898 (Edici\u00f3n Mimeografiada UCV, 1963).<\/p>\n\n\n\n<p>CALDERA, Rafael Tom\u00e1s. La respuesta de Gallegos: ensayos sobre nuestra situaci\u00f3n cultural. Caracas: BANH, 1980.<\/p>\n\n\n\n<p>CALZADILLA VALDEZ, Fernando. Por los Llanos de Apure. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educaci\u00f3n, 1948.<\/p>\n\n\n\n<p>CARVAJAL, Fray Jacinto. Descubrimiento del r\u00edo Apure. Caracas-Madrid: Ediciones Edime, 1956.<\/p>\n\n\n\n<p>CARVALLO, Gast\u00f3n. El hato venezolano. Caracas: Fondo Editorial Tr\u00f3picos, 1985.<\/p>\n\n\n\n<p>CARVALLO, Gast\u00f3n y J. R\u00cdOS DE HERN\u00c1NDEZ. Temas de Venezuela Agroexportadora. Caracas: Fondo Editorial Tr\u00f3picos, 1984.<\/p>\n\n\n\n<p>CASTELLANOS, Juan de. Eleg\u00edas de varones ilustres de Indias. Introducci\u00f3n de Isaac J. Pardo. Caracas: B.A.N.H., 1962.<\/p>\n\n\n\n<p>CUNILL GRAU, Pedro. Geograf\u00eda del Poblamiento Venezolano en el siglo XIX. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la Rep\u00fablica, 1987.<\/p>\n\n\n\n<p>DE ARMAS CHITTY, Jos\u00e9 Antonio. Aventura y Circunstancia del Llanero: Ganader\u00eda y L\u00edmites del Gu\u00e1rico (siglo XVIII). Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1979.<\/p>\n\n\n\n<p>DE ARMAS CHITTY, Jos\u00e9 Antonio. Vocabulario del Hato. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1966.<\/p>\n\n\n\n<p>DE ARMAS (MIRABAL), Julio. Historia de la Ganader\u00eda en Venezuela. Caracas: Ediciones del Congreso Nacional, 1974.<\/p>\n\n\n\n<p>FEBRES, Humberto. Encima de un caballo casta\u00f1o oscuro, mimeografiado, 1984.<\/p>\n\n\n\n<p>FERN\u00c1NDEZ DE OVIEDO, Gonzalo. Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierras firmes del Mar Oc\u00e9ano. Caracas: BANH.<\/p>\n\n\n\n<p>GALLEGOS, R\u00f3mulo. Cantaclaro. Caracas: Monte \u00c1vila, 1977b.<\/p>\n\n\n\n<p>GALLEGOS, R\u00f3mulo. Do\u00f1a B\u00e1rbara. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1977a.<\/p>\n\n\n\n<p>GALLEGOS, R\u00f3mulo. Obras Completas. Madrid: Aguilar, 1959.<\/p>\n\n\n\n<p>GALLEGOS, R\u00f3mulo. La Primera versi\u00f3n de El Forastero: novela in\u00e9dita. Caracas: Equinoccio (Editorial de la Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar), 1980.<\/p>\n\n\n\n<p>HUMBOLDT, Alejandro de. Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Mundo (Trad. de Lisandro Alvarado), Tomo III. Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n, 1956.<\/p>\n\n\n\n<p>IZARD, Miguel. Orejanos, Cimarrones y Arrochelados. Barcelona (Espa\u00f1a): Sendai, 1988.<\/p>\n\n\n\n<p>LARRAZ\u00c1BAL, Felipe. Bol\u00edvar. Edici\u00f3n Modificada, con Pr\u00f3logo y Notas de Rufino Blanco Fombona. Caracas: Jos\u00e9 Agust\u00edn Catal\u00e1 Editor, 3 tomos, 1975 (edici\u00f3n facsimilar de 1883).<\/p>\n\n\n\n<p>OVALLES, V\u00edctor Manuel. El Llanero. Pr\u00f3logo de Jos\u00e9 Vicente Abreu. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la Rep\u00fablica, 1990 (1905).<\/p>\n\n\n\n<p>OVALLES, V\u00edctor Manuel. \u201cEl llanero y el autom\u00f3vil\u201d, en Renovaci\u00f3n, I (2), 12 de mayo de 1916.<\/p>\n\n\n\n<p>OVALLES, V\u00edctor Manuel. Un andaluz del Alto Llano. Caracas: Editorial Bol\u00edvar, 1937.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00c1EZ, Jos\u00e9 Antonio. Autobiograf\u00eda. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1973.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00c1EZ, Ram\u00f3n. Escenas r\u00fasticas en Sur Am\u00e9rica o la vida en los llanos de Venezuela. Caracas: B.A.N.H., 1973.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00c1RRAGA GARC\u00cdA, G. \u201cArrendamiento de tierra y legislaci\u00f3n agraria en Venezuela durante el per\u00edodo 1941-1948\u201d, en Saber, Universidad de Oriente, Venezuela, Vol. 13 No. 1: 74-81 (2001).<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00c9REZ VILA, Manuel. \u201cIndios a caballo\u201d, en El Nacional, 13 de noviembre de 1984.<\/p>\n\n\n\n<p>POCATERRA, Jos\u00e9 Rafael. Obras Selectas. Caracas-Madrid: Edime, 1967.<\/p>\n\n\n\n<p>REYES, Francisca. \u201cEso s\u00ed es llano cu\u00f1ao\u2026\u201d Etnograf\u00eda de un hato en Casanare. Bogot\u00e1: Departamento de Antropolog\u00eda, Universidad de los Andes, 2003 (tesis mimeografiada).<\/p>\n\n\n\n<p>RIVERA, Jos\u00e9 Eustasio. La Vor\u00e1gine. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1976.<\/p>\n\n\n\n<p>RODR\u00cdGUEZ, Adolfo. 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Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1991.<\/p>\n\n\n\n<p>VAVAVELL [VAWELL], Richard. Las sabanas de Barinas. Caracas: Biblioteca de la ANH, 1973.<\/p>\n\n\n\n<p>VILA, Pablo. Juan de Urp\u00edn. Caracas: UCV, 1975.<\/p>\n\n\n\n<p>VILA, Pablo. \u201cLa mocedad del cronista-poeta Juan de Castellanos en tierra venezolana\u201d, en Visiones Geohist\u00f3ricas de Venezuela. Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n, 1969.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><strong>Notas:<\/strong> 1. el acad\u00e9mico Adolfo Rodr\u00edguez R, autor de esta ponencia, v\u00eda email amablemente me la comparti\u00f3 el s\u00e1bado 29 de agosto del 2015.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Al amigo Constantino Castelblanco Q. mucho le agradezco haberme facilitado las fotograf\u00edas que ilustran el documento \u201cEl Hato Llanero: del conf\u00edn a la Aldea Global\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Villavicencio, Meta, Colombia<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cIntroducci\u00f3n: Concurren, a esta comprensi\u00f3n de la especificidad del hato llanero,\u00a0 tres inquietudes sobre el llano orinoquense que, persistentemente, me asedian: etnohistoria del imaginario que suscita dicho espacio, la presencia de la ganader\u00eda mayor (bovinos y equinos) en la regi\u00f3n&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1760,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-1755","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- 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