{"id":1354,"date":"2024-07-23T23:45:52","date_gmt":"2024-07-24T04:45:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.oscarpabon.com\/?p=1354"},"modified":"2024-08-05T16:22:47","modified_gmt":"2024-08-05T21:22:47","slug":"carta-inedita-de-jose-eustasio-rivera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.oscarpabon.com\/index.php\/2024\/07\/23\/carta-inedita-de-jose-eustasio-rivera\/","title":{"rendered":"Carta in\u00e9dita de Jos\u00e9 Eustasio Rivera (*)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>\u201cEl paisaje es mon\u00f3tono pero tiene a veces la llanura detalles bell\u00edsimos: palmeras de distintas clases se balancean eternamente, ya formando calles de varias cuadras de largo, ya distribuidas sim\u00e9tricamente alrededor de plazoletas enormes, que tienen en su centro un estero, zarco como una pupila, vigilado por parejas de garzas\u201d<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-us.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXde13rRmU0uccWtNmgfKXfv_GubR29TQJU7LXCTYtkYhmGgevgVDSSHG1-YJKhagqKaBP-md5lOmO5DmE81IDTYZBl0RUDka7M1vP2iIw5n7HEntaAbVTnPpZK7qEUPOwD_7QmwQnBzBnRAo18ZbDewmGgt1zhFBPqSSjcQ9xmHvhLtwlS8st4?key=5-VqqP_ufyqCwqGoS6I15Q\" alt=\"E:\\JE Rivera en Cali.jpg\" style=\"width:600px\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>El literato Jos\u00e9 Eustasio Rivera en 1910 en Cali acompa\u00f1ado de intelectuales vallecaucanos. Est\u00e1 sentado en el centro. De pie -izquierda a derecha- Guillermo Arana uno de los dos detinatarios de la siguiente carta in\u00e9dita (Imagen propiedad del Fondo Archivo del Patrimonio Fotogr\u00e1fico y F\u00edlmico del Valle del Cauca, Biblioteca Departamental Jorge Garc\u00e9s Borrero de Cali)<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<div style=\"height:40px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201cBogot\u00e1, febrero 22 de 1916<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1ores El\u00edas Quijano y Guillermo Arana<\/p>\n\n\n\n<p>Cali<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos amigos:<\/p>\n\n\n\n<p>Estas l\u00edneas, escritas de prisa los noticiar\u00e1n de mi regreso de los Llanos, y al mismo tiempo les expresar\u00e1n mi cordial agradecimiento por el amable telegrama de cumplea\u00f1os que se sirvieron dirigirme. Yo no olvid\u00e9 en su fecha a El\u00edas, pero a\u00fan me hallaba en la inmensidad de la pampa salvaje, lejos de las oficinas telegr\u00e1ficas y apenas pude recordar en su d\u00eda al amigo ausente.<\/p>\n\n\n\n<p>Imposible relatarles ahora todo lo que experiment\u00e9 en aquellas soledades agobiantes, melanc\u00f3licas, y fuera de ser infinitas y mon\u00f3tonas por lo imponentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que el viajero remonta el \u00faltimo estribo de la cordillera oriental, ya al descender a Villavicencio, presiente la enormidad del paisaje hasta en el aire que respira, pues como Heredia, le acontece que a trav\u00e9s de las distancias inconmensurables absorbe su nariz el olor penetrante de las resinas y de los pajonales onduladores: de repente al sesgar una quiebra, halla la inmensidad ante sus ojos, vasta, colosal, infinita.<\/p>\n\n\n\n<p>El panorama tiene por l\u00edmite el horizonte, y desde el nacimiento de la serran\u00eda se ven las curvas de los grandes r\u00edos salvajes, como si alguien hubiera tenido el capricho&nbsp; de ponerle a uno bajo los ojos un tablero que tuviera toda la perspectiva del Llano: el Guayuriba, el Ocoa, el Guatiqu\u00eda, el Humea, el Meta se ven salir a la llanura y perderse luego a una distancia de m\u00e1s de sesenta leguas, bajo las brumas del l\u00edmite desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>A trechos se perciben las grandes cejas de montes que cruzan en las planicies desiertas, tan planas como un billar, y el ojo adivina en los peque\u00f1os puntos m\u00f3viles que manchan al aire, la ondulaci\u00f3n perenne de las palmeras sagradas.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de Villavicencio, poblaci\u00f3n importante de calles empedradas, de luz el\u00e9ctrica y acueducto, se extiende una selva de m\u00e1s de 30 kil\u00f3metros de anchura, que va desde los ejidos de la poblaci\u00f3n, hasta el linde de los pajonales peque\u00f1os. Ese monte virgen tiene toda suerte de fieras, y en muchas partes es completamente desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras lo atravesaba una ma\u00f1ana, cuando me dirig\u00eda con mis amigos cazadores al lejano Humea, vi repetidas veces las manadas de chig\u00fciros y dantas, que hu\u00edan por el camino, delante de nuestras cabalgaduras, sin hacer mayor caso a los disparos de mi escopeta, que rindi\u00f3 dos chig\u00fciros enormes. Mis compa\u00f1eros, tan cazadores como yo, segu\u00edan impasibles dici\u00e9ndome: espera que salgamos al Llano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah, eso es algo indescriptible. Las palmeras enormes suben sobre los pajonales talludos y alt\u00edsimos, y donde la llanura ha sido quemada se ve en una distancia hasta de ocho o m\u00e1s leguas el reto\u00f1o verde, tan tierno como los arrozales reci\u00e9n nacidos, en donde pastan los venados de \u201cenramadas testas\u201d en grupos de cuatro o m\u00e1s pares. Por el aire vagan los guacamayos charladores y loros reales, negros, blancos, verdes, rojos, amarillos, cremas, y en los esteros pasean garzas de toda pluma, patos semejantes a los gansos caseros, y el cogitabundo garz\u00f3n soldado, de estilo rojo y plumaje blanco, que parece a la distancia un hombrecito que estuviera ba\u00f1\u00e1ndose a la orilla de las aguas inm\u00f3viles.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada ca\u00f1o, nombre que los llaneros dan a grandes r\u00edos, tiene una ceja de monte de cuatro o m\u00e1s leguas de anchura, pero los hay de pocas cuadras tambi\u00e9n. All\u00ed toda clase de maderas \u201ctiene su asiento\u201d. \u00a1Pero qu\u00e9 asiento!.&nbsp; Hasta 17 metros de di\u00e1metro miden los troncos de algunas ceibas y cariocares. Qu\u00e9 \u00e1rboles para tener cepas tan colosales!. Bajo aquellos montes se puede andar a caballo, tan limpios y parejos son; pero en partes la mara\u00f1a es tan intrincada, los guaduales son tan tupidos que solo dan refugio a culebrones enormes, a los lagartos y a las hormigas.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede uno garantizar que nunca han recibido aquellos parajes ni un solo rayo de sol. Los perros les temen, a los cafuches y za\u00ednos no se atreven a penetrarlos aunque se vean acosados por la jaur\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El paisaje es mon\u00f3tono pero tiene a veces la llanura detalles bell\u00edsimos: palmeras de distintas clases se balancean eternamente, ya formando calles de varias cuadras de largo, ya distribuidas sim\u00e9tricamente alrededor de plazoletas enormes, que tienen en su centro un estero, zarco como una pupila, vigilado por parejas de garzas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La Serran\u00eda, que se extiende desde San Mart\u00edn hasta el Orinoco es cosa de 600 leguas, est\u00e1 formada por millones de cerritos cuya altura mayor alcanza a cuarenta metros. Estos cerritos de forma c\u00f3nica y de c\u00faspides planas, est\u00e1n tapizados por gramales de distintos colores, o son de arena gris, roja o negruzca, y est\u00e1n rodeados por otros tan peque\u00f1itos que s\u00f3lo tienen en su plano superior un pocito de agua o un par de palmitas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se ven los conos, aqu\u00ed, all\u00e1, al norte, al oriente, y por sus bases rueda a vecen un arroyo saltador y lleno de espumas; y es frecuente encontrar entre ellos: altas planicies, de varias leguas de largo, redondas como un circo y encerradas por las palmeras, con sus cerritos a los extremos, en forma de torres que hacen pensar en fortalezas y castilletes de civilizaciones extintos. Sus \u00fanicos habitantes son los venados, los pumas y el tigre, las \u00e1guilas, los patos y los garzones.<\/p>\n\n\n\n<p>El ambiente es tan silencioso que hace dar miedo; la Serran\u00eda tiene 180 millas de ancho y el que se aventure a explorarla, se pierde irremediablemente, porque todos los parajes son parecidos, y seg\u00fan la elevaci\u00f3n de cada morrito, por un fen\u00f3meno inexplicable, cambia la perspectiva del horizonte. S\u00e9 de algunas expediciones de bot\u00e1nicos alemanes que se internaron en la Serran\u00eda y que no volvieron a salir jam\u00e1s.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-us.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXd6Y0cDH_UOKKn9mBweMAHVRoT_YFxTAaLTO8SUyAHosWPP4j9bJD84raaY3tdsEn31yPk9nEozh9poVZM6HywbfPkl1-t8EZzctwv0Wrfsx3IUCSH0-mvglRVqIipAuZoP5Rz6vbzn-SYfcaiWJI5-lEN_7WGukCz-lOMGnT3Ku0fPdUDIQRM?key=5-VqqP_ufyqCwqGoS6I15Q\" alt=\"E:\\JE Rivera Casa hacienda quebraditas.JPG\" style=\"width:500px\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Invitado por la familia V\u00e1squez en enero de 1916 Jos\u00e9 Eustasio Rivera S. tuvo por vez primera contacto vivencial con los llanos al pasar vacaciones en la villavicense hacienda Quebraditas, cerca de la desembocadura del r\u00edo Guatiqu\u00eda en el Humea (Foto FAFO: exposici\u00f3n \u201cLa ruta de Rivera en el Llano\u201d, 1988)<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<div style=\"height:25px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La hacienda de Barrancas, a dos jornadas de Villavicencio, de propiedad de los V\u00e1squez, mis compa\u00f1eros de cacer\u00eda y anfitriones muy amables, estaba habitada por Rub\u00e9n V\u00e1squez, Montoyita (q.e.p.d.) una mujer y dos muchachos. La vecindad, lo que los llaneros llaman vecindad, queda a cosa de 15 leguas y es una fundaci\u00f3n menos poblada que Barrancas. Hay vecindades de m\u00e1s de cuarenta leguas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Barrancas tiene m\u00e1s de 7.000 reses en las llanuras aleda\u00f1as, que pastan a uno o dos d\u00edas de distancia. Todo individuo anda a caballo por las sabanas, y a\u00fan por los montes; la vestimenta consiste en un calzoncillo y mal abotonado y una camisita ligera. Algunos en vez de sombrero se amarran la cabeza con un \u00b4pa\u00f1uelo colorado. Para andar por entre los pajonales se forra uno las piernas con bayet\u00f3n y a veces sucede que las enormes culebras salen colgando de \u00e9l, enredadas por los colmillos en las motas de lana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Yo adopt\u00e9 aquella vestimenta y anduve descalzo porque mis botines se me quedaron enredados en un zural desde el d\u00eda siguiente al de mi llegada. Los zurales son enormes acueductos, acequias hond\u00edsimas cubiertas de pajonales que se cruzan en todos sentidos. Esta trabaz\u00f3n de canales se extienden en dos, tres o m\u00e1s leguas, y ay! del que caiga en uno de esos canjilones. Bajo lo pajonales hay aguas podridas donde medran las boas, los g\u00fcios, las macarelas y los sapos, tan grandes como un coj\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Quemado el pajal, queda al descubierto la red de acequias que se pierden de vista a lo largo y a lo ancho. Aunque estaba advertido del peligro, por no dar la vuelta de dos horas a buscar la cabecera del zuro, hice meter la mula para hacerle tiro a unos venados. El animal empez\u00f3 a saltar de acequia en acequia, hasta que se resisti\u00f3 a seguir, pronto hundi\u00f3 la mano en un barrial tan negro, pegajoso y oreado como la brea. Acostado sobre la barranquita logr\u00e9 desensillar y empec\u00e9 a darle l\u00e1tigo para que saliera. En vano. Y nadie a quien pedirle socorro, porque mis compa\u00f1eros estaban muy lejos y la zanja me tapaba la mula.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Comprendiendo que el animal podr\u00eda quebrarse la mano me tir\u00e9 al fondo y qued\u00e9 hundido en el fango hasta las pantorrillas. Forceje\u00e9 m\u00e1s de media hora, presa de gran desesperaci\u00f3n. Al final escap\u00e9 al peligro, pero los botines se quedaron sepultados para siempre. La mula qued\u00f3 manca por algunos d\u00edas, y yo descalzo por todo el tiempo de la permanencia en el Llano.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo despu\u00e9s de haberse retirado de la casa ocho o m\u00e1s leguas, encuentra uno alguna madrina de ganado, que consta de 1.000 o m\u00e1s reses, a condici\u00f3n de que vaya a los dormitorios cuando est\u00e1 amaneciendo. Para esto se pone uno en marcha a las 3 de ma\u00f1ana, despu\u00e9s de tomar un taz\u00f3n de caf\u00e9 negro sin dulce.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Que grata sensaci\u00f3n la que se experimenta en la inmensidad, llena de aires tan frescos y tan perfumados como un seno de virgen, en esa hora en que a\u00fan late en el cielo la claridad de las estrellas cercanas y empieza a iniciarse el crep\u00fasculo matutino, que riega a distancia un vapor rosado, flotante en la llanura como un reflejo lev\u00edsimo de incendios infinitos!<\/p>\n\n\n\n<p>El horizonte se ensangrienta y dura m\u00e1s de una hora&nbsp; despidiendo una semiluz atenuada, sobre la que se ven cabecear las palmeras de lejan\u00eda. El coraz\u00f3n se ensancha con una especie de palpitaci\u00f3n afanosa, y el ojo hipnotizado ve aparecer la curva del sol, que emerge de los pajonales, redondo, colosal y color rojo vivo, y avanza hacia el viajero dando saltos enormes. De repente, despu\u00e9s de tenerlo a cosa de treinta cuadras, se trepa al cielo y empieza su eterna gran pupila a iluminar los mundos reci\u00e9n despiertos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Empero, si es verdad que el ganado es muy andariego, conviene saber si va de cuando en cuando a los corrales a comer la sal, que se deja en grandes terrones sobre las piedras. S\u00f3lo los toros padres, de 60 a 80 arrobas de peso y una bravura incre\u00edble, permanecen esquivos, y cuando llegan a los corrales en altas horas de la noche, e inmediatamente se traban en lucha y derriban las cercas y aran el suelo con sus pezu\u00f1as, de manera que es necesario levantarse y hacer que los perros los pongan en fuga.&nbsp;<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-us.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXeHsRoy6prMIpsjbJ54A51LHStYYOyau9QCEr1bChIS0a9IIryg35K-J87GfQgyS-qtc2qTs-12FnAUpkWKausICuktzwminS-4P4nsN3UlcFWRoAKQLCYMRQ5CcDVdQW_hIV62OUmJ7RKQ98Gy5J0uJ3jOCJgjVrYwBSyYPw_QzfbcVqOi1Dk?key=5-VqqP_ufyqCwqGoS6I15Q\" alt=\"E:\\Riou ganader\u00eda.jpg\" style=\"width:500px\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Episodios de ganader\u00edas bovina y equina en su carta J. E. Rivera S. les cuenta a sus amigos El\u00edas Quijano y Guillermo Arana (Imagen: \u201cUn rodeo en los llanos\u201d grabado del artista franc\u00e9s Riou, a\u00f1o 1879).<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<div style=\"height:25px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La raza de estos toros es de \u201cSeb\u00fa\u201d, y cada ejemplar parece nacido de b\u00fafalo&nbsp; y elefante, tan grandes y fornidos son. Tienen una jiba colosal, hirsuta y movible, cuyos largos cadejos les caen a manera de crines y les prestan un aspecto de fiereza ind\u00f3mita nunca so\u00f1ada. Uno de esos toros mat\u00f3 al hermano mayor de los V\u00e1squez. Se le vino encima por entre un pajonal tupido, y con la cornamenta tan enorme como mis brazos lo engarz\u00f3 por la quijada y lo desmont\u00f3 del caballo., llev\u00e1ndolo en alto por sobre las mara\u00f1as m\u00e1s de una milla.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los toros padres nunca se dejan ver en la manada. Ventean al hombre a distancia, y se ocultan; es peligroso entrar en un pajonal en donde se hayan escondido. Uno puede andar por entre vacada, sin que hagan las reses la mayor muestra de hostilidad. Al contrario, se acercan olfateando. Pero desde que uno se desmonta, es hombre al agua porque todo el ganado se le viene encima, vacas, ternerillos y toretes. El tigre los acecha de tarde en los dormideros. Mata a un toro o un ternerillo, e inmediatamente la vacada se pone en marcha acompasando su trote con bramidos, alta la cola y el ojo avispado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no se derrotan en desorden, sino que se alejan en grandes grupos, rodeadas por los toretes, en busca de la casa, a donde llegan en altas horas bramando y atropell\u00e1ndose hasta entrar al patio, a los corrales, a las enramadas a los corredores, a la cocina, y es ver como aquellos animales aterrorizados se olviden de atacarlo a uno aunque lo vean andar a pie a su alrededor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Inmediatamente que se siente el tropel del ganado que llega, se amarran los perros, y ya al amanecer van dos vaqueros a buscar el sitio en donde el tigre hizo presa. Es muy dif\u00edcil ir al punto porque la vaca cuya cr\u00eda fue muerta, corre delante de los vaqueros dando bramidos y los conduce al lugar tr\u00e1gico en donde rondan mugiendo los grandes toros que se quedaron desafiando el peligro. \u00a1C\u00f3mo record\u00e9 mi soneto aquel en que pinto la lucha del tigre y el toro!. \u00a1C\u00f3mo se estremec\u00edan de j\u00fabilo los llaneros oy\u00e9ndomelo recitar, y c\u00f3mo se hac\u00edan cruces \u201cporque uno pintara lo nunca visto\u201d.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El tigre arrastra la presa hacia los zurales o hacia los montes. Come las asaduras de ella, y se retira a vigilarla, con la cabeza puesta sobre las manos, de manera que puede sentir a grandes distancias el ruido de las pisadas del que se acerca, ya sea el perro, o el toro, o el hombre porque el suelo lo repite los pasos clara y distintivamente. Los vaqueros corren mucho peligro cuando acuden a ver el da\u00f1o, pero se contenta con ver el punto donde la res fue muerta, y all\u00ed ponen los perros, al otro d\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ya leer\u00e1n algo sobre la cacer\u00eda del tigre en el peri\u00f3dico que publiqu\u00e9 tan emocionante lucha. Les env\u00edo \u201cLa Patria Literaria\u201d en donde cuento mi aventura con los za\u00ednos en los montes del r\u00edo Ocoa.<\/p>\n\n\n\n<p>Los r\u00edos del Llano son tan puros como el cristal, lentos y mudos. Las m\u00e1s variadas clases de peces se encuentran en sus remansos, y hay alg\u00fan millar&nbsp; de cada especie en el m\u00e1s insignificante charquito. V\u00ed el corpulento \u201cValent\u00f3n\u201d que llega a pesar hasta 21 arrobas, el \u201camarillo\u201d no menos grande, la cachama. Un bocachico com\u00fan pesa hasta 12 libras y tiene la escama m\u00e1s plateada que los de nuestros r\u00edos del Tolima. El yamuz, el caribe, el coporo, el pip\u00f3n, el sable, el temblador, la cuchara, la zapusra, el ciego, la corunta, el bagres, el bagre sapo, el corroncho, el iris, el caro-caro, se ven pasar por debajo de las aguas y volte\u00e1ndose bajo el sol, sin temer al hombre, ni a las redes ni a nada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Las tortugas de todos los tama\u00f1os se adormilan en lo arenales vecinos, a pocos pasos de los caimanes enormes, negros y hediondos, de papada llena de arrugas que se descuelgan a lo largo de la mand\u00edbula, siempre abierta y voraz, es tan grande el n\u00famero de estos saurios, que a\u00fan en el charco vecino a la casa, a cinco o seis metros de la cocina, sal\u00edan a calentarse sobre la barranca, a pesar de que dispar\u00e1bamos desde el corredor sin errar el tiro.<\/p>\n\n\n\n<p>La pesca es una diversi\u00f3n casi nula, por la facilidad que tiene en los Llanos. Es emocionante ver que el valent\u00f3n o el pintadillo prendan en el guaral, anzuelo tan grande como un gancho de romana, cuyo cable mide m\u00e1s de cincuenta metros y cuya carnada consiste en un atado de fique ensangrentado, o un trapo cualquiera o un bocachico regular, o en una naranja agria, tan grande como las totumas de tierra caliente. Prendido al que levante grandes oleadas y recorre el charco de norte a sur, subiendo los chorros y azotando las playas, mientras el pescado acompa\u00f1ado de cinco o seis hombres le van dando cuerda por los arenales abajo, sin que sea raro que un pez tan crecido les quite el anzuelo o les voltee la canoa los que entran a arponearlo cuando ya est\u00e1 rendido, en la orilla.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pescar con tacos de dinamita, sin desperdiciar el pescado, pues se matan centenares, sin que uno resuelva coger m\u00e1s que una o m\u00e1s cachamas; el pescado de mejor gusto que hay en el Llano, cuyo peso, fluct\u00faa entre una y dos arrobas. Todos los d\u00edas se pesca, cuando no caen en el anzuelo alg\u00fan valent\u00f3n s\u00ed cae se cortan unas cuantas libras de carne de lomo, y lo dem\u00e1s se deja a los caimanes y a las babillas o cachirres.<\/p>\n\n\n\n<p>En las playas vagan los chig\u00fciros en manadas de cincuenta o m\u00e1s. Estos puercos acu\u00e1ticos son tan grandes como los cerdos comunes, y zambullen en los grandes charcos aunque se mantienen de pasto, gramas, hojas y cogollos de pindo, frutas, lombrices. Es curioso ver la manada que avanza por un arenal sin hacer caso del tirador que lo fusila a pocos metros de distancia, aunque sabe que esos animales son de mal gusto y no comen su carne sino los perros.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-us.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXciwCkQ_Wzfk0a6H9jlbtJMuXBmMEye91igAE9z97ROC-PFYwRRbLr3eiOjRtICUFnBT6zp8RCZHSCycfIaNIqBE9ioud5jiN0EdYcJ_85LCLXqHWHcLFKIbjZezWPZaNse6PtJ2vba2pFbKe1G_UgJ8yfkCFmxm7Xk5jclTC7r8JCjKzfB7wQ?key=5-VqqP_ufyqCwqGoS6I15Q\" alt=\"E:\\Riou ganados garrapateros.jpg\" style=\"width:500px\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>A lo mejor algunas experiencias vividas por Jos\u00e9 Eustasio Rivera S. en la hacienda Quebraditas, relatadas en la esc\u00e9nica carta de febrero de 1916, le sirvieron de inspiraci\u00f3n para sonetos de Tierra de Promisi\u00f3n (1921) y para situaciones de La vor\u00e1gine, novela cuya primera edici\u00f3n sali\u00f3 el 25 de noviembre de 1924 (Grabado \u201cLos p\u00e1jaros garrapateros en los llanos\u201d autor\u00eda del franc\u00e9s Riou 1879).&nbsp;&nbsp;<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<div style=\"height:25px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda que and\u00e1bamos de acaballo hicimos embarcar una manada de m\u00e1s de ciento, que ven\u00edan playa abajo. Los perros destriparon algunos, y mientras se quedaban devor\u00e1ndolos, aprovechamos la oportunidad para lanzar la partida a un charco profundo, en donde fue atacado por los caimanes que saltaban azotando la penca sobre las aguas y dando ronquidos medrosos; pero fueron tan poco afortunados, los chig\u00fciros se les fueron todos, pues s\u00f3lo vimos que cogieran a dos al salir a la orilla, y eso porque estaban mordidos por los perros y se hab\u00edan desangrado mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>El 28 de enero, d\u00eda siguiente al de la cacer\u00eda de los za\u00ednos que hice yo solo en un monte por donde vagaba descalzo, mat\u00e9 dos dantas en una vega cercana a la casa, y s\u00f3lo, llevamos una para sacar el cuero y un poco de carne. Ya estaba yo cansado de matar tantos animales a quemarropa, que llevaba a la casa para mostrarlos, pues bien sab\u00eda que se los echaban a los perros, despu\u00e9s de despresarles los cuartos delanteros con cuero y todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo vez que llevara yo siete pavas muertas y dos paujiles enormes, que quedaron en la cocina llen\u00e1ndose de hormigas, hasta por la noche, que las aprovechamos poni\u00e9ndolos de carnadas en los anzuelos. Hay raz\u00f3n para desperdiciar la caza, pues todo lo que se mata, aunque se sala muy bien, se llena de gusanos a las pocas horas y entra en descomposici\u00f3n en menos de un d\u00eda. Sin embargo se come carne frita en aceite que se extrae de los huevos de las tortugas, o en aceite de seje o mil pesos. La comida consiste en pl\u00e1tano fr\u00edo, verde y maduro, yuca cocida, pescado, huevos de tortuga, carne y&nbsp; caf\u00e9 negro y cerrero. El almuerzo y el desayuno en nada se diferencian de la comida.<\/p>\n\n\n\n<p>El 29 de enero convenimos en ir a cazar una tigra parida que hac\u00eda da\u00f1os en el ganado a m\u00e1s de seis horas de la casa, y por motivo de haberse herido un perro de los mejores, la aplazamos para el lunes siguiente. A ese perro lo hiri\u00f3 un hojarasqu\u00edn del monte, especie de oso hormiguero enorme, de los mismos que exhibieron en Bogot\u00e1. Alcanzado por el perro que se puso en guardia y le abri\u00f3 una oreja de un ara\u00f1azo, pero eso no lo libr\u00f3 que otro perro le arrancara el guarg\u00fcero de un mordisco y lo arrastrara varios metros mientras la jaur\u00eda toda lo destripada. El hojarasqu\u00edn de monte abunda en los Llanos y se conoce con el nombre de oso pajizo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese mismo d\u00eda me dieron el gusto en quemar una sabana y le prendimos fuego como a las 11 a.m. Qu\u00e9 cosa tan colosal, tan imponente y medrosa. El fuego en un llano de esos evoca el incendio de Roma, el de Numancia y todos los incendios m\u00e1s c\u00e9lebres de la tierra. Ya leer\u00e1n la descripci\u00f3n que publicar\u00e9 pronto. El fuego lo inunda todo y dura dos o tres meses quemando las sabanas int\u00e9rminas, hasta que llega a la orilla de un r\u00edo que lo detiene. Ha sucedido que las quemas de los Llanos de Achagua, en Venezuela, han pasado a nuestro territorio y se han mantenido en su intensidad desde noviembre hasta abril, que es el tiempo de las lluvias, despu\u00e9s de haber recorrido m\u00e1s de 800 leguas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A las 10 de la noche sentimos una tormenta extra\u00f1a y un resplandor rojizo entraba hasta nuestras hamacas. Lev\u00e1ntense que la candela se acerca, fue el grito del mayordomo desde el corredor, ve\u00edamos un reflejo de sangre sobre el horizonte , y en menos de media hora pas\u00f3 el fuego por frente de los corrales, prendiendo cuanto abarcaba la vista y con una rapidez tan vertiginosa que, aunque est\u00e1bamos listos para no dejar prender las ramadas, el calor y el humo solos nos sacaron corriendo. A poco momento la candela hu\u00eda hacia el Humea describiendo una l\u00ednea de llamas que se perd\u00eda en la sombra tr\u00e1gica de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Las llamaradas tienen m\u00e1s de cincuenta metros de largo, media cuadra, media cuadra poco m\u00e1s o menos, y desprendidas del incendio vuelas solas, adelant\u00e1ndose grandes trechos a incendiar las palmeras y los pajonales a la redonda. Pasaron por frente de la casa sin causar da\u00f1o ninguno, gracias a que soplaban vientos contrarios.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Montoyita, el mayordomo, que tanto me quer\u00eda, me dijo: acost\u00e9monos, doctor, que ya la candela no har\u00e1 m\u00e1s que calentar a los muertos que est\u00e1n enterrados junto a la corraleja. Y se puso a mostrarme los sitios donde a\u00f1os atr\u00e1s abrieron sepulturas, y dijo. Dios y Mar\u00eda me libren de quedar enterrao pues aqu\u00ed no hay quien le rece a uno ni un padrenuestro. Mi pobrecito nunca imaginaba que al otro d\u00eda nos tocar\u00eda enterrarlo en el mismo punto.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque al otro d\u00eda, a las seis de la ma\u00f1ana se nos ahog\u00f3 Montoya, en un charco vecino a la casa. Despu\u00e9s de tirar el taco de dinamita a las cachamas en su remanso, mientras que los dos muchachos que lo acompa\u00f1aban cog\u00edan las que iban saliendo a flote, cay\u00f3 el pobre Montoya al agua, y, probablemente paralizado por el temblador, que es un pez el\u00e9ctrico que inmoviliza cuanto toca, se hundi\u00f3 en el charco cristalino y silente, y sin dar un grito, -corrieron los muchachos a ver qu\u00e9 le hab\u00eda sucedido, y s\u00f3lo vieron los cabellos del ahogado que se mov\u00edan bajos las corrientes, mientras el cad\u00e1ver se encallaba en los guaduales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De all\u00ed lo saqu\u00e9 yo, cuatro horas despu\u00e9s cuando los pescadores corrieron a buscarme a las sabanas para darnos la triste noticia. Si yo hubiera estado presente, nunca se hubiera ahogado el pobre Montoya. Ni me hubiera tocado extraerlo del fondo y llevarlo en peso a la casa para tenderlo en la salita, sobre un banco de carpinter\u00eda, a cuya cabecera prendimos una l\u00e1mpara de petr\u00f3leo, mientras los dos muchachos cavaban la sepultura llorando, fuera de los corrales, en el mismo sitio en el que la noche anterior se hab\u00eda estremecido ante la idea de quedar enterrado, sin que nadie le rezara ni un padrenuestro. Pero yo s\u00ed rec\u00e9 por el pobre muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>Al otro d\u00eda emprend\u00ed marcha a Villavicencio, y solo, cargado de penas mientras triste, con miedo de perderme en unas inmensidades, sin poder olvidarme del ahogado, a quien recordaba ya cuando me llevaba en caf\u00e9 cerrero a la hamaca, ya cuando se echaba a corretear los venados que yo rend\u00eda; y lo ve\u00eda tambi\u00e9n tendido sobre el banco tosco, con los ojos abiertos por el espanto de la muerte, el bigote desarreglado y la boca contra\u00edda en una mueca de desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-us.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXdwkWyOx4v2U-vYTVfheojiN7qdeHWYVQQtFzU7rZrDDEmnaMd2cnqKB4AkABMVG903DBu87u8D78W3QM1HVPHv2_I72_sKC7P6nzdKpLlWAfIVzRKGtPwDraxUFxKH_klWJ_bJlyVEam2FvdEKjwoBw1ilVKsXeru4Rul_PAv8bRSYHf5MpBA?key=5-VqqP_ufyqCwqGoS6I15Q\" alt=\"\" style=\"width:500px\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Conformaci\u00f3n urban\u00edstica de Villavicencio en 1916 cuando Jos\u00e9 Eustasio Rivera S. vino por primera vez a los llanos. Dos a\u00f1os despu\u00e9s regres\u00f3 de paso para Orocu\u00e9, Casanare, a ejercer su profesi\u00f3n de Abogado.<\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n<div style=\"height:25px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda cre\u00eda sentir en mi epidermis el roce de la carne del muerto cuando rebullido bajo las aguas trasl\u00facidas lo agarr\u00e9 del pelo y de la cintura, y despu\u00e9s cuando sobre el arenal lo comprim\u00eda con mis rodillas para hacerlo arrojar el agua, en la esperanza de que a\u00fan pudiera hacerlo vivir.&nbsp; Y sobre todo me persegu\u00eda el recuerdo de que ya al descenderlo al hoyo, cay\u00f3 de medio lado, por lo que baj\u00e9 a enderezarlo y a taparle la cara con mi pa\u00f1uelo para que no se le llenara de tierra, y me alej\u00e9 con los ojos llorosos para no verlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ya los tendr\u00e9 cansados de esta carta, suspendo la relaci\u00f3n de mis aventuras\u2026, acu\u00e9rdense de este amigo que los abraza, no sin pedirles excusas por lo mal zurcido de estas l\u00edneas, que han sido estampadas al correr de la m\u00e1quina, sin orden, ni cuidado ni pulimento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Atentamente<\/p>\n\n\n\n<p>TACHO\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Adenda:<\/h4>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>En el a\u00f1o 1987 la Revista Pre-textos de la ciudad de Neiva al insigne literato Jos\u00e9 Eustasio Rivera Salas le dedic\u00f3 su edici\u00f3n No. 100. Entre los documentos contenidos en las p\u00e1ginas 14-15 y 16 est\u00e1 la anterior extensa carta in\u00e9dita (*) transcrita para esta publicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Al a\u00f1o siguiente se celebr\u00f3 el centenario del nacimiento del autor de <em>La vor\u00e1gine<\/em> motivo por el cual en Villavicencio la Fundaci\u00f3n Archivo Fotogr\u00e1fico de la Orinoquia -FAFO- con el apoyo del Banco de la Rep\u00fablica realiz\u00f3 la exposici\u00f3n fotogr\u00e1fica <em>La ruta de Rivera en el Llano<\/em> producto de juiciosa investigaci\u00f3n documental y en territorios.<\/p>\n\n\n\n<p>La carta in\u00e9dita publicada por la Revista Pretexto fue insumo importante en la reconstrucci\u00f3n de los recorridos que por sectores de Meta y Casanare realiz\u00f3 Jos\u00e9 Eustasio, o \u201cTacho\u201d como le dec\u00edan familiares y amigos,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\"><div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-us.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXe6uwOCN_-j3qVNb1dlBCyBm5V3ksa5RsL-lWC_iE33nhkDsj_mKN0jcMEbMLU9aW7Q-0ENz2ecLBH2Kc58a08Fi5yTf5kiuby1jkm5Mrwq2HqNLp1p1Tiuf8-N04PwjLrIUg69DEAoX3TUqUnwF8KCKI4uD4w8KYTF88SYHcLSbGpt28qLnsU?key=5-VqqP_ufyqCwqGoS6I15Q\" alt=\"E:\\JE Rivera carta Pretexto.jpg\" style=\"width:auto;height:500px\"\/><\/figure><\/div><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-vertically-aligned-center is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\"><div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter\"><img decoding=\"async\" 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